miércoles, 12 de julio de 2017

APRENDEMOS DESBORDADOS POR LOS "R.O.C.E.": Cartagena (Colombia) 2017

El Congreso de Cartagena 2017 acabó desbordándose. En ese sentido, mejor que otros. Pero para empezar hay que reconocer, y hacer auto-crítica, que desde los países latinos no fuimos capaces de organizarlo bien y a tiempo. Por eso hay que agradecer a ARNA que se haya lanzado a plantearlo y llevarlo a cabo, con la U. Nacional de Bogotá y otras universidades. Hubiera sido un Congreso convencional, si no se hubiese desbordado tan creativamente.

En varios países latinos llevábamos años haciendo Encuentros nacionales sobre metodologías participativas e IAP (México, Chile, España-Portugal, Colombia, Ecuador, Brasil, Uruguay, etc.) E incluso CLACSO ha recogido buena parte de esta Red, con más de 100 profesionales de unos 10 países, que nos reencontramos el día 12 en el pre-congreso. De esa reunión salieron 4 "grupos motores" sobre institucionalización de la IAP, sobre autocrítica e innovaciones, sobre universidad sin universidades, territorio y medioambiente... También hubo reuniones pre-congreso de ARNA, y de la CEAAL (pedagogía de la liberación). Tres caminos que tratarían de converger.
Cuando ya arrancó el Congreso las formas de diálogo se polarizaron, en mesas redondas de un lado, y en talleres creativos de otro. Unas posiciones más centradas en los homenajes y otras más centradas en las auto-críticas e innovaciones. Fue agradable oír a Fals Borda, en una entrevista grabada, que había que renovar la IAP con los sistemas emergentes. Pero aún seguían muchas disposiciones de las sillas como en un aula para aprender de los maestros, aunque en otras sesiones se modificaron las sillas (dispuestas en redondo) para compartir y para construir colectivamente. No solo una cuestión formal, sino de metodología y finalidades.
El miércoles en la tarde colectivos colombianos se reunieron para criticar la distancia entre el Congreso y quienes no habían podido acceder a él (costos, formato universitario, etc.). Por eso cuando en la tarima central salió la música de los jóvenes locales se pedía "otra y otra" y la gente se echó a bailar. Por eso se formó la rueda en el espacio central con carteles y gritos de "¿quién nos fals-ta?", de autocrítica y de crítica, y el escenario se trasladó de la tarima organizadora a la gente y la música local, que acabó por bajar las escaleras y salir a la calle, donde continuó el acto "casi final" del Congreso. Digo "así" porque al día siguiente se desbordó aún más, y todas las personas pudimos aprender de nuevo.
De momento se confirmaba que no se trataba tan solo de un "diálogo" de "saberes", de una traducción entre saberes, sino de una “relación operativa” entre "trayectorias" que se venían gestando y que "emergían para reconocerse" y pasar a construir conjuntamente (Santandreu y Massoni en su mesa lo plantearon). Entiendo que primero están las "relaciones operativas" (pre-congreso y actos y formas de hacer en conjunto) y luego la "conceptualización eficiente" como este propio escrito. El R.O.C.E. es como el E.C.R.O. de Pichón-Rivière, pero empezando por el “roce” en los talleres de creatividad y en las acciones de reconocimiento de las preguntas comunes, y desde ahí vamos a construir la "transducción" y la "socio-praxis", o sea desde los movimientos a los teóricos y no al revés.
La última asamblea del ARNA no fue y si fue, ambas cosas, creativamente. Si Rajesh Tandon y Boaventura S. Santos iniciaron reclamando quienes faltaban. Y este último añadió que aquello no era una asamblea para tomar acuerdos sino un componente más de un proceso. Pero lo que luego pasó se puede considerar una vía superadora. Como no había mucha predisposición para sumarse a ARNA, en bastantes mesas se planteó "¿nos vamos o nos quedamos?" La mayoría optó por quedarse en un "rincón latino" (la mitad de los asistentes) para continuar con nuestro propio camino y nuestras propias metodologías y decisiones. Se trataba de aprovechar el momento y de mostrar cómo se puede construir colectivamente.
En las 2 horas de la mañana unos 10 grupos construyeron sus propuestas, se consensuaron las más repetidas, y se anotaron los nombres de las personas de los "grupos motores", que se encargan de que su relización. Estos grupos ya se pusieron a funcionar incluso antes de la sesión de la tarde, y hay tarea sobrada para un posible Encuentro en Rosario (Argentina) en septiembre 2018. La Red que aprovechó CLACSO (y que había avanzado el lunes con 4 "grupos motores") se ve así integrada en una Red mayor, con más personas, grupos y países.
Pero el acto emotivo fundamental fue cuando resonaron las palmas en todos los corazones de la sala. Tras la exposición de las compañeras sobre lo que la "red de las mesas del rincón latino" habíamos construido, el moderador californiano preguntó: ¿quién dice algo? ¿alguna pregunta?. Muchos empezamos a golpear con la palma de la mano en el corazón, y se formó una cadena humana paseándonos en círculo, rodeando toda la sala, invitando en una lengua universal a todas y todos a hacer y comprender por encima de culturas y fronteras. Resonaba el silencio de la palabra y sobresalía el gesto y el sonido hueco de los cuerpos, hasta que todo fue un círculo. Y en el círculo se nombró la Red, se aplaudió, y siguió la palabra.

Aprendemos por la acción, por las relaciones operativas concretas, “transformar para educar”, la acción socio-política de estas metodologías va por delante de los debates teóricos, desde abajo es desde donde emergen los movimientos y los conjuntos de acción concretos. Por eso hay que escucharlos en América Latina y en Norteamérica, en Asia y África, en Oceanía y en Europa. Tenemos que encontrar fórmulas para encontrar espacios públicos menos caros y más accesibles a la gente del común, para construir en talleres creativos, colaborativos y operativos. Del 77 al 97 y al 2017... no esperemos otros 20 años, y empecemos ya con los más jóvenes que nos siguen desbordado de forma incluyente y muy creativa. Es lo que puedo aportar al grupo y a la red.
Tomás R. Villasante
(2014) Redes de vida desbordantes. La Catarata, y (2017) Democracias transformadoras. El Viejo Topo.







lunes, 5 de junio de 2017

Democracias Transformadoras. Experiencias emergentes y alternativas desde los comunes

Para qué sirven los movimientos sociales? ¿En qué punto están ahora movimientos como el 15M o las “mareas” de indignados? ¿Volverán las movilizaciones? ¿Qué puede hacer el municipalismo en campo propio y ajeno? ¿Quién tiene capacidad para hacer las trasformaciones sociales y políticas? ¿Qué características tienen y cómo funcionan los movimientos sociales? ¿Se consigue democratizar los sistemas donde operan? y ¿qué ventajas e inconvenientes muestran? ¿Cómo se pueden aprovechar para una mejor democracia y para unas formas mejores de vida cotidiana de las personas del común?Democracias Transformadoras. Experiencias emergentes y alternativas desde los comunesel último libro de Tomás R. Villasante, afronta esas y muchas otras preguntas y, para responderlas con rigor, aporta experiencias emergentes, metodologías participativas, y nuevos caminos para las democracias participativas.

Así, en Democracias transformadoras se parte de experiencias internacionales, las movilizaciones indignadas y la comparación de dichos movimientos. Se debate el papel de los movimientos sociales, sus contradicciones, sus potencialidades, las estrategias telemáticas, y las motivaciones de los liderazgos y los grupos motores. Y se pasa a una crítica de los juegos de poderes y a las estrategias transformadoras y desbordes socio-políticos, con poderes paralelos y transiciones hacia democracias de iniciativas.
El libro termina presentando modelos de gestión colaborativa, planificación y presupuestos participativos, e incluyendo errores frecuentes que se pueden superar en ámbitos como el estudiado.
El autor: Tomás R. Villasante es Doctor en Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales, cofundador de la Red Cimas (Observatorio Internacional de Ciudadanía y Medioambiente Sustentable) y, desde 2008, Profesor Emérito en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Además es escritor y colaborador habitual del Periódico Diagonal  ha sido activista de los movimientos vecinales y ecologistas, e impulsor de procesos por las democracias participativas en varios países. En sus trabajos de investigación-acción ha desarrollado aportaciones innovadoras a las metodologías sociales. Con El Viejo Topo ha publicado La investigación social participativa. Construyendo ciudadanía (Parte I y Parte II).
Vídeo de Tomás R. Villasante (sociólogo Red CIMAS) sobre el uso de herramientas digitales en procesos de participación ciudadana. Foro Social Mundial de Madrid (19/06/2015):




jueves, 27 de abril de 2017

El debate sobre el buen vivir y los problemas-caminos para medir los avances en la calidad de vida y la sustentabilidad (4 de 4)

El debate de un caso concreto

El PYDLOS es un centro de investigación en la Universidad de Cuenca (Ecuador) prestigioso por su implicación en temas sociales (migraciones, apoyo a procesos municipales, etc.). En los últimos años ha lanzado debates sobre el buen vivir y en la actualidad apuesta por lograr mediciones que concreten estos aspectos que venimos discutiendo. En principio, allí plantean cinco grandes ejes a los que reducir la interminable lista de posibles necesidades que se les ocurren a los investigadores de todo el mundo. Ejes que tienen que ver con las cinco preguntas básicas del buen vivir que rescatan de su propia práctica.
Entiendo que cuatro de ellas tienen que ver con las cuatro interacciones básicas que ya hemos visto en otros movimientos y autores. Y la quinta veremos que ya no tiene tanto sentido, desde mi punto de vista, pues está contenida en las anteriores cuestiones planteadas.

Incluso en un libro sobre “la (re) creación del pensamiento del PYDLOS”27 se citan los cuatro elementos de la concepción de ECUARUNARI como punto de partida para el sumak kawsay: poder (ushay) o sea organización, hacer (ruray) o sea economía, querer (munay) o sea, cuidado de la naturaleza, y saber (yachay) o sea, conocimientos. Lo que se corresponde con participación y democracia; con economía popular y solidaria; con conservación territorial y ambiental; y con satisfacción cultural respectivamente. El quinto, inclusión social y acceso a servicios, está incluido en los anteriores según argumentare más adelante.

El eje de participación y democracia puede recoger estudios muy variados en el mundo. ¿El que haya referendos quiere decir que hay democracia directa? Recordemos que tanto dictaduras como movimientos sociales han realizado referendo, con sentidos muy distintos.

¿Los sistemas de partidos son índice por sí mismos de democracia? Asistimos en todo el mundo a protestas contra las partidocracias por muchos movimientos de indignados. ¿Cómo y quién puede medir la confianza y la ética, la comunicación, la libertad y equidad, etc.? No podemos partir de un solo modelo de lo que sea la democracia y la participación.

Más bien cabe pensar en cada caso cómo mejorar lo que cada localidad o país tiene según
su propia tradición y cultura política. La propuesta en el caso de Ecuador, y del Cantón Cuenca, es que se parta de la Declaración de Bogotá sobre Presupuestos Participativos. Hay unas quince recomendaciones sobre lo que son las experiencias latinoamericanas, después de haberlas llevado a la práctica, desde hace 25 años en varias ciudades, y sabiendo ya los puntos débiles de estos intentos de democracias participativas. En temas de participación hay varias “escaleras de participación” según los autores que hacemos el seguimiento de estos procesos. En el CIMAS28 tenemos también una escalera que nos sirve de referencia. Pueden servir también para este eje, pero siempre son preferibles las experiencias de territorios semejantes que ya pasaron por estos procesos. Y sobre todo, el debate en el Foro de la propia ciudad o territorio para ajustar necesidades y criterios.

En el eje de Economía Popular y Solidaria tampoco es fácil la formulación de criterios para la medición y el seguimiento. ¿Cómo ponderar las condiciones de empleo por cuenta ajena, de lo que significa el autoempleo, del trabajo doméstico no retribuido, etc.? ¿Con qué criterios valorar el sistema financiero en relación con la economía internacional y con las necesidades locales? ¿Cómo valorar la planificación participativa o no de los diferentes factores económicos? ¿Cuál debe ser la relación entre el sector estatal, el privado, el social y los bienes comunales, por ejemplo? ¿Qué se ha de medir en cada caso? Se ha de partir de algún consenso para usar unos datos u otros, pues hay datos económicos y laborales para todos los gustos.

La propuesta es basarse en los diversos estudios latinoamericanos sobre economía popular y solidaria, que tienen también una amplia experiencia práctica de éxitos y fracasos. Desde el Foro Social Mundial de Porto Alegre venimos discutiendo seis aspectos centrales y complementarios para las economías populares, que parten de los estudios de Razeto, pero que tienen en cuenta también estudios de Coraggio, Singer, Arruda, etc. Evaluar en cada experiencia cuánto hay de finanzas solidarias y de las especulativas; cuánto de comercio justo y de comercializaciones discriminadoras; cuánto de trabajo cooperativo y de condiciones laborales de explotación; cuánto de consumo responsable y de distancia entre las rentas; cuánto de servicios básicos (salud, educación, transporte) que sean participativos y cuántos servicios ineficientes; cuánto de tecnologías adecuadas y apropiadas a las comunidades y al ecosistema local. En conjunto debe aclararse en qué medida se va articulando un sistema que apoya a una economía alternativa, o por el contrario si los índices llevan a la dependencia de la especulación económica internacional.

En el eje de la Conservación Territorial y Ambiental, no solo está la gestión de los recursos limitados de la naturaleza (fuentes de energía, agua, suelos y flora, etc.) sino que hay que tener en cuenta la extracción de todo tipo de minerales, y la construcción de viviendas e infraestructuras, que afectan a los ecosistemas de forma muy notable. Los procesos migratorios y su presión sobre los territorios son cuestiones también ambientales y de la salud en su conjunto, por lo que los planes han de tener en cuenta sus efectos sobre la sustentabilidad actual y futura. Los criterios en este campo suelen ser muy contrapuestos: lo que para unos son externalidades a corregir (efectos colaterales de la extracción de minerales), para otros son la fuente de la vida (el agua que riega la producción agraria, el atractivo turístico o de calidad para la vecindad, e incluso lo sagrado de la Pachamama).

La recomendación en este eje es usar un estudio de la huella ecológica en alguna de sus varias modalidades, de forma que se pueda evaluar las condiciones territoriales de sustentabilidad. Este tipo de estudios se centran en los consumos (tanto domésticos como industriales o públicos) y de sus repercusiones en metros cuadrados que son necesarios para mantener el modelo actual. El caso del Ecuador en su conjunto resulta equilibrado aún, por las grandes extensiones de la zona oriental. Pero en el caso de las ciudades o cabeceras cantonales cabe establecer también su huella sobre el resto del territorio y se podrá apreciar en qué aspectos hay déficits claros y en qué otros aspectos cabe reducir el impacto. Los Estudios de Impacto Ambiental, si es que están bien hechos, también pueden ayudar a precisar los impactos posibles sobre el territorio y la salud del lugar y de las personas.

En el Eje de la Satisfacción Cultural la dificultad es aún mayor si cabe. ¿Cómo valorar los mitos o las simbologías locales? ¿Se puede valorar el uso de los vestidos, los idiomas, los ritos? ¿El disponer de instalaciones e infraestructuras culturales supone que haya creatividad colectiva e iniciativas sociales? ¿Cómo recoger la importancia de la memoria y de los patrimonios materiales e inmateriales de cada lugar, las artesanías, etc.? La educación y los usos de nuevas tecnologías de la comunicación son aquí fundamentales para evaluar este eje. Pero no parece suficiente el índice de alfabetización o el fracaso escolar, sino otras variables menos formales que recojan la cultura y la creatividad social desde las propias tradiciones de cada comunidad en sí misma.

La diversidad étnica en un Cantón como Nabón, por ejemplo, a diferencia del Cantón Cuenca mucho más mestizo, hace que no sea fácil hacer propuestas de medición equiparables para ambas situaciones. Si en los demás ejes la recomendación principal es que el Foro Social de cada lugar pueda ser quien concrete los criterios de medición, en este caso es inevitable. Y además resulta casi imposible recomendar algún listado de elementos de medición del buen vivir cultural, pues las situaciones son tan dispares que solo desde trabajos cualitativos parece posible acercarse a las consideraciones locales tan propias ya no solo de cada cantón, sino incluso de cada parroquia o barrio. Todo lo que se puede avanzar es tratar de hacer una serie de grupos de discusión focales, a partir de los criterios del foro para recoger las posiciones discursivas predominantes y emergentes en cada uno. Y desde esas posiciones establecer algún tipo de comparación y valoración.

En cuanto al quinto eje sobre inclusión social y acceso a servicios, ya hemos indicado que en gran medida ya puede estar recogido en los ejes anteriores. La adecuación territorial, la vivienda y el transporte, la salud, etc., ya deben estar contemplados en conservación territorial y ambiental. Lo que se refiere a empoderamiento de la población, gestión pública, derechos, etc., ya debería estar en participación y democracia. Educación, nuevas tecnologías y servicios culturales está recogido en satisfacción cultural. Por lo que solo queda la consideración para grupos en situación de exclusión social, pero este tipo de procesos debe estar contemplado dentro de la economía popular y solidaria. Pues si no estuviera incluida en este eje, seguramente estaríamos hablando más de caridad que de soluciones de justicia social.

Presentar un eje exclusivo de pobreza o de exclusión, aparte de los otros ejes, puede ser entendido como una faceta de integracionismo en esta sociedad, como un valor de que nuestra sociedad ya ha alcanzado el nivel suficiente como para acoger a los que no han podido integrase a ella, y nosotros vamos a medir cómo los incluimos. Poner índices de pobreza al margen de considerar la riqueza como la causa de la anterior puede ser un ejercicio peligroso. En todo caso, debe de ser el Foro social quien decida qué es lo que hay que valorar y por qué. Pero no dejará de ser interesante el debate de si debemos medir la “inclusión social” aparte de los otros ejes que son para toda la sociedad, sean ricos o pobres.

Entiendo que si los otros cuatro ejes van mejorando (trabajo, participación, servicios y cultura) ya dejaría de tener sentido uno de inclusión.


martes, 4 de abril de 2017

El debate sobre el buen vivir y los problemas-caminos para medir los avances en la calidad de vida y la sustentabilidad (3 de 4)

Interacciones básicas y equivalentes de valor

Si pretendiéramos recoger todas las propuestas que se han ido generando en el mundo sobre los temas del desarrollo, la felicidad, etc., el documento sería extensísimo. Además,recurrir a ellas en su amplitud obligaría a dos operaciones realmente difíciles de establecer. Por un lado ponderar el peso de cada una de las propuestas, lo que lleva a considerar (en cada cultura) cómo llevar a cabo la operación de priorizar necesidades. Y por otro lado, realizar numerosas mediciones de muchísimos factores para no dejar fuera ninguno que deba ser tenido en cuenta. Estos son aspectos que hacen poco operativas estas formas de proceder. Cuando son muchos los índices a los que referirse (y medirlos con cierta solvencia) la operatividad se vuelve en contra, pues cuando acaba uno de tener los datos, ya es posible que hayan cambiado. Algunos están accesibles, pero otros han de ser construidos y se demoran bastante tiempo.

Cabe hacer algunas operaciones más sencillas para establecer estos seguimientos, y que sirvan a las comunidades respectivas para sus fines. Incluso la tabla que se suele citar de Max-Neerf, Elizalde y Hopenhayn,18 con 36 posiciones básicas (1993) se vuelve demasiado complicada para establecer las necesidades a medir. Ellos mismos proponen no tanto medir las necesidades, como los “satisfactores”, que al ser sintéticos muestran una mayor didáctica y operatividad para cada comunidad que quiera usarlos. De esta tabla lo más interesante son las cuatro necesidades axiológicas que definen con los verbos: estar, tener, hacer y ser. Y pueden ser interesantes porque vienen a coincidir con las cuatro interacciones básicas que hemos encontrado en otros autores, y en varios de los movimientos sociales que hemos estudiado.


Los listados muy amplios están bien y pueden ser utilizados como recordatorios, para que no se nos olvide ningún tema en un descuido. Pero se pueden resumir en las pautas que la humanidad siempre ha tenido. Levi-Strauss ya estableció desde la antropología el intercambio básico de bienes, de personas, de mensajes. Esto viene a coincidir con los verbos citados, si le sumamos el intercambio de espacios-tiempos. O, desde el enfoque de Jesús Ibáñez,19 las explotaciones de la naturaleza, del trabajo y de la producción, la dominación de unos sujetos sobre otros por raza, genero, etc., y la explotación “de uno mismo” por los dogmas en que ha sido educado y cree. En un libro reciente20 me refiero más en extenso a estos intercambios básicos, que también podemos encontrar en forma de «sociología de las ausencias» en Boaventura de Sousa Santos21 y en otros autores.

Por si quedara muy erudito citar tan solo a algunos autores de referencia, quisiera dejar patente que los principales movimientos sociales también nos muestran con sus prácticas las necesidades que les interesa descubrir y reclamar. Así, por ejemplo, los movimientos vecinales y ecologistas destacan la necesidad de hacer un seguimiento de los retrocesos o avances en los espacios y tiempos de los ecosistemas urbanos o rurales; si las tecnologías están mejorando o empeorando ambientes y si el mejor convivir se resiente o se recupera. Los movimientos obreros y campesinos llevan años luchando por sus derechos en el trabajo y la producción, contra las desigualdades y contra abusos en la economía de acumulación especulativa.

Los movimientos de mujeres o de diferentes etnias se han rebelado contra la dominación que por razones biológico-culturales han impuesto el patriarcado y los países colonizadores. Y contra el pensamiento único y dogmático de las ideologías heredadas se han venido rebelando movimientos, sobre todo de jóvenes, que no renuncian a la creatividad propia.

La cuestión no es saber medirlo todo, se trata de saber qué medir y con qué prioridades, qué es lo significativo en cada momento Podrán ser tres, cuatro o cinco las interacciones básicas que aglutinan la larga lista de necesidades que los humanos (y nuestra relación con los ecosistemas) hemos ido construyendo en nuestra historia milenaria. En cada interacción básica siempre se sitúa un Equivalente de Valor, que opera para cada cultura como elemento externo que sirve de referente y que no es cuestionado en principio. Entre los diferentes ejemplos se pueden citar: la propiedad y el dinero en los intercambios materiales de nuestra economía; también la revelación divina por algún mito fundador del ser e identidad de una comunidad entre las tradiciones más antiguas; o las formas tecnológicas como manera de superar las constricciones del espacio o del tiempo en cada cultura humana; o el orden mediante una autoridad para superar los conflictos de la familia o entre comunidades. Si se está de acuerdo en estos equivalentes de valor, de ahí se pueden deducir los parámetros principales a medir. Pero si hay discrepancias en que estos sean los valores incuestionables, entonces la forma de encarar las mediciones se torna más compleja.

Por eso, previo a establecer las mediciones, hay que abrir el debate de cuáles son los criterios de medición. Esto supone una deconstrucción de los sistemas de medidas en vigor y la justificación de nuevos criterios y equivalentes de valor aceptados por cada comunidad.

Por ejemplo, con Luis Tapia, quisiera recordar que siempre se lucha por un excedente y luego está la cuestión de qué hacer con ese excedente. En el pasado, algunas culturas, una vez obtenido, lo quemaban (mediante diversos ritos) para no crear más desigualdades, otras lo repartían como dones del poderoso, otras lo utilizaban para armarse y guerrear en conquistas de territorios, etc. Y no solo el excedente de bienes, también el tecnológico, la erudición, el simbólico, etc. Por lo tanto, la cuestión de a qué destinar los excedentes forma parte del fondo del problema, y desde ahí se justifican las comparaciones con otras comunidades y las comparaciones antes y después de la propia comunidad de referencia. En el contexto actual, la obtención del excedente lleva a algunos a armarse, a otros a especular inventando burbujas de dinero, y hay quien quiere distribuir los beneficios a través del Estado, otros hacen despilfarros ostentosos, mientras otros solo intercambian sus formas de reciprocidad en economías populares o solidarias.
La conclusión fácil es que cada cultura ha de construir sus propios equivalentes de valor y sus propios criterios de medición. La cuestión no es saber medirlo todo, como si quisiéramos ser eruditos y poseer todos los conocimientos y todos los términos sin que se nos escape nada. Más bien se trata de saber qué medir y con qué prioridades. Es decir, no es pasión por reducirlo todo a los números, sino por saber qué es lo significativo en cada momento. Incluso en cada comunidad los criterios tampoco son estables. Es decir, valores que eran incuestionables para una generación (energía nuclear) pueden dejar de serlo para otra, índices muy significativos en una situación (por ejemplo, la alfabetización) pueden dejar de ser tan interesantes cuando se alcanza su saturación. Por esto los criterios han de revisarse cada cierto tiempo de forma participativa por lo más amplio de la comunidad local, e irse mejorando según se vayan produciendo nuevos avances. En realidad se
trata de una construcción colectiva de forma permanente. Les podemos llamar equivalentes de valor, ideas-fuerza, escenarios de futuro, o lo que en general desee conseguir cada comunidad organizada.

Un proceso participativo posible

Técnicamente cabe ir deconstruyendo al tiempo que se van reconstruyendo los cambios en los criterios de medición. Al menos en cada una de las 4 interacciones básicas. Para ello se pueden usar técnicas como los “penta o multi-lemas”, que permiten pasar de los dilemas básicos y más superficiales de cada sociedad, a causalidades y mediaciones más profundas. En los trabajos de Johan Galtung23 y en los nuestros del CIMAS24 se pueden ver ejemplos prácticos de cómo operar para distintas situaciones. De forma participativa con las comunidades que se impliquen se puede avanzar en estas “de” y “re” construcciones consensuadas. Si hiciera falta priorizaciones participativas entre estos supuestos, también sepueden usar los “flujogramas” que Carlos Matus planteó en los Planes EstratégicosSituacionales,25 y que también se pueden seguir en los textos y los DVD de la red CIMAS.26 Son dispositivos técnicos que permiten a comunidades pequeñas y grandes formalizar acuerdos para establecer los criterios que les permitan avanzar y construir colectivamente.

Proponemos este tipo de dispositivos participativos para saltarnos otros sistemas de tipo más convencional, que puedan enfrentar a las mayorías con las minorías en juegos más perversos (como sería una votación “representativa”); o que puedan dejar en manos solo de los técnicos y unos pocos directivos algunas herramientas (DAFO, árbol de problemas, etc.) de la Planificación Estratégica convencional, con un manejo no participativo de decisiones muy importantes. Bajo la idea de Planificación Estratégica suelen quedar encubiertos dispositivos técnicos con una alta tendencia a imponer valores dominantes no cuestionados.

De ahí que las aportaciones críticas de los autores citados no solo superan los defectos de la planificación al uso, sino que proponen unos dispositivos técnicos que ofrecen muy buenos resultados desde nuestra práctica con muy diversas comunidades, urbanas y rurales, así como en sectores amplios estatales como la salud, la ecología, etc.

Una vez que la comunidad correspondiente ha llegado a un consenso básico de cuáles son sus criterios, sus satisfactores, sus ideas-fuerza o sus equivalentes de valor más generales (según como los queramos nombrar), es cuando se puede pasar a tratar de establecer los índices con que se van a medir. Sentados los criterios en las cuatro interacciones básicas, por lo menos, ahora toca ver cómo se puede medir cada una. Y si algunas de las mediciones ya están en marcha o hay otros documentos que lo acreditan, revisarlos desde el punto de vista de los criterios establecidos. No porque ya tengamos los datos elaborados por otras instancias van a valer sin más. Cada dato tiene un contexto (no explicitado habitualmente) de equivalentes de valor que se ha de revisar.

Por ejemplo, el debate sobre qué se entiende por “desarrollo sostenible” es puramente nominal y solo se puede resolver como se propuso con los foros de sustentabilidad de las agendas locales 21. Un concepto en sí mismo tan contradictorio, cuando lo bajamos a qué se quiere medir en concreto es cuando sabemos qué quieren de él quienes lo usan. Hay agendas 21 locales, como la de Seattle desde el año 1993, que han servido de referencia a otros muchos foros en ciudades de todo el mundo. Si se reúnen los sectores interesados de una ciudad o una región en los temas de hacer seguimiento con indicadores de su evolución de la calidad de vida, de la sustentabilidad o del buen vivir, entonces resulta creíble que sus consensos sobre criterios puedan ser un buen comienzo para el proceso.

Un foro de sustentabilidad o de buen vivir puede estar compuesto por las comunidades que estén interesadas, por los sectores sindicales, ecologistas, feministas, etc., de la zona, por las universidades, ONG, Iglesias y entidades culturales que quieran participar. Los gobiernos sensibles a hacer un seguimiento de la calidad de vida de su zona deberían apoyar y no oner trabas a la información o tratar de influir en ella sino respetar los consensos de la sociedad civil. No es que en estos foros se vaya a votar si está bien o mal la calidad de vida o el sumak kawsay, se trata más bien de ver qué se ha de medir, qué acuerdos se alcanzan para que los aspectos más importantes de la vida local se vean reflejados en un seguimiento, para ir dando cuenta de los resultados locales y en un cierto periodo de comparación. Por ejemplo, si queremos medir la situación económica, ¿es más importante cuánto dinero entra y sale de la ciudad o región, o tal vez la desigualdad de ingresos entre los que más ganan y los que menos? O, desde el punto de vista del género, ¿es más importante el número de puestos en guarderías infantiles o la variación en la distribución del tiempo y actividades en la vida cotidiana entre mujeres, varones, mayores y criaturas? Y con respecto a la toma de decisiones democráticas, ¿se le da más importancia al número de votantes o al número de propuestas e iniciativas desde colectivos de base?

La técnica de medir no ha de seguir siendo un asunto del foro, que solo se centra en proponer los criterios y seguir el proceso. Por otra parte, cada cierto tiempo se puede cambiar algún criterio que deje de ser relevante para la comunidad, y eso no tiene por qué alterar demasiado el conjunto de las referencias. De lo que se trata es de que en cada uno de los cuatro ámbitos de estas mediciones se pueda seguir una serie cronológica de resultados.

La comparación siempre es antes y después para un territorio, no tanto con otros territorios vecinos. La calidad de vida es más comparable sobre las expectativas de una comunidad concreta, y no tanto sobre las rivalidades entre comunidades diferentes. Parece más lógico medir la felicidad de un territorio en relación con la satisfacción de sus propios escenarios de futuro, como se quiere subrayar, que en relación con el vecino.


Las técnicas de medición pueden ser cualitativas y cuantitativas, una vez planteado desde el inicio el proceso participativo de lanzamiento y de seguimiento. Del que ya se pueden tener datos elaborados, solo cabe verificarlos y adecuarlos a los requisitos previamente planteados por el foro. En otros casos, cabe hacer una investigación específica con algunos índices sintéticos que se estimen oportunos. Por ejemplo, el número de peces que se hallan en un río puede significar tanto un índice de agua limpia, como el rescate de una memoria histórica perdida. Establecer una serie de grupos de discusión, con una buena muestra, sobre algún aspecto nuevo puede dar al foro informaciones de tipo cualitativo a considerar.

miércoles, 8 de marzo de 2017

El debate sobre el buen vivir y los problemas-caminos para medir los avances en la calidad de vida y la sustentabilidad (2 de 4)

Debate en los Andes

El debate que vivimos en los Andes y el mundo sobre el buen vivir nos puede servir de ejemplo de estos debates y propuestas. El mismo debate sería aplicable a medir el “desarrollo sostenible”, el “decrecimiento”, la “convivencialidad”, o la calidad de vida. Una primera cuestión es si vale la pena establecer mediciones en cuestiones que tienen mucho de subjetivo.

Y hay que reconocer como cierto el carácter subjetivo para cada cultura de la mayoría de estos conceptos. Lo cierto es que hay que tener en cuenta que si no precisamos parámetros más o menos concretos, tendemos a debatir sobre principios, terreno que torna en ideológica, cuando no sectaria, la interpretación de estos conceptos. Por ejemplo, el concepto de “desarrollo sostenible” se utiliza para todo y tanto se usa para justificar el capitalismo verde como propuestas opuestas al capital, hasta el punto de que casi ya no quiere decir nada. Y lo mismo nos empieza a suceder con el término “buen vivir” que lo utilizan tanto algunos gobiernos extractivistas como también las comunidades indígenas antiextractivistas. El resultado es que se acaba discutiendo sobre cuáles serán las intenciones ocultas de unas posiciones u otras, por ejemplo, y no se concreta en cada caso.

El debate por los conceptos y las definiciones es eterno. Una posible salida es pensar que solo cabe renunciar a medir y concretar, y dejar a la vivencia de cada cual lo que quiera creer. Sin embargo, esta opción no contribuye a una construcción colectiva y permite que los más poderosos puedan irse apropiando de todo lo que va emergiendo de la sociedad, como viene ocurriendo en la actualidad. Otra salida es plantear la construcción de nuevos conceptos más precisos cada vez, y que se puedan concretar de manera que se pueda indicar dónde están los fallos y los avances en cada caso. Si reflexionamos un poco no hay nada tan subjetivo que sea de una sola persona, sino que casi todo es intersubjetivo, es decir, suele ser una construcción colectiva de grupos y redes en que nos retroalimentamos. Y más bien dentro de cada grupo o red se suelen hacer comparaciones y evaluaciones (antes y después, mejores o peores) para ver cómo se va evolucionando.
El concepto de “desarrollo sostenible” se utiliza para todo hasta el punto de que casi ya no quiere decir nada.

Y lo mismo nos empieza a suceder con el término “buen vivir”
En el caso del buen vivir la corriente más indigenista o “pachamamista” construye ahora argumentos para distanciarse del concepto que manejan los gobiernos de Ecuador o Bolivia, que tratan de medir en términos más convencionales sus Planes del Buen Vivir. El tercer Plan del Buen Vivir de Ecuador, por ejemplo, ya incluye indicadores que los primeros planes no incluían. Esto es un valor a su favor frente a los anteriores (para que al menos se pueda rendir cuentas), pero también un compromiso más concreto que puede conllevar críticas. Tanto por lo que propone medir como por lo que olvida y, después, por los resultados que consiga. Pero es precisamente ahí donde se ven las diferencias con los conceptos originarios de sumak kawsay. «Dime lo que te interesa medir y te diré qué quieres», sería la crítica de los cambios de orientación que aprecian estos movimientos en los gobiernos.

Dado que desde las posiciones de que el sumak kawsay no se debe medir sino solo vivenciar, estas pierden un punto de mayor concreción en la crítica para el cambio. El debate desde las vivencias se queda en lo personal y en la conciencia de cada cual, lo que dificulta el avance en la construcción colectiva.

No obstante, hay puntos muy interesantes en las aportaciones sobre el sumak kawsay que vienen desde las posiciones más indigenistas o “pachamamistas”. La primera cuestión es que sin los movimientos de base indígena nada de este debate se hubiera producido en estos términos de relaciones ecosociales y cambio global

El debate sobre el buen vivir y los problemas-caminos, al menos en los Andes. Aunque también es verdad que en los últimos años ha habido bastantes divisiones internas y esto dificulta establecer si cuando hablamos de buen vivir hablamos de «convivir en armonía con la naturaleza y la comunidad», o si hablamos de «salir de la pobreza con carreteras y educación occidental», o unas terceras o cuartas posiciones híbridas.

En cualquier caso, el sumak kawsay ha supuesto una crítica al desarrollismo capitalista y al socialismo estatalista (recuperando el ayni como reciprocidad), como defienden sus principales autores.7 Y también una crítica a la filosofía subyacente euro-céntrica y neo-colonial. Para
Atahualpa Oviedo (Ecuador) y Javier Medina (Bolivia), por ejemplo, la lógica aristotélica del «tercero excluido» queda superada por las «ecosofía» (Estermann) «tetrádica» (Oviedo) andinas.
De ahí deducen muchos de ellos que al ser una vivencia personal y comunitaria, no cabe «establecer indicadores del buen vivir» por llevar a un «tecnicismo sin criterios». ¿Pero y si fuera con los criterios de la propia comunidad? Esta corriente de interpretación del sumak kawsay o suma qamaña tiene algunas contradicciones internas que deberían aclararse mejor. Por ejemplo, citan a los pueblos originarios (incluso a los no contactados, ¿cómo pueden saber lo que piensan?) como fuente de esta sabiduría. Sin embargo, parecen evidentes las grandes diferencias de estos pueblos, tanto con el imperio Inka como con el EZLN de Chiapas, a los que también citan como referencias. Más que una sola posición parece haber una pluralidad de interpretaciones híbridas, tanto por la evolución histórica como por la diversidad geográfica y cultural.

Es cierto que damos la razón a numerosos autores actuales del posdesarrollo y de la poscolonialidad en sus críticas al capitalismo desarrollista y al pensamiento eurocéntrico, y así lo reconocen con sus citas. Pero esto es un argumento para un mestizaje creativo con muchas de las dialécticas orientales y de los avances de la física y la biología de los sistemas emergentes, y no tanto para la defensa de una sola interpretación del buen vivir. Criticar la Constitución del Ecuador como una «mezcla irrespetuosa» para el buen vivir parece tanto como erigirse jueces de su pureza “ontológica” (¿esto no es un occidentalismo, nada relacional?). Construir un «vitalismo universal» o un «corazonar» nos coloca en un saber por abducción o chamánico, ¿más para los “iniciados”?
¿Qué hacer a partir de las comunidades indígenas que mezclan casi todo lo que les cae? ¿La «vivencia es una sola» y «ya está decidida»o el buen vivir «no es uno solo y homogéneo»? ¿Se critica a la «izquierda progresista» porque cambia de conceptos al estilo posmoderno muy rápidamente, o como se afirma un poco más abajo, por la repetición reiterada de las consignas del Partido y del Estado? Para ser coherentes con criticar los dilemas eurocéntricos no deberíamos caer en simplificar en dos posiciones la crítica. La posición aristotélica del «tercero excluido» deberíamos superarla siendo más inclusivos. Tanto con posdesarrollistas como con las comunidades indígenas y mestizas, disputando el sentido del buen vivir y del sumak kawsay a las tendencias más encubridoras del estatismo y el capitalismo.

Posiciones constructivas
Junto a las corrientes más “pachamamistas” o las más “estatalistas”, hay otras que se debaten en cómo concretar los valores alternativos. Desde posiciones constructivas e integradoras queremos entrar en la crítica de los parámetros a medir, que son más difíciles de encubrir que el debate sobre los conceptos. Es una forma de obligar a aterrizar los conceptos más allá de meras discusiones nominalistas por algunos autores. Si bien tiene interés el debate sobre los conceptos, puesto que introduce mayor precisión en lo que se quiere construir, lo cierto es que tarde o temprano los poderes se apropian de los conceptos y los van descafeinando para adaptarlos a sus intereses. Así pasó en décadas pasadas con el ecodesarrollo, el desarrollo a escala humana, el desarrollo sustentable, el eco-socialismo,y seguramente con las alternativas al desarrollo también pasará. El cambiar a otros conceptos más fuertes como el del decrecimiento, sumak kawsay, swaraj, etc., no va a garantizar que no se apropien o adulteren más allá de su sentido original.

La obligación de quienes queremos transformar la sociedad y caminar por una transición hacia una vida pro-común y sustentable, es ir poniendo nuevos retos conceptuales y tratar de que se vayan concretando en la vida cotidiana. Aun sabiendo que seguramente serán cooptados y manipulados, pero luchando porque sean lo más precisos y concretos posible, de manera que nos ayuden a mejor-vivir. A finales de los años noventa en Buenos Aires me publicaron dos libros bajo el título de Cuatro redes para mejor-vivir (1998), donde argumentaba ese concepto, que entonces se planteaba como crítica al concepto de “bienestar” y sus medidas. No se trataba ya entonces de tan solo “estar” pasivo en un Estado que redistribuye, sino de “vivir”. No se trataba de esperar a que el capital o el Estado nos facilitaran“estar” aunque fuera bien, sino de vivir o mejor aún convivir, con unas posiciones pro-activas hacia los semejantes y hacia la naturaleza, poder ser protagonistas de nuestras vidas en común.

El “estar” en la versión “pachamamista” es un estar vinculado a la naturaleza y disponible a lo que vaya apareciendo. Es sentirse parte y no una concepción tan pasiva como la del “estado del bienestar”. La concepción indígena del sumak kawsay es “tetrádica” pues de relaciones ecosociales y cambio global trata de mantener en armonía cuatro conceptos básicos: ushay (poder), ruray (hacer), munay (querer) y yachay (saber). El estar o querer está vinculado al «cuidado de la
Pachamama». El hacer, a la economía comunitaria y a la comercialización y tecnologías saludables. El poder es la organización comunitaria, mediante la justicia y las alianzas. El saber se refiere a la educación, a la comunicación y a los conocimientos. Estos conceptos tomados de ECUARUNARI, son retomados por el PYDLOS, y constituyen la base de los aspectos fundamentales que no se deben olvidar en la comunidad.12 Veremos más adelante cómo en otros movimientos y autores se repiten como cuatro intercambios básicos.

Desde posiciones constructivas e integradoras queremos entrar en la crítica de los parámetros a medir, es una forma de obligar a aterrizar los conceptos más allá de meras discusiones nominalistas por algunos autores El adjetivo “mejor” aunque sea con un guion (“mejor-vivir” como lo planteaba entonces) ha recibido críticas porque se asimila a conseguir “lo mejor” en los términos de competen
cia con los demás. Pero también se puede entender en el sentido de cómo mejorar cada cual su grupo o su comunidad, no en competencia con otros sino consigo mismo. Pero se puede cambiar por otra expresión mejor, por ejemplo, vivir “mejor, con menos”,13 que da título a un libro que también abunda en este tipo de planteamientos. Cuando se plantea ahora la vida plena14 parece que se absolutiza demasiado una sola forma de entender la vida (¿es que no ha de evolucionar este concepto?), como si alguien o alguna ideología pueda decir cuál es esa vida buena o plena de una vez para todas. El concepto de mejor, mejorable, es más relativo y relacional, más cercano a lo que puede estar en las manos de una comunidad o un grupo, o una red del tamaño que sea, para perfeccionarse.

Desde luego, como dice Gudynas,15 hay muchos “buenos vivires”. Y eso les da mucha más creatividad a los procesos. Algunos son simples formas de nombrar el desarrollo y el crecimiento con nuevos disfraces, pero precisamente en sus aplicaciones se ve la trampa, y algunos indicadores nos lo pueden descubrir. De ahí nuestro interés en procurar aclarar estos aspectos. En otros casos cabe recordar que como puedan entender el sumak kawsay, los quichua o los shuar, los cañaris o los pueblos originarios no contactados, seguramente es muy diferente. Y a su vez diferente de los aymaras del suma qamaña, de los mapuches, etc. Cierto que su raíz común apunta en contra del modelo de desarrollo de tipo occidental, pero más por negativo de éste que por positivo. Pero también cabe entender que el imperio Inka frente a los Cañaris tuvo sus guerras de conquista como el imperio de Castilla-Aragón lo tuvo con Galicia o Canarias, antes de invadir Abya Yala. No conviene mitificar ninguna experiencia como la única referencia plena.

Entre las muchas aportaciones a estos “vivires pro-comunes” están en Asia la referencia al swaraj o auto-gobiernos de la comunidad que popularizó Gandhi en su subcontinente, o las raíces taoístas o del budismo zen que implican igualmente otras formas de vida comunitarias y de integración con los demás seres del ecosistema. Y en occidente-norte se ha recuperado formas de transición al poscapitalismo como son los ecosocialismos, los decrecimientos, las comunidades en transición, el convivencialismo, etc. Son muy diversas las raíces de las que derivan cada uno de estos movimientos, y no parece tener sentido destacar de todos ellos más que su confluencia en la crítica de los desarrollismos. No es tanto mirar hacia atrás por una esencia perdida, como mirar hacia adelante para la posible construcción colectiva de las alternativas de transición hacia los poscapitalismos posibles.Solo contando con las redes cercanas, y a ser posible con las más amplias, podrán lograrse las mejoras en la vida. Ya en los dos volúmenes de 199816 me planteaba las cua-
tro redes colectivas o comunitarias y a distintas escalas, por lo que no se pueden entender tan solo como opciones individuales. Se trata de concretar los avances en común, o procomún, como se suele precisar más actualmente o en el convivencialismo.17 Tal vez deberíamos construir mejor el «vivir pro-comunes mejorables o creativos», para borrar toda alusión de individualidad y de competencias con otras formas que no fueran hacia una mejora solidaria.



lunes, 6 de marzo de 2017

EL CONCEPTO SENTIPENSANTE. ORLANDO FALS BORDA

Entrevista con el colombiano Orlando Fals en el que nos explica claramente como surge el concepto SENTIPENSANTE