jueves, 15 de junio de 2017

DE LA DEMOCRACIA DELEGADA DISTRIBUTIVA A LAS DEMOCRACIAS PARTICIPATIVAS CONVERSACIONALES (2/3)

LAS ELECCIONES PRODUCEN UN OBJETO QUE COBRA EXISTENCIA AL SER MEDIDO

La estrategia empleada por los "guerristas" tuvo un efecto perverso (un efecto no deseado), pero tampoco las demás estrategias aplicadas en el ámbito electoral garantizan que se consiga lo que se pretende. No son una garantía porque la participación en las elecciones produce un objeto complejo que escapa del control de la inmensa mayoría de los que lo producen. Sólo quien lo controla disfruta de los efectos de la estrategia empleada. Por ejemplo, en el primer caso, en la estrategia del compromiso, quien opta por el centro y controla el objeto electoral, miel sobre hojuelas, pues quien dice que está con unos y con otros no está ni con unos ni con otros, utiliza a unos y a otros para su provecho personal. No experimentarán, sin embargo, la misma satisfacción quienes no puedan controlar el producto del que forman parte.
Se dice que las consultas electorales sirven para medir las opciones que se presentan, pero lo que no se dice es que al medir es como se constituye lo que se pretendía medir, esto es, al medir es como se constituye, materialmente hablando, el objeto-opción electoral. Las opciones, electoralmente hablando, comienzan a existir en el momento en que son medidas. Las consultas electorales crean realidades al tiempo que las miden. Los partidos que concurren a las elecciones comienza a existir, electoralmente hablando, cuando tras el recuento electoral se da a conocer el tamaño respectivo de cada uno de ellos. Electoralmente hablando, se pude decir que un partido es lo que mide, sin que se pueda medir lo que ES, dado que antes de ser medido carece de existencia. Comienza ha existir en el mismo momento en que es medido. Pero, dado que cada cual infiere su propio significado al significante propuesto, el objeto-opción electoral no pertenece a quienes lo constituyen sino a quienes tienen potestad de administrar el objeto surgido de la medición de la opción electoral. De esta manera se crea un objeto que escapa del control de quienes han sido utilizados como materia para su construcción. Siendo, por tanto, los intereses de quienes administran el objeto-opción y no de quienes la constituyen lo que prevalece.

Quien se apodera del objeto construido lo utiliza al servicio de sus intereses como más estima conveniente, coincidan o no con los intereses de quienes producen y constituyen el objeto construido. Este modo de proceder se ve de manera más nítida cuando la mayoría absoluta se alcanza en virtud de acuerdos postelectorales. Para que, tras acuerdos postelectorales, se alcance la mayoría absoluta, es preciso convertir en un único conjunto dos o más conjuntos de diferente naturaleza. Para que ello pueda efectuarse, las características singulares de cada conjunto han de disolverse al servicio del nuevo conjunto construido. Si no fuese así sería imposible sumar dos conjuntos entre sí. Tal y como nos enseñaron en la escuela no es posible sumar peras con manzanas. No es posible porque el resultado de la operación serían manziperas o perimanzanas, elementos que no pertenecen a ninguno de los conjuntos. Sólo cuando convertimos las manzanas y las peras en piezas de frutas con las que hacer, por ejemplo, una macedonia podemos realizar la suma. Dependiendo del uso que pretendamos hacer tendremos uno u otro conjunto, esto es, dotaremos de una u otra naturaleza a los conjuntos constituyentes. Del mismo modo se procede cuando se suman los votos de distintos objetos electorales. Cada objeto electoral se convierte en tantas realidades como se estime conveniente para atender la finalidad que en cada momento pueda presentarse. En consecuencia, no es ya que el fin justifique los medios sino que la finalidad crea los propios medios.
De este modo, las unidades de medida, que en tanto sujetos hablantes, configurar estructuras -es como si los centímetros pudieran hablar entre sí y pudieran posicionarse como afines, contrarios, diferentes o ajenos entre sí- quedan medidas -quedan estructuradas entre sí- de acuerdo con el interés de quien tiene poder para ejercer de kantiano sujeto transcendente. Es decir, queda estructurado el cuerpo de electores como más convenga a sus intereses y no necesariamente como grupalmente tiene lugar. Quien administra los votos agrupados procedentes de distintas opciones, al no tener en cuenta (por desconocimiento o por intención deliberada) ni las motivaciones que han llevado a cada persona a decantarse por una u otra opción ni las estructuras grupales que se articulan o pudieran articularse en torno a las necesidades y demandas sociales, opera con las personas considerándolas en su dimensión de unidades de medida, esto es, sin preguntar si están a favor o en contra de quedar agrupados en la opción resultante de los acuerdos postelectorales. Algo que, en tanto que unidades de medida, resulta comprensible, pues nadie pregunta a los centímetros cada vez que se procede a agregar dos o más mediciones efectuadas con anterioridad, pero que sí resulta censurable en tanto que seres humanos que eligen entre varias opciones, ya que puede ocurrir (de hecho ocurre, véanse los acuerdos postelectorales en distintas consultas electorales) que se pervierta la voluntad de quienes votaron a una opción determinada.
Sirva para la reflexión las siguientes preguntas: ¿todos los que en las últimas elecciones autonómicas (mayo de 2003) han votado en la Comunidad de Madrid a Izquierda Unidad están de acuerdo en que sus votos se junten con los obtenidos por el PSOE? ¿También quienes hace unos años no estaban de acuerdo en establecer pacto alguno con este partido, ya que lo identificaban con la corrupción y los crímenes de Estado?



DE LA ELECCIÓN DE RESPUESTAS A LA FORMULACIÓN DE PREGUNTAS Y RESPUESTAS

¿Dado que las grupalidades no se corresponden con las agrupaciones, se debería, entonces, habilitar dispositivos para que fuesen los grupos y no los individuos quienes participasen en las consultas electorales?
Siendo coherente con lo expuesto hasta ahora, habría que contestar afirmativamente.
El problema surge en el momento de convocar a los grupos, pues previamente habría que identificarlos.
Cada vez que hay elecciones cada persona mayor de edad recibe una notificación en donde se le anuncia dónde puede votar, pero a qué dirección se ha de dirigir la notificación para que los grupos acudan a depositar su voto en su correspondiente urna electoral. Distintas organizaciones se sentirán legitimadas para que la notificación se dirija a su domicilio postal. Los sindicatos considerarán que en su domicilio postal es donde se ha recibir la notificación para que acuda a las urnas el grupos constituido por los trabajadores; las organizaciones feministas dirán que a su domicilio ha de llegar la notificación del grupo que integra a las mujeres; las organizaciones juveniles, ídem de ídem; las organizaciones de pensionistas, ídem de ídem; las de inmigrantes, ídem de ídem. Y aquí no acabaría, habría quien reclamaría que se le enviara la notificación correspondiente en tanto organización que aglutina al grupo de vecinos del barrio, o de consumidores o de defensa del medio ambiente de la localidad, o de ....
Obviamente, optar por esta vía presenta algunas objeciones. Entre otras, y sin exhaustivos, cabrían las siguientes:
a) No todas las personas pertenece a alguna organización.
b) No todas las personas pertenecen a una sola organización.
c) Hay miembros de grupos que rechazan ser representados por las organizaciones que dicen ser sus representantes (léase, sindicatos, organizaciones feministas, de vecinos, etc.).
d) Diferentes organizaciones se atribuyen la representación de un supuesto mismo grupo.
e) Una persona no es la misma en todo tiempo y lugar -recuérdese a Heráclito cuando decía que no nos bañaremos dos veces en el agua del mismo río-, por lo tanto, los grupos no son inmutables, dependiendo de lo que esté en juego se articularán unas u otras relaciones grupales.
En definitiva, no pertenecemos tanto a grupos como a distintas redes sociales. Es en las redes sociales en donde cada persona fragua sus necesidades y prioriza sus intereses. Redes en las que quedan incluidas las propias organizaciones y grupos sociales, estén o no formalmente constituidos.

Parece que la cosa se complica. Lo que ganamos en claridad conceptual parece que lo vamos a perder en operatividad, pues si difícil era convocar a los grupos, más difícil, en principio, resultará convocar a las redes.
Si consideramos la redes como entidades dotadas de naturaleza propia, resultará no difícil sino prácticamente imposible operar con ellas, pero si tenemos en cuenta que las redes no son canales fijos donde, cual góndola, circulan los seres humanos y sus mensajes, sino que las redes la conforman seres humanos que quedan conformados (identificados) en la redes que se modifican según lo que esté en juego, no resulta tan imposible contactar con ellas. Si bien, no se puede pasar por alto la complejidad del asunto: para dar cuenta de las redes tenemos que convocar a los seres humanos que la integran, pero para saber quienes integran unas u otras redes hemos de conocer la composición de las redes sociales. Afrontar una realidad compleja requiere una estrategia compleja. Abordar este bucle requiere aplicar otro de un nivel superior. Superar el bucle del conocer que nos remite al conocer requiere construir lo que queremos conocer. Planteamiento que nos exige no tanto conocer redes como propiciar la puesta en escena de todas las redes posibles [no todas las posibles redes1] con las que aprender a aprender las necesidades sociales. De este modo, la articulación de las redes concretas de la localidad concreta nos da cuenta tanto de las necesidades concretas como de las propuestas concretas con las que atenderlas, pues, el que se diga que se ha de propiciar la puesta en escena de las redes posibles, no significa que las redes estuviesen esperando en el camerino de la vida para representar su papel en el teatro del mundo, sino que adquieren su existencia en el devenir conversacional.
Este modo de proceder supone un salto cualitativo respecto a la democracia delegada. Este modo de proceder auna lo individual y lo grupal porque se participa como miembro de una red que construye redes, o dicho de otro modo, se participa individualmente para defender intereses grupales. Haciendo que prevalezca quienes se representan la realidad sobre los representantes, subordinando la elección a la distinción (a la capacidad de decidir), esto es, subordinando la posibilidad de contestar a la capacidad para generar preguntas y formular propuestas. La democracia, así entendida, no se limita en permitir, cada cierto tiempo, la elección de quienes se presentan a las elecciones de turno, sino que propicia la enunciación de problemas sociales y el modo de resolverlos. Como dice el Equipo del Reparto, en relación a los presupuesto participativos llevados a cabo en Cabezas de San Juan (Sevilla), el trabajo desarrollado "era una excusa para propiciar un proceso de transformación social [...] El Reparto, por si no había quedado claro todavía, va de eso: reparto no de dinero, sino de poder, de poder hacer" (EQUIPO el REPARTO, 2002: 197 y 230).
¿Por qué se dice que prevalece quienes se representan sobre los representantes?.
En otro momento se ha dicho que en la democracia delegada cada elector infiere su particular (e intransferible) sentido a un mismo supuesto significante, construyéndose un objeto-opción-electoral que escapa del control de quienes lo constituyen, siendo los representantes quienes se apoderan del mismo, dotándole del significado que en cada momento más le convenga. En la democracia participativa conversacional también cada persona se representa la realidad de manera particular e intransferible, pero en vez de adherirse a un significante cada uno tiene la oportunidad de conocer cómo cada cual se representa la realidad, siendo en la negociación-conversación como se construye un objeto-opción-propuesta perteneciente a todos y cada uno de los que conforman el todo grupal. Por tanto, los sujetos que se representan la realidad no son sólo quienes construyen el objeto-propuesta sino también quienes se apropian del mismo.
Al descansar el modo de proceder en la conversación, tiene lugar, como en toda conversación que se precie, no únicamente la formulación de repuestas sino también la elaboración de preguntas. Pues, como se sabe, quien construye las preguntas define el marco de las posibles respuestas. Al definir un problema no sólo se enuncian las preguntas sino también las posibles respuestas. Dependiendo, por ejemplo, de cómo se defina la inmigración se habilitarán sus correspondientes repuestas. Recuérdese la frase que Aznar pronunció cuando las autoridades españolas fueron acusadas de haber atado, amordazado y drogado a un grupo de inmigrantes que fueron expulsados de nuestro país: "Teníamos un problema y lo hemos solucionado". Quien define el problema define el marco de las posibles respuestas.
Teniendo en cuenta lo dicho, se ha de afirmar que el simple recurso de la telemática no cambia sustancialmente la participación distributiva propia de la democracia delegada. La telemática puede ser utilizada para desarrollar procesos participativos, pero ha de tenerse en cuenta, por una parte, que el número de usuarios de los recursos informáticos es, hoy por hoy, bastante reducido; y, por otra, que no es suficiente con disponer del soporte comunicacional si lo que se comunica no difiere sustancialmente de aquello que los medios de comunicación -controlados por el capital transnacional- determinan que ha de ser considerado como relevante. La incorporación y distribución de información no es equivalente a la comprensión crítica y a la comprensión activa en el entorno que nos rodea. O dicho de otro modo, no es suficiente con dar la palabra si este derecho no va acompañado de un proceso que favorezca la formulación de otras preguntas por parte de quienes siempre han sido utilizados para que respondan a las preguntas elaboradas por los de siempre. Ello no quiere decir que haya que estar en contra del uso de la informática, muy al contrario [véase el uso que de Intenet hace el subcomandante Marcos], siempre que no se olvide que el uso de la tecnología ha de encontrarse supeditado al modelo de participación por el que se apueste.
En línea con esta apreciación, se ha de decir que la democracia participativa tampoco puede reducirse a la creación de órganos administrativos más o menos puntuales de participación directa. Sin descartar estas medidas, las democracias participativas han de ir más allá, como dice Villasante, "el problema no es tener o no una concejalía de participación o reglamentos de participación, sino de concebir y poner en prácticas procesos de democracia participativa, que es algo muy distinto" (VILLASANTE: 1996: 30). O como dice El Equipo el Reparto: "la misión era que los políticos del municipio comprendieran y asumieran que el Reparto no era sólo la creación de un nuevo organigrama más eficaz para la gestión municipal, sino que hablamos de reparto de poder; o sea, tomar decisiones políticas" (EQUIPO el REPARTO, 2002: 204). En consecuencia, no es suficiente con habilitar dispositivos de elección directa, sean estos vía telemática o de manera presencial. Estos dispositivos han de enmarcarse en procesos participativos conversacionales.

En la democracia delegada unos deciden cómo se ha de proceder y otros son quienes disfrutan o padecen las actuaciones que se desprendan de los planes, programas y proyectos que se implementan, y, asimismo, unos conocen y otros son objeto de conocimiento. Unos extraen información (los técnicos) a otros (la población), y otros son quienes planifican, o dan las directrices que han de seguirse en la elaboración de los planes (los políticos).
Para acabar con el divorcio entre quienes son sujeto de y quienes son objeto de conocimiento, así como entre quienes planifican y actúan y quienes disfrutan o padecen las actuaciones emprendidas, para que, en definitiva, la comunidad en su conjunto tenga tanto capacidad para formular los problemas como pueda proponer las soluciones a los mismos, se ha de propiciar que la ciudadanía, de manera participada, produzca conocimiento, formule propuestas, adopte decisiones, planifique, ejecute acciones, gestione y evalúe lo realizado. Para ello, como se viene diciendo, se ha de propiciar la participación conversacional. Pues conversar es negociar, y viceversa: "Lo que yo digo que tú dices que yo digo es o no es lo que yo digo que tú dices que yo digo". Si bien, es difícil que mediante una simple convocatoria pública comience la conversación sin más. Para que la conversación se produzca se ha de iniciar un proceso de investigación/planificación social participada mediante el cual se llegue a formar un conjunto de acción lo más denso posible, esto es, lo más amplio y que con la mayor intensidad posible aune a los afines con los diferentes e incluso con los ajenos en la formulación de problemas y en la forma de planificar el modo de resolverlos.


1 . Las posibles redes son infinitas. Teóricamente se puede sugerir que las amas casas, pongamos por caso, puedan relacionarse con los altos ejecutivos de las empresas transnacionales, pero aunque puede que alguna ama de casa ejerza también de alta ejecutiva, no es lo habitual. Si bien, las mujeres consideradas amas de casa no son sólo amas de casa, de ahí que si establecemos las redes posibles, propiciaremos que emerjan los conjuntos de acción posibles en relación a una determinada problemática social.

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