domingo, 12 de junio de 2016

Esta nueva Transicion

En aquella transición, el asunto de la independencia vasca se coló en los cuarteles y en la opinión publicada y en la pública, y los problemas socio-económicos quedaron en un segundo plano. En esta transición, al ‘populismo de la base socio-económica’ también le están ahogando con los populismos nacionalistas, esta vez desde el catalán y el español, al que le viene muy bien esta polarización entre líderes de derechas –que incluso hace olvidar en parte las corruptelas de sus partidos–. Lo cual nos confirma la importancia de los populismos en toda campaña electoral, sean desde abajo o desde arriba.

La diferencia que es interesante en esta ocasión es que parece que se está abriendo el melón de la reforma constitucional, o al menos se inicia una crisis fuerte del sistema del 78 y el bipartidismo. Esto se lo tenemos que agradecer a los nacionalismos periféricos, ya que los nuevos partidos emergentes no acaban de poner, entre sus propuestas estrella, la cuestión del cambio de régimen como su elemento diferencial. Demasiado apegados a contar sus votos elección a elección y en las guerras fratricidas a las que ya nos tenían tan acostumbrados la ‘izquierda unida’, no hacen sino reproducir aquellos vicios de la primera transición.

La pelea constante

Lo que demostramos en la primera transición es que nos sabíamos mover mejor en los movimientos sociales –“Comisiones Obreras” cuando eran asamblearias y un sindicato no legal, las asociaciones de vecinos, el movimiento estudiantil, etc.– y no tanto en las elecciones generales. El PCE se suicidó él solito y los grupos a su izquierda no hacíamos más que pelearnos. Igual en esta transición que iniciamos con el 15M, los indignados y las mareas, que cobraron un notable éxito de protesta. La indignación y el dolor de la gente ante la crisis-estafa se autoorganizó de varias maneras. Pero dar continuidad y algunos resultados para cambiar las cuestiones de fondo, no hemos sabido hacerlo.
De nuevo en lo electoral, no pasamos de tanteos y peleas sectarias. Y la gente de base lo nota a la legua. Y los medios del sistema del 78 se han reciclado rápidamente para pasar al contraataque. Aún así, unos votan convencidos de seguir a su nuevo partido como continuación de la ilusión de las mareas que vivieron, otros cuantos votan en plan posibilista a la lista menos mala, tratando de olvidar los defectos que se repiten, pero varios millones se quedan en casa ante la falta de ilusión que transmiten quienes repiten los mismos errores de la ‘izquierda desunida’. Pues algunos aún se siguen creyendo que son la vanguardia, y caen en los mismos vicios que denuncian.



Enseñarle a la vanguardia

Menos mal que nos queda la resistencia desde los municipios del cambio. Estará bien que esta nueva transición se pueda construir desde abajo hacia arriba, desde los ­barrios y los pueblos, desde la retaguardia. Enseñándole a la vanguardia que tienen que escuchar más a los movimientos sociales –y no sólo decirlo–, a los círculos y grupos motores de cada localidad, en esas labores que sabemos hacer desde abajo. En los municipios del cambio hay aún mucha confusión, pero también aparecen iniciativas ilusionantes.

Si es que sabemos superar los vicios de la transición primera, aprendiendo de los errores y de la construcción colectiva de ­esta nueva generación, entonces estaremos en condiciones de construir un nuevo proceso instituyente. Pero esta vez más desde abajo, aprendiendo con las comisiones, los grupos motores, los círculos, y todas las formas nuevas de auto-organización popular que han venido surgiendo.


viernes, 27 de mayo de 2016

Declaración colectiva desde las metodologías participativas

(Ver el vídeo al final del texto)

Reunidas unas 400 personas profesionales y activistas que usamos las metodologías participativas en los estados portugués y español, durante los días 22 a 24 de abril de 2016, queremos hacer la siguiente declaración y llamamiento a nuestras sociedades:

En primero lugar constatar que en las últimas décadas ha sido muy notable la amplitud y crecimiento de las experiencias en nuestras ciudades y pueblos, en nuestros trabajos y centros de enseñanza, entre sectores de jóvenes y entre personas mayores. Pero no todo lo que se llama participación puede ser considerado como tal, no se pueden confundir las prácticas de solicitud de opinión para legitimar decisiones tomadas previamente, con la participación plena y la construcción colectiva.

En segundo lugar quisiéramos destacar el afán de transformación social que persiguen estas metodologías participativas, para poder superar bloqueos que la propia sociedad y los poderes establecidos a veces ponen a la creatividad social. En los últimos años, las movilizaciones sociales que han surgido para enfrentarse a las crisis que nos han sido impuestas, han recurrido reiteradamente estas metodologías, mostrando además su sentido socio-político para cambios en profundidad. Con la práctica desde estas movilizaciones y con nuevas experiencias en barrios, cooperativas y otros movimientos sociales, se ha llegado a innovar ampliamente, contribuyendo a una democratización desde la vida cotidiana, que se extiende de forma más general a poderes y saberes compartidos.

En tercer lugar las metodologías participativas han avanzado en su parte científica de conocimiento y construcción colectiva. En este mismo Foro hay una muestra de las renovadas aportaciones que se han presentado, tanto desde las demostraciones empíricas como desde lógicas complejas y rigurosas que conllevan el debate y la construcción colectiva. Constatamos que se diluye la separación entre conocimiento científico y construcción comunitaria del saber, que hay una poderosa creación de inteligencia colectiva por parte de los movimientos sociales.

Pero aún quedan bastantes retos para hacer avanzar estos conocimientos y estas formas de transformación social. En este Foro hemos constatado que el camino se hace al andar y que solo estamos en las primeras décadas en que se sistematizan estas metodologías en sus diferentes versiones. Desde el Congreso de Cartagena de Indias de 1977 hasta el de 1997, ya se avanzó notablemente, pero este Foro pretende presentar esta Declaración y los siguientes Retos al Simposio Internacional de 2017

1 – Llegar a ser una ciudadanía crítica y activa que base su acción en la sostenibilidad, en el territorio y que desarrolle una participación inclusiva, plural e igualitaria.

2 – Construir un sistema de gobierno participativo, que no sólo permita sino que potencie procesos participativos reales.

3 – Tomar conciencia e integrar la transversalidad del arte en los procesos participativos.

4 – Replantear los procesos participativos para que sean inclusivos y lleguen a la diversidad de la población.

5 – Fortalecer la red de vínculos y espacios de encuentro.

6- Conseguir que la educación sea un proceso sociopolítico y crítico desde la participación.

7- Las TIC´s serán una herramienta cotidiana y transversal para la participación con carácter de mutua complementariedad.  




viernes, 20 de mayo de 2016

Los Municipios del cambio

Con los ‘municipios del cambio’ llevamos ya meses de gestión y de debates, pero se notan poco sus resultados en la vida cotidiana de la gente. En parte porque los ataques desde los medios tradicionales están siendo muy duros, y en parte porque los nuevos concejales aún están aprendiendo cómo funciona una administración. El día a día de la gestión de una administración casi no permite a los nuevos concejales sacar adelante el programa que creían más fácil de poner en marcha, o dedicar su tiempo a construir con la ciudadanía los apoyos que necesitan para ponerlo en marcha. Pode­mos debatir cómo desbordar los diferentes atascos que se producen.

El primer lugar es necesario construir un circuito de cogestión administrativa. Ante el desconocimiento sobre cómo funciona la administración local, la tentación inicial es pretender saber más que los funcionarios, haciéndose expertos en la legislación, etc. y para eso acudir a cursillos y talleres de sus partidos respectivos, y luego ir conociendo la forma de cocinar la política con los trucos habituales de gestión administrativa. Esto está bien, pues hay que manejar nuevos lenguajes y saber manejar presupuestos, normativas, etc. En la primera Transición del 79 en los municipios ya nos pasó esto y el resultado para muchos municipios fue encerrarse en sí mismos, creando expertos en la gestión municipal, profesionales de la política.

Mucho más interesante parece poder construir –con aquella parte de los funcionarios y técnicos locales más democráticos e innovadores– algún circuito o espacio para la gestión local que encuentre soluciones más avanzadas y desbordantes que las prácticas tradicionales. La democracia interna en una administración se puede construir desde el principio, y es una ayuda inestimable. De­pende de cada municipio, sobre todo después de tantos años de gestiones reaccionarias, pero siempre hay con quien contar, y está la posibilidad de recurrir a asesorías externas. Pero la democracia se puede empezar por dentro de la propia administración.

El segundo atasco se puede desbordar desde un circuito de seguimiento y control. Los aspirantes a políticos cuasi profesionales tienen también la tentación de aplicar sus propias ideas, pues se sienten respaldados por los votos y un programa que se ha elaborado en el partido correspondiente. Las elecciones representativas tienen la virtud de hacer crecer esta deriva elitista, tanto entre los electos como entre parte de la ciudadanía. El protagonismo de los electos se sube a la cabeza con facilidad, el rendir cuentas ante la gente es de las cosas que primero se olvidan. En­cerrados en el día a día de una gestión, no suelen pedir ayudas a colectivos o expertos que puedan abrir las perspectivas, pues creen que su protagonismo no se ha de poner en duda, y sienten que han sido elegidos para dirigir. Pero mejor sería aprender de las experiencias de otros municipios que ya han hecho políticas alternativas, de colectivos que tienen experiencia, de los movimientos sociales, etc.

Los gestores del cambio ¿han de estar al servicio de la gente que tiene luchas y con experiencia, o han de querer ser los protagonistas como vanguardias ellos mismos? Las campañas electorales tan personalistas no ayudan, pero el cambio se supone que consiste en abrir nuevas formas de hacer política, hacia una mayor participación de la colectividad. Los ‘observatorios’ de la sociedad civil y movimientos sociales son, por ejemplo, elementos que pueden hacer las funciones de promover iniciativas y políticas con un consenso amplio, y también hacer un seguimiento sobre la aplicación concreta de cada política.

El tercer atasco se puede desbordar con un circuito de planificación participativa. Está de moda hablar de la participación ciudadana, pero otra cosa es tratar de ponerla en práctica. Y permitir que las prioridades de la gente desde las bases, de abajo a arriba, sean las que marquen las políticas y los planes. Hay un cierto elitismo que muestra desconfianzas y miedos hacia la gente, “a ver que van a decir”… Quizás porque hay experiencias de una asamblea que fue un lío, o por disputas entre personalismos, y porque no se conocen los procesos con las nuevas metodologías superadoras de estos problemas. Y así los electos suelen estar más preocupados por la ‘opinión ­publicada’ por los medios –que les marcan la agenda– antes que por la crítica y las iniciativas de los movimientos sociales. Entonces sólo nos queda construir sistemas o circuitos de participación desde abajo, que sean muy activos y creativos para propiciar los cambios.

La planificación participativa es algo más que los reglamentos de participación, que hasta ahora han dado muy escasos resultados. Hay sistemas muy probados y con muchos años de experiencia para tomar decisiones y construir prioridades desde colectivos de base: presupuestos participativos, planes integrales o co­munitarios de barrios, consultas, iniciativas legislativas, etc. En paralelo al sistema de concejales, plenos y Administración, cabe establecer otro circuito de asociaciones, grupos motores, talleres, asambleas y sistemas de ponderación para la construcción colaborativa de planificación –en internet y cara a cara–, de forma que se pueda ver una estructura permanente de canales participativos donde la gente de base pueda encontrar con facilidad el camino para sus iniciativas. Todas las personas que tengan una iniciativa o que quieran discutir las existentes han de saber dónde pueden ir a plantear su propuesta, y comprobar que será tenida en cuenta por una auto-reglamentación ciudadana, como ya existe en muchos municipios del mundo.

El último atasco se superaría con un circuito de legitimación política. Los cargos municipales pueden estar tentados de usar una seudo-participación como forma de legitimación de las decisiones que ya han tomado, proponiendo consultas con preguntas muy cerradas. Si no se ha construido previamente un sistema de participación creíble para los movimientos y para la gente de abajo, muchas de estas consultas resultan un fracaso. Habrá poca gente que participe en ellas. Los electos ya tienen el circuito de legitimación legal con sus votos para la toma de decisiones, y podrían establecer comparaciones odiosas.

La participación social no es sola­mente cosa de números –cuánta ­gente ha participado–, sino de la construcción colaborativa de las propuestas y acciones desde la diversidad de posiciones iniciales. Es una legitimidad social basada en la calidad de los consensos por encima de las diferencias iniciales.

Las apuestas de cambio ya tienen una legitimidad legal por número de votos, pero le vendrá bien tener también una legitimación sociopolítica por pasar a tomar decisiones colectivas, con sectores de base y con expertos, que propongan políticas transformadoras y que superen los conflictos. Aún estamos a tiempo para no cometer los mismos errores que en la primera Transición.


martes, 3 de mayo de 2016

Porto Alegre en comparación con sus retos 3/3

del libro original en portugués
“Por uma Nova Esfera Pública – a experiência do orçamento participativo” compiladoresNilton Bueno Fisher, Jaqueline Moll
Edit. Vozes, 2000, Petrópolis

Tomás Villasante

Universidad Complutense de Madrid

Comparando con otras experiencias locales
Entre los estilos innovadores está, desde luego, la no contribución a los liderazgos populistas aunque estos sean de izquierda. Se está acabando el tercer ciclo legislativo en Porto Alegre con el Presupuesto Participativo, y llama la atención que el proceso social y el político han seguido creciendo. Por ejemplo algunos municipios han basado sus éxitos en figuras populares de alcaldes singulares (de izquierda o de derecha), que han sabido movilizar a la población, hacer obras, salir reelegidos por su popularidad, etc. No es este el caso, ya que en cada mandato ha sido un nuevo Alcalde el presentado a las elecciones y elegido, reforzando así el estilo rotatorio y la cohesión entre los distintos grupos que apoyan la opción política. Olivio Dutra, el primer Alcalde acaba de ganar las elecciones para Gobernador del Estado de Río Grande do Sul, y ya se ha propuesto hacer también el Presupuesto Participativo a escala de este Estado, lo que pasa a ser una novedad para Brasil. Tarso Genro, segundo Alcalde, es una de las figuras intelectuales más destacadas del PT, junto a Lula, con una buena proyección en todo Brasil e internacional. Es decir, que es un proceso que promociona y amplía su capacidad política. Más que aferrarse a repetir resultados, con líderes perpetuos, se plantean una espiral de formación y lanzamiento de los dirigentes que han participado en este proceso.

Lo mismo ocurre en la promoción de los Delegados del propio Presupuesto Participativo, donde hay una forma de auto-educación por la práctica de un año entero en que han de estar en las asambleas del barrio o del sector tanto como en los estudios de los presupuestos municipales. Es una forma de que la población vaya promocionando a distintos líderes, ya que tienen mandatos por lo que pueden ser revocados, y que no pueden renovar más que por tiempos limitados. Es decir, que con estos estilos de promoción de los dirigentes sociales y de los dirigentes políticos, estamos en auténticas “escuelas de democracia”. Escuelas que son muy convenientes para que la democracia no se quede estancada, pero que no pueden quedarse en talleres o cursos teóricos, sino en ejemplos prácticos de cómo se pueden conjuntar las tareas de los políticos, de los técnicos y de los ciudadanos. Esta es una lección inestimable que va más allá de las fórmulas habituales.


Hace unos años se hablaba de los modelos de gestión de Bolonia, de Barcelona, de Montevideo, de Rosario, de Curitiba, etc., como ejemplos del buen hacer municipal. Se invitaba a sus gestores a explicar cómo habían transformado sus ciudades, con una buena integración entre los equipos técnicos y políticos. La continuidad de los técnicos y de los políticos es una de las cualidades a destacar de estas ciudades ejemplares. Y por eso siguen siendo ciudades de referencia desde estos puntos de vista. La diferencia está en que estas ciudades han seguido un modelo de “emprendimientos competitivos” (como los califica Suzana Moura, 1997) frente a un “activismo democrático” que sería más el modelo de Porto Alegre. Esta investigadora hizo un trabajo muy interesante de comparación entre Barcelona y P. Alegre, con un amplio trabajo de campo en ambas ciudades. Un modelo de eficaz gestión empresarial estratégica se ha llevado en estas ciudades, pues se nota en comparación con otras. La innovación de Porto Alegre es lo participativo e instituyente, desde la propia sociedad articulada, de manera permanente y subiendo en participación, y no tan sólo como una coyuntura episódica, o detrás de un líder señalado.

Ahora estamos viajando desde muchas de estas ciudades a ver cómo lo hacen en Río Grande do Sul y su capital. En Europa no se acaba de creer en las potencialidades de estos ejemplos latinoamericanos, por desconocimiento. Aquí hay muchas más posibilidades de editar y bastantes menos prácticas, mientras en Latinoamérica hay más prácticas alternativas que tiempos y medios de publicación. Pero también entre los propios latinos hay rivalidades entre países y ciudades, que a veces les llevan a preferir seguir un modelo de Europa o USA que los que tienen más a mano. Por eso estos textos son unos documentos importantes no solo por su contenido, sino también por el testimonio que supone de colaboración internacional, sobre la base de aceptar y difundir el ejemplo de lo que se está haciendo en Porto Alegre, y de ahora en adelante también en Río Grande do Sul.

Se han venido sucediendo una serie de reconocimientos internacionales al ejemplo de Porto Alegre. En Estambul, con motivo del Foro mundial Hábitat II, fue uno de los ejemplos de buenas prácticas más señalado a escala internacional. El hecho de que en Brasil la prensa reconozca esta ciudad como la de mejores indicadores de calidad de vida, o que el Banco Mundial no dude en dar créditos porque cada vez recauda y sanea mejor sus finanzas municipales, son hechos que se han ido acumulando en los últimos años. La clave no está en que estos resultados y reconocimientos se produzcan, sino en cómo estos procesos fueron construidos socialmente. Ese “estilo” del que hablamos tiene mucho que ver con la consolidación de una “esfera pública no estatal” en paralelo con los procesos de la democracia del voto o representativa, y el papel de los técnicos que adoptan posicionarnientos comprometidos. Este asunto de los expertos y técnicos es muy importante, porque al estar en medio de los procesos, de los políticos y de los ciudadanos, cualquier tipo de estilo que adopten va a tener efectos multiplicadores en la confianza y/o desconfianza de los sectores implicados.
Hay más experiencias que vamos a referir en seguida, pero todas ellas se han basado en unas articulaciones autónomas de los propios ciudadanos y/o de los movimientos sociales. No tanto para competir en los mismos términos de legitimidad del poder establecido, ni tampoco como apéndices complementarios, sino para ser reales motores estratégicos del cambio desde la sociedad, y con las formas propias de que se quiera dotar ésta en cada circunstancia. En general podemos hablar que en paralelo a las formas de representación partidaria se han ido construyendo Foros Cívicos, de Asociaciones, de ciudadanos, etc., que han puesto en marcha de manera independiente, creativa e instituyente, alguna iniciativa que muestra su eficacia en el respaldo de sus actividades por las gentes del común.

Otros ejemplos mundiales de ciudades pioneras, entre los más ricos, es el Foro Cívico para la Sustentabilidad, en la ciudad de Seattle (USA). Durante la década de los 90 han ido desarrollando las recomendaciones de la Agenda 21 de Río de Janeiro sobre sustentabilidad, de tal manera que los propios movimientos sociales son quienes definen cuáles han de ser sus prioridades a medir. Después los técnicos las estiman, y la prensa y TV lo popularizan entre la población, en un ejemplo claro de concreción y pedagogía de construcción de los nuevos valores alternativos. Por ejemplo, los ecologistas pueden proponer que se mida el número de salmones que hay en el río como indicador de calidad de las aguas y de la vida en la ciudad. O las mujeres de Barcelona en su Foro Cívico que se mida el tiempo disponible de ellas, y cómo evoluciona cada tantos años, para saber sobre la calidad de la ciudad. O los más sindicalistas la dispersión de la renta entre el 20% de los que ganan más y los que ganan menos. El papel de los técnicos es aquí muy importante, pues todas estas mediciones de índices se pueden hacer muy tecnocráticas o complejas y participativas, y en estos aspectos se ve la diferencia.

Entre los más pobres está el ejemplo de Villa El Salvador (Perú). Desde 1970 se ha ido construyendo al sur de Lima una comunidad autogestionaria (y desde los 80 también Municipio), que alcanza los 300.000 habitantes. Tienen una planificación participada de la ciudad, que desde un primer momento no era una invasión de tierras sin más, sino con un contenido social propio. Han ido desarrollando unas zonas industrial y agraria, adaptadas a las posibilidades de sus economías muy precarias. Han pasado de vivir bajo esteras en un desierto al principio a ir autoconstruyendo sus propias casas con materiales sólidos. Se alcanza ahora la alfabetización del 90% de los niños (cosa muy difícil en Perú). Hay una emisora de radio desde hace años y un centro de formación profesional. Mas recientemente el canal 45 de TV emite sus propias noticias, etc. En medio de los ataques violentos de Sendero Luminoso (mataron a M. Elena Moyano, dirigente del vaso de leche y las ollas comunes), y de los ataques de los Gobiernos peruanos, han sabido ser ejemplo para el resto de los "pueblos jóvenes" de Lima y para otras muchas comunidades de pobres de Latinoamérica.

Es importante recordar algunos ejemplos internacionales, porque así ya nadie tiene excusa para no hacer en su municipio estos procesos instituyentes que están dando resultados en muy distintas situaciones. No es un problema de ser más ricos o más pobres, de proclamarse ideológicamente muy innovadores o no, sino de hacerlo. La legitimidad pasa por las realizaciones a presentar y las formas de implicación de la sociedad que las respaldan. Aquí sólo estamos presentando muy brevemente alguna de estas experiencias, pero son bastantes más numerosas, y hay varios trabajos en marcha que quieren dar cuenta de ellas con análisis en profundidad. De momento en la Escuela Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid hay, en castellano, una recopilación de las mejores presentadas en Estambul, 1996 (Hábitat II) y una revista que sigue haciendo un buen seguimiento para quien esté interesado: Biblioteca Ciudades para un Futuro Sostenible, http:\\www.habitat.aq.upm.es

Los retos que se abren para avanzar

Otros retos que se nos abren, a partir del ejemplo de Porto Alegre, son algunos de los aspectos aún no resueltos allá tampoco, pero por lo menos formulados en los debates que he podido mantener con los dirigentes y estudiosos de la ciudad. Por ejemplo, el reto de los Delegados en relación con sus bases y con los técnicos del barrio o del sector temático. Hasta ahora los sectores más conservadores o no participaban o eran desbordados por la democracia de base, pero se sigue generalizando la participación, y cada vez son más numerosas las personas y contraposiciones que se presentan en cada barrio. O bien que, bajo cuerda, se entre en las batallas de liderazgos, ¿no cabría tratar de realizar nuevas formas de investigación-acción-participativa, donde dirigentes, técnicos y bases han de centrarse sobre todo en dinámicas ciudadanas?


Hay formas de sondeos participantes, talleres descentralizados y que abren procesos instituyentes, coordinación de colectivos y asociaciones para temas puntuales, etc. Muchas de las cosas que se vienen haciendo, pero es necesario sistetizarlas y democratizarlas en la práctica cotidiana. El análisis de redes y los conjuntos de acción es una, entre otras muchas, forma de abordar estos procesos con mayores garantías de eficiencia participante.

Es un problema confiar solo en las asambleas, o en formas de prueba y error, más o menos intuitivas, para ir haciendo el seguimiento de los procesos de participación más de base. En mi opinión hay que capacitar cada vez más a los técnicos de trabajo directo en las bases y a los propios dirigentes, para que también se vayan renovando, en sistemas y prácticas lo más participativas y eficientes posibles, que vayan sustituyendo el hablar bien en asambleas muy numerosas (a veces esto no es lo más democrático), por talleres más descentralizados donde opine todo el que quiera, grupos de discusión y entrevistas grupales con los que no acuden a reuniones, etc. Es decir hacer investigación-acción-participativa con el mayor rigor metodológico posible, y con devoluciones en talleres para la confección de las “programaciones de acciones integrales” y los “presupuestos participativos”, según sean los procesos de cada una de las localidades o sectores implicados.

Está también el reto de la articulación entre las muchas demandas que se generan entre los ciudadanos y los técnicos que están en la calle, y la eficiencia de los técnicos que están en servicios centrales o en las burocracias que no están tan controladas directamente por la población. ¿Además de la comisión tripartita caben otras iniciativas participativas dentro del aparato del Estado? Aquí también caben formas de abordar la reforma de la admi nistración pública, sin duda en contacto con los sindicatos, y con los representantes de los usuarios de los servicios, pero no sólo a partir de las quejas por el salario o de los horarios de trabajo. Hay sistemas que no implican reducción de plantillas, ni “estrés” de los ritmos de trabajo, para mejorar la calidad y la innovación de cada puesto de trabajo. La investigación-acción-participativa en algunas empresas muy eficientes (grupo cooperativo Mondragón, en el País Vasco) aplicaron este sistema, y no solo no tuvieron que despedir trabajadores, sino que han seguido un camino de desarrollo notable en sus diversas líneas de producción.

Hay sistemas empresariales de mejora de la calidad que suponen incrementos de los ritmos de explotación de los trabajadores, y cuando se pasan a la administración pública hay que tener aún más cuidado con ellos. Pero eso no nos exime de que es necesario entrar a mejorar con sistemas de control y de eficiencia las amplias burocracias locales en la administración. Si se consigue que los funcionarios y los técnicos públicos muestren un estilo diferente y participativo también en los servicios centrales, y no sólo en los que están en la calle, entonces si podemos proclamar que estamos ante una verdadera revolución del Estado. El problema del Estado no es una cuestión de filosofías a debatir, sino de encarar de una vez sus procesos de renovación y motivación en los aspectos internos y externos. Quizás ya se han puesto buenas bases en lo que atañe a lo externo, en los equipos que trabajan con los dirigentes sociales (aunque se puede mejorar siempre), pero en los despachos hay que preconizar también sistemas de mayores motivaciones y dialécticas para la eficiencia pública.

Otro reto más que se nos presenta a partir de esto es la articulación entre el Presupuesto Participativo y los Planes Estratégicos (Ciudade Constituinte) que relacionan a la ciudad con otras ciudades del cono sur (Mercocidade). Las ciudades como Montevideo, Porto Alegre, Córdoba, Rosario, Curitiba, están en el centro del Mercosur, y con gobiernos Progresistas cabe plantearse alternativas de cooperación en muchos temas de economía, de transportes, culturales, etc. más que competir entre ellas. ¿Cabe intentar algunas experiencias de "economía popular urbana" en estas ciudades y entre ellas, con el volumen de sus economías públicas y sociales, y la voluntad política que las anima? José Luis Coraggio (1994) ha sugerido para este tipo de ciudades de cierta importancia estratégica estas formas de “economías populares” donde, ante todo, se trata de apostar por la reproducción de la calidad de vida frente a la reproducción del capital.

Si se juntan todas las entidades de interés más público en una coordinación especial sin especial ánimo de lucro, en un Plan concertado, pueden actuar en el mercado pero con otros criterios que no tienen que ser los dominantes en la economía de mercado actual. Son formas de resistencia a las crisis, que necesitan un cierto tamaño para ser viables, pero al tiempo son también formas de alternativas parciales, que van creando otros valores y otras viabilidades dentro de estar a la contracorriente del sistema vigente. En la lógica del trabajo de generar “redes de financiamientos locales” hay bastantes posibilidades de desarrollar otros sistemas que intenten ir más allá del actual sistema financiero internacional. No se trata solo de postular un cambio o una contraposición radical al mismo, que lo merece, cuanto de ir construyendo nuevas formas en el ánimo de otras lógicas de desarrollo (tanto sociales como en lo sustentable para futuras generaciones). El crédito que se tiene desde una popularidad de una política con cierto éxito se puede traducir en “bancas populares” locales y redes de las mismas entre ciudades. Serán sin duda mas lentas en sus desarrollos pero también más fiables.

Los retos que están puestos por delante seguro que son muchos más, pero me parece que no es poco que nos atreviésemos con algunos de éstos. Por lo pronto el caso que estamos aquí analizando ya va muy por delante de otras muchas ciudades pioneras en haber superado algunos de los problemas previos planteados. El ánimo que nos da nos ha animado a plantearnos nuevas cuestiones fundamentales para el crecimiento de las formas democráticas realmente existentes. Porto Alegre más que un ejemplo acabado y pleno, con respuestas para todo, es un ejemplo instituyente con preguntas claves a las que va dando sus respuestas. Es uno de los mejores ejemplos de democracia participativa que se están reconstruyendo en la práctica, y por eso espero que ustedes vean algo más que una tecnología en sus sistemas de prioridades, o un caso exótico y raro. Que vean la osadía de los políticos, los técnicos y los ciudadanos, para poner en marcha los procesos instituyentes adecuados a este caso en particular, y a cada caso en las localidades donde ustedes estén. Porque es responsabilidad de todos mojarse con la democracia.


Bibliografía
CORAGGIO, J.L. (1994). "Del sector informal a la economía popular", en Cuadernos de la RED CIMS 2, Madrid.
FEDOZZI, L. (1997). Orçamento participativo. Reflexoes sobre a experiencia de Porto Alegre. Porto Alegre.
GENRO, T. (1994). A utopia possível. Porto Alegre: Artes e Ofícios.
GENRO, T., SOUZA, Ubiratan (1997). Orçamento Participativo. A experiencia de Porto Alegre. Porto Alegre: Fundaçáo Perseu Abramo.
GRANOVETTER, M. (1982). The strength of weak ties. A network theory revisited, in "En MARSDEN y LIN (Eds.) (1982). Social structure and network analysis. Beverly Hills: Sage.
IBÁÑEZ, Jesús (1985). Del algoritmo al sujeto. Madrid: Siglo XXI. IBAÑEZ, J. et al. (1991). "Nuevos avances en la investigación social", in Anthropos, Suplementos 22, Barcelona.
IBÁÑEZ, J. (1994). Por una sociología de la vida cotidiana. Madrid: Siglo XXI.
MOURA, S. (1993). "ldeário e prática da participaçao popular no governo local: a experiencia de Porto Alegre", in FISCHER, T. Poder local, governo e cidadania, Rio de Janeiro: Fundaçáo Getúlio Vargas.
MOURA, S. (1997). Cidades empreendedoras, cidades democráticas e redes públicas: tendencias a renovaçao na gestao local. Tese de doutorado na Universidade Federal da Bahia. Salvador.
NAREDO, J.M. et al (1996). Primer catálogo español de buenas prácticas. Ciudades para un futuro más sostenible. Hábitat II. Volumen primero y segundo. Madrid: Ministerio de Fomento.
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SALAS, J. (1996). Iberoamérica ante Hábitat II. Madrid: Ministerio de Fornento.
SOUZA, U. de et al (1998). Plano de investimentos 98. Orçamento Participativo, Prefeitura de Porto Alegre.
VILLASANTE, T.R. y otros (1994). Las ciudades hablan. Caracas- Nueva Sociedad.
VILLASANTE, T.R. (1995). Las democracias participativas. Madrid: HOAC.

VILLASANTE, T.R. (1998). Cuatro redes para mejor-vivir Buenos Aires: Lumen. 

lunes, 18 de abril de 2016

Porto Alegre en comparacion con sus retos 2/3

del libro original en portugués
“Por uma Nova Esfera Pública – a experiência do orçamento participativo” compiladores Nilton Bueno Fisher, Jaqueline Moll
Edit. Vozes, 2000, Petrópolis

Tomás Villasante

Universidad Complutense de Madrid

Estilos de innovación democrática

Porto Alegre no es un ejemplo único, pero tiene unas características que lo hacen diferente a otros intentos del Presupuesto Participativo. Ciudades semejantes que lo intentan como Montevideo en Uruguay, u otras gobernadas por el PT en Brasil, no tienen unos resultados tan claros y contundentes. No estamos hablando de ciudades muy raras en el mundo, porque sean muy marginales o porque hayan tenido una historia muy particular y diferenciada de otras ciudades de su entorno. Son ciudades de más de un millón de habitantes; que no salen de la pobreza extrema, sino de economías de tipo medio en referencia al concierto internacional, gobernadas por alianzas de fuerzas progresistas y radicales que tuvieron movimientos sociales fuertes contra los autoritarismos de la década pasada. Pero entre todas esas ciudades Porto Alegre ha sabido encontrar su “estilo” peculiar para construir su democracia participativa. En realidad cabe más hablar en plural de experiencias de “las democracias participativas” porque son varios los procesos en marcha, y con metodologías dispares, por lo que debemos ser respetuosos con cada proceso, y en todo caso intercambiar de unos a otros lo que cada cual pueda aportar de más válido para las otras experiencias.


No son ni las condiciones “objetivas” (de la estructura social), ni el “programa” proclamado por los partidos (lo mismo lo dicen muchos). Es un “estilo” de basarse más en los hechos que en los reglamentos, de apostar por el proceso instituyente más que por la institución. Si el Presupuesto Participativo se ha consolidado es a medida que había obras concretas en cada uno de los barrios, las decididas por los vecinos. Son los hechos prácticos y evidentes los que legitiman, más que una reglamentación normativa, que apenas existe, y está en revisión siempre. Claro que tiene que haber unas mínimas normas municipales que permitan el libre jugo de las redes complejas de la sociedad, pero tiene que ser ésta quien sienta su propia capacidad de decidir y hacer autónomamente.

Es la conjunción de la democracia social con las otras formas democráticas la que permite reforzar el proceso. Si la gente del común no ve hechos contundentes no puede creer solo en las palabras de los políticos. Y si ve que estos hechos no vienen de prácticas clientelares, tan comunes en los países latinos, sino de debates abiertos y procesos largos de trabajo desde las bases, entonces puede empezar a aprender una nueva lección de ciudadanía. Es un trabajo a medio y largo plazo, que se basa en la capacidad de los sectores populares para aprender por la acción social y cooperativa de ellos mismos. Es una forma de convertir en costumbre, más que en ley, unas prácticas participativas, unos ritos democráticos que resulten eficientes a los ojos de todos. Y esto lo están haciendo con las varias “rodadas” por los barrios y por las “temáticas” en Porto Alegre. Es un proceso de un año, que al año siguiente ha de ver sus frutos. Y así llevan diez años, cada vez con mayor incorporación de ciudadanos a las asambleas y a los procesos de decisión desde las bases.

No se trata tampoco de contraponer lo instituido con lo instituyente. Ambos aspectos son necesarios para cualquier experiencia de democracia participativa, tanto lo que surge de los procesos de participación directa de las bases, como lo instituido con las representaciones elegidas por votos. Pero lo que es bueno es organizar su articulación según los tiempos y procesos. El motor tiene que ser los procesos instituyentes sucesivos, que con las metodologías adecuadas pueden seguir saliendo desde las bases sociales, y la meta debe ser que se alcancen unas instituciones que los reconozcan y avalen. Si se piensa que se puede partir de unas instituciones que sean el motor de los procesos, por delante de las poblaciones y los movimientos, es no ser muy fiel a la mayoría de los casos que la historia nos da. O si se piensa que con los movimientos sociales no hay altibajos, que son permanentes y no cíclicos, es también una idealización de los sectores populares que no se corresponde tampoco con la historia.


Lo más acertado es pensar que se trata de unas situaciones paradójicas pero necesarias: se necesita tanto lo instituyente y lo que siempre se esta renovando, como la organización más permanente que le da continuidad a lo ya conseguido.

Con la teorización del análisis de redes y los conjuntos de acción, sabemos que una comunidad no es algo estructurado de una vez con una identidad perfectamente reconocible, sino un conjunto de redes de influencia que están en continuo flujo y en procesos contradictorios interna y externamente. Así pues los estudios para América Latina (Villasante et al. 1994) nos dan varias tipologías por las que van pasando los distintos movimientos o las partes de una comunidad, barrio o sector de una ciudad o territorio. De acuerdo con este planteamiento podemos superar las dicotomías simples en que nos encierran algunas discusiones maniqueas (estos son los buenos y estos los malos, según la ideología del que habla). Lo más común es que todo movimiento instituyente pase por distintas fases en los años de desarrollo, pasando por momentos de una mayor institucionalización, y también que no se puede entender una situación de algo instituido progresista que no parta de un proceso previo de empuje instituyente en algún grado.

Los “estilos” práxicos se distinguen de los teoréticos y dogmáticos en que razonan sobre las situaciones concretas. A partir de las problemáticas se centran en el análisis concreto de la situación concreta. Y por lo mismo no anteponen quién es el reformista y quién el revolucionario, sino que esto queda para ser resuelto en el proceso mismo. No se trata de discutir primero hasta donde va a llegar uno u otro, sino de ponerse a la tarea juntos, y que sea la propia situación, con muchos de los elementos que nadie es capaz de controlar, quien decida lo que da de sí tal proceso. En un cuadro que gustaba de citar Jesús Ibañez (1991), y que he desarrollado para estos fines, se contraponen cuatro posiciones posibles, introduciendo algo de complejidad en la simpleza de las dicotomías habituales, y se abren así más posibilidades reales. Incluso este cuadrado es sobre tipos ideales y la creatividad popular de cada caso es más compleja, pero baste su exposición para permitir unos esquemas más amplios de cooperación social.

Conservación
Reformas
SI
NO
•
•
•
•
SI pero NO
Ni SI ni NO
Reversión
Revolución
De acuerdo con este cuadrado de interpretación de algunas conductas se pueden contraponer entre estos extremos otros muchos tipos intermedios. Y además, lo más frecuente es que en un mismo movimiento haya distintas etapas que pase de unas posiciones a otras, o incluso que convivan en tensiones muy diferentes algunas de ellas dentro de cada proceso. Así, a la derecha están las dos más pragmáticas y menos ideologizadas, y a la izquierda las de oposición ideológica a lo instituido. La posición de decir Si al poder o de conservación de lo que hay choca por un lado con la posición de decir No, porque se quieren hacer reformas (que mande otro y otras cosas, por ejemplo) aunque se quede la estructura del poder como hasta entonces. Es decir, que es que No a quien manda o a lo que se dice, pero es en el fondo que No al cambio de fondo porque se mantiene la misma estructura decisional. No pero Si, es decir el planteamiento de reformas de lo que hay.

Por otro lado la conservación de lo que hay se contrapone a algunos movimientos que sin negar en principio, la autoridad del poder, lo que hacen es desbordarlo. Muestran así aquellas contradicciones internas del poder mismo, no tanto en la denuncia ideológica como en la práctica de los hechos. Esto supone muchas veces una auténtica transformación de las estructuras establecidas, y una ruptura instituyente, que aún diciendo que Si, en la realidad hacen que No a lo establecido. Es la postura Reversiva que ponen en práctica muchos invasores de tierras (ponen la bandera nacional, pero desbordan la propiedad), o huelgas de celo de sindicatos, o denuncias de derechos humanos (contra el incumplimiento de la ley de los militares o gobernantes, etc.). Es decir, son movimientos que aparentemente solo cuestionan un punto de la hipocresía de nuestras sociedades, pero suelen tener tal fuerza que tocan y revierten el fondo de los poderes instituidos, y por lo mismo entran en procesos instituyentes según como se puedan ir desarrollando los hechos y las relaciones de las fuerzas sociales que intervienen. Si pero No, como la muestra de las paradojas en que vivimos, y su resolución por los hechos consumados, pero esta vez desbordando a los poderes.


Las posiciones revolucionarias suelen ser más claramente radicales desde la propia declaración ideológica de partida. Lo tratan de ser tanto en la declaración de principios como en las prácticas que pretenden que desarrolle cada movimiento. Por lo mismo se quieren distinguir de entrada tanto de los movimientos reformistas como de los reversivos, manteniendo una postura distintiva. Esto les puede llevar en algunos casos a quedarse más aislados en los procesos populares, que no suelen tener tanta claridad de principios. La postura es Ni SI ni NO, porque desde esta posición no se acepta que la pregunta ni la ley la pueda formular una autoridad que, por el hecho de erigirse en tal, ya está recortando las posibilidades de la contestación. Nosotros somos quienes nos hacemos las preguntas y nuestra ley porque somos soberanos y somos instituyentes desde un principio. Lo bueno de esta posición suele ser la claridad de posturas que declara y denuncia, pero no es una situación que se pueda establecer durante mucho tiempo para un número alto de ciudadanos del común participando asiduamente.


Lo más habitual es una conjunción de varias de estas posiciones, al mismo tiempo o sucesivamente, en cada caso de los que hemos ido estudiando. De tal manera que cada proceso es un mundo muy complejo que para nada sirve reducirlo a una definición sencilla. Lo mejor es tratar de abrir nuevas pistas de interpretación donde cada sujeto social se pueda reconocer y en función de ello pueda tomar sus propias determinaciones, al tener en cuenta la situación de los demás y la suya propia. Hay que tener en cuenta que cada situación concreta es la suma de muchas redes de interacción (nosotros lo estudiamos como los “conjuntos de acción”), y la resultante de tales fuerzas no se puede saber cómo resultará hasta el último momento. Un caso de estilo práxico y transversal es el que hemos visto en Porto Alegre y en algunas otras ciudades, donde las fuerzas de más progreso y transformación están apostando por una combinación adecuada de las distintas tradiciones emancipatorias, no tanto anteponiendo purezas ideológicas sino prácticas instituyentes. 

jueves, 7 de abril de 2016

Porto Alegre en comparación con sus retos 1/3

del libro original en portugués
“Por uma Nova Esfera Pública – a experiência do orçamento participativo” compiladores Nilton Bueno Fisher, Jaqueline Moll
Edit. Vozes, 2000, Petrópolis

Tomás Villasante

Universidad Complutense de Madrid


No es posible para mi describir la experiencia municipal de Porto Alegre para el público, porque hay otros autores que ya lo han hecho con mayor conocimiento que el mío sobre esta ejemplar experiencia. Mi aportación quizás se debería centrar en un texto sólo elogioso, por las muchas novedades que nos presenta y los retos a los que apunta dar solución, sobre todo en estos tiempos de descreimiento en las alternativas viables al sistema dominante. Ahora más que nunca tenemos necesidad de formas prácticas y concretas que vayan demostrando que hay otras vías alternativas de encarar los problemas del neo-liberalismo. Por suerte, no es sólo el caso de Porto Alegre el que nos puede ilustrar sobre los caminos abiertos para nuevas formas democráticas y participativas para encarar con eficiencia los problemas sociales locales. Trataré de comparar y aportar otros elementos, además de los propios acerca del caso estudiado, para suscitar un debate amplio que vaya mas allá de lo hasta ahora planteado. 


Además, creo que debemos iniciar un debate sobre lo local y sus logros, también sobre los caminos potenciales de transformación del Estado que esta experiencia, pero más aún, algunos de sus protagonistas nos plantean con toda claridad. Tarso Genro (1997) lo dice explícitamente: "Apunta a una forma universal de dirigir el Estado y de crear un nuevo tipo de Estado". No se trata de una solución total para todos los problemas, pero sí que una forma concreta de co-gestión con "una esfera pública no-estatal" (Ubiratan de Souza, 1998) pone en acto tanta literatura de buenos deseos sobre la participación y la implicación de los ciudadanos.

Me parece un estilo concreto de construcción de una de las democracias participantes de mayor interés en el mundo porque combina elementos concretos de la voluntad política elegida en las urnas democráticamente, con la participación directa de los ciudadanos y un papel muy interesante de los técnicos. Los problemas de la representación electoral clásica (tanto la simplificación como la burocratización) en gran parte los tiene enfocados y casi resueltos. Me refiero a dos problemas candentes de la práctica cotidiana de cualquier democracia representativa. Para ejercer la representación no se puede atender a cada cual con sus particulares problemas sino que ha de darse prioridad al término medio, a los asuntos más comunes. Para ello se da prioridad a la representación mediante algunas opciones políticas (3 ó 4) donde puede elegir el votante. Luego estas opciones más votadas se han de poner de acuerdo teniendo la mayoría (pactar entre algunos programas) y poder hacer la ley y el equipo de gobierno. Este gobierno va a interpretar la ley, haciendo los reglamentos y mandando a los funcionarios. Cada paso es una simplificación del anterior, quitarle complejidad e indeterminación a la realidad de la que surge. Si antes de votar las redes de amistad, o familiares, o de trabajo son muy complejas, luego todo se va reduciendo en decisiones más universales y unitarias para todos.

Y esto está bien como medida defensiva frente a tantos abusos que los sistemas autoritarios han venido practicando. Es una forma democrática de controlar a las minorías para que no se perpetúen en el poder. Cuando nuestras democracias han salido de procesos anti-dictatoriales y clientelares está muy bien que se ejerzan estos controles, pero el problema es que al reducir el poder de las minorías autoritarias, también podemos quitar la iniciativa a otras minorías sociales activas que están actuando en la complejidad necesaria y creativa de la sociedad. Estos procesos de la "democracia de control" se deben completar con otros procesos de la "democracia de innovación". Sobre todo porque la democracia representativa o de control cada 4 años puede volverse ineficiente, porque los políticos acaban despegándose de las bases sociales y porque los funcionarios acaban dando órdenes a los ciudadanos. Siendo así, que son los funcionarios los que deberían entender y atender las complejidades de la población. Si la soberanía reside en el pueblo, éste no la siente como tal cuando se acerca a una ventanilla, o cuando no ve que se invierte en sus necesidades más cercanas. Hay un problema de eficiencia inmediata también en la justificación de la democracia, sea esta del tipo que sea.


"Democracia social" es la que se justifica entre los servicios prestados por los funcionarios y las propias redes sociales. Es decir, no sólo que haya un procedimiento legal claro y transparente (por cierto que debería serlo bastante más). Por ejemplo, en algunos procesos revolucionarios es posible que haya más servicios eficientes, mientras los que hacen de funcionarios lo hagan con la ideología de servir a los ciudadanos. Pero estas democracias no siempre consiguen perdurar por falta de controles democráticos y la renovación de los sistemas y las personas implicadas. Por eso, son más interesantes las "democracias de innovación", en la medida en que rescatan la complejidad de las redes sociales, a través de sus Asociaciones y de las técnicas de participación adecuadas, de tal forma que la coordinación de los funcionarios y sus técnicas dan lugar a prácticas más eficientes de acuerdo con cada situación concreta y cotidiana. No se trata tanto de un control cada cuatro aíios, a través del voto y la ley, sino en la ejecución más cotidiana con la gestión de los funcionarios y los servicios inmediatos en cada caso.

El papel de los funcionarios y de los técnicos por un contrato en la democracia es una de las lagunas que se suele mantener tanto en los análisis politológicos como en los sindicales, e incluso en los alternativos. Se reconoce que no se es neutral en muchos casos pero no se entra a ver las consecuencias cotidianas de esto para la democracia, que suelen ser tanto o más importantes que la posición de los políticos o de los sectores populares. El margen de maniobra de cualquier técnico es suficiente para que su estilo marque la diferencia entre unas situaciones y otras. Es decir, el análisis de redes de confianzas y desconfianzas que se produce en una localidad depende muchas veces de estos intermediarios o "puentes débiles" entre los ciudadanos y sus representantes. De usar unas metodologías a usar otras (participativas o bien autoritarias) varía mucho el resultado, y esto es competencia del técnico en gran medida. Es la fuerza de las relaciones débiles entre los "conjuntos fuertes" del análisis de redes (Granovetter, 1982). Su repercusión para las democracias locales es fundamental.

El dar juego central a un "espacio de esfera pública no estatal" viene a mediar entre las otras formas de democracia, aún en los casos más elaborados de ambas. No viene tampoco a sustituir a aquellas formas, sino a adaptarse a cada situación en que haya nacido una democracia para ir cambiando de centralidad el motor de la misma. Si empezó de una manera en función del proceso histórico determinante, también puede ir cambiando para atender a las nuevas circunstancias y generaciones, y así ir haciendo una experiencia de democracia más avanzada. No es tanto que haya una forma única universal, me parece, sino que en todas partes el introducir el motor de "espacios públicos no estatales" viene siendo condición hoy de renovación y de una nueva democracia más eficiente por más innovativas y ajustadas sean las condiciones concretas de cada red local.