jueves, 15 de junio de 2017

DE LA DEMOCRACIA DELEGADA DISTRIBUTIVA A LAS DEMOCRACIAS PARTICIPATIVAS CONVERSACIONALES (2/3)

LAS ELECCIONES PRODUCEN UN OBJETO QUE COBRA EXISTENCIA AL SER MEDIDO

La estrategia empleada por los "guerristas" tuvo un efecto perverso (un efecto no deseado), pero tampoco las demás estrategias aplicadas en el ámbito electoral garantizan que se consiga lo que se pretende. No son una garantía porque la participación en las elecciones produce un objeto complejo que escapa del control de la inmensa mayoría de los que lo producen. Sólo quien lo controla disfruta de los efectos de la estrategia empleada. Por ejemplo, en el primer caso, en la estrategia del compromiso, quien opta por el centro y controla el objeto electoral, miel sobre hojuelas, pues quien dice que está con unos y con otros no está ni con unos ni con otros, utiliza a unos y a otros para su provecho personal. No experimentarán, sin embargo, la misma satisfacción quienes no puedan controlar el producto del que forman parte.
Se dice que las consultas electorales sirven para medir las opciones que se presentan, pero lo que no se dice es que al medir es como se constituye lo que se pretendía medir, esto es, al medir es como se constituye, materialmente hablando, el objeto-opción electoral. Las opciones, electoralmente hablando, comienzan a existir en el momento en que son medidas. Las consultas electorales crean realidades al tiempo que las miden. Los partidos que concurren a las elecciones comienza a existir, electoralmente hablando, cuando tras el recuento electoral se da a conocer el tamaño respectivo de cada uno de ellos. Electoralmente hablando, se pude decir que un partido es lo que mide, sin que se pueda medir lo que ES, dado que antes de ser medido carece de existencia. Comienza ha existir en el mismo momento en que es medido. Pero, dado que cada cual infiere su propio significado al significante propuesto, el objeto-opción electoral no pertenece a quienes lo constituyen sino a quienes tienen potestad de administrar el objeto surgido de la medición de la opción electoral. De esta manera se crea un objeto que escapa del control de quienes han sido utilizados como materia para su construcción. Siendo, por tanto, los intereses de quienes administran el objeto-opción y no de quienes la constituyen lo que prevalece.

Quien se apodera del objeto construido lo utiliza al servicio de sus intereses como más estima conveniente, coincidan o no con los intereses de quienes producen y constituyen el objeto construido. Este modo de proceder se ve de manera más nítida cuando la mayoría absoluta se alcanza en virtud de acuerdos postelectorales. Para que, tras acuerdos postelectorales, se alcance la mayoría absoluta, es preciso convertir en un único conjunto dos o más conjuntos de diferente naturaleza. Para que ello pueda efectuarse, las características singulares de cada conjunto han de disolverse al servicio del nuevo conjunto construido. Si no fuese así sería imposible sumar dos conjuntos entre sí. Tal y como nos enseñaron en la escuela no es posible sumar peras con manzanas. No es posible porque el resultado de la operación serían manziperas o perimanzanas, elementos que no pertenecen a ninguno de los conjuntos. Sólo cuando convertimos las manzanas y las peras en piezas de frutas con las que hacer, por ejemplo, una macedonia podemos realizar la suma. Dependiendo del uso que pretendamos hacer tendremos uno u otro conjunto, esto es, dotaremos de una u otra naturaleza a los conjuntos constituyentes. Del mismo modo se procede cuando se suman los votos de distintos objetos electorales. Cada objeto electoral se convierte en tantas realidades como se estime conveniente para atender la finalidad que en cada momento pueda presentarse. En consecuencia, no es ya que el fin justifique los medios sino que la finalidad crea los propios medios.
De este modo, las unidades de medida, que en tanto sujetos hablantes, configurar estructuras -es como si los centímetros pudieran hablar entre sí y pudieran posicionarse como afines, contrarios, diferentes o ajenos entre sí- quedan medidas -quedan estructuradas entre sí- de acuerdo con el interés de quien tiene poder para ejercer de kantiano sujeto transcendente. Es decir, queda estructurado el cuerpo de electores como más convenga a sus intereses y no necesariamente como grupalmente tiene lugar. Quien administra los votos agrupados procedentes de distintas opciones, al no tener en cuenta (por desconocimiento o por intención deliberada) ni las motivaciones que han llevado a cada persona a decantarse por una u otra opción ni las estructuras grupales que se articulan o pudieran articularse en torno a las necesidades y demandas sociales, opera con las personas considerándolas en su dimensión de unidades de medida, esto es, sin preguntar si están a favor o en contra de quedar agrupados en la opción resultante de los acuerdos postelectorales. Algo que, en tanto que unidades de medida, resulta comprensible, pues nadie pregunta a los centímetros cada vez que se procede a agregar dos o más mediciones efectuadas con anterioridad, pero que sí resulta censurable en tanto que seres humanos que eligen entre varias opciones, ya que puede ocurrir (de hecho ocurre, véanse los acuerdos postelectorales en distintas consultas electorales) que se pervierta la voluntad de quienes votaron a una opción determinada.
Sirva para la reflexión las siguientes preguntas: ¿todos los que en las últimas elecciones autonómicas (mayo de 2003) han votado en la Comunidad de Madrid a Izquierda Unidad están de acuerdo en que sus votos se junten con los obtenidos por el PSOE? ¿También quienes hace unos años no estaban de acuerdo en establecer pacto alguno con este partido, ya que lo identificaban con la corrupción y los crímenes de Estado?



DE LA ELECCIÓN DE RESPUESTAS A LA FORMULACIÓN DE PREGUNTAS Y RESPUESTAS

¿Dado que las grupalidades no se corresponden con las agrupaciones, se debería, entonces, habilitar dispositivos para que fuesen los grupos y no los individuos quienes participasen en las consultas electorales?
Siendo coherente con lo expuesto hasta ahora, habría que contestar afirmativamente.
El problema surge en el momento de convocar a los grupos, pues previamente habría que identificarlos.
Cada vez que hay elecciones cada persona mayor de edad recibe una notificación en donde se le anuncia dónde puede votar, pero a qué dirección se ha de dirigir la notificación para que los grupos acudan a depositar su voto en su correspondiente urna electoral. Distintas organizaciones se sentirán legitimadas para que la notificación se dirija a su domicilio postal. Los sindicatos considerarán que en su domicilio postal es donde se ha recibir la notificación para que acuda a las urnas el grupos constituido por los trabajadores; las organizaciones feministas dirán que a su domicilio ha de llegar la notificación del grupo que integra a las mujeres; las organizaciones juveniles, ídem de ídem; las organizaciones de pensionistas, ídem de ídem; las de inmigrantes, ídem de ídem. Y aquí no acabaría, habría quien reclamaría que se le enviara la notificación correspondiente en tanto organización que aglutina al grupo de vecinos del barrio, o de consumidores o de defensa del medio ambiente de la localidad, o de ....
Obviamente, optar por esta vía presenta algunas objeciones. Entre otras, y sin exhaustivos, cabrían las siguientes:
a) No todas las personas pertenece a alguna organización.
b) No todas las personas pertenecen a una sola organización.
c) Hay miembros de grupos que rechazan ser representados por las organizaciones que dicen ser sus representantes (léase, sindicatos, organizaciones feministas, de vecinos, etc.).
d) Diferentes organizaciones se atribuyen la representación de un supuesto mismo grupo.
e) Una persona no es la misma en todo tiempo y lugar -recuérdese a Heráclito cuando decía que no nos bañaremos dos veces en el agua del mismo río-, por lo tanto, los grupos no son inmutables, dependiendo de lo que esté en juego se articularán unas u otras relaciones grupales.
En definitiva, no pertenecemos tanto a grupos como a distintas redes sociales. Es en las redes sociales en donde cada persona fragua sus necesidades y prioriza sus intereses. Redes en las que quedan incluidas las propias organizaciones y grupos sociales, estén o no formalmente constituidos.

Parece que la cosa se complica. Lo que ganamos en claridad conceptual parece que lo vamos a perder en operatividad, pues si difícil era convocar a los grupos, más difícil, en principio, resultará convocar a las redes.
Si consideramos la redes como entidades dotadas de naturaleza propia, resultará no difícil sino prácticamente imposible operar con ellas, pero si tenemos en cuenta que las redes no son canales fijos donde, cual góndola, circulan los seres humanos y sus mensajes, sino que las redes la conforman seres humanos que quedan conformados (identificados) en la redes que se modifican según lo que esté en juego, no resulta tan imposible contactar con ellas. Si bien, no se puede pasar por alto la complejidad del asunto: para dar cuenta de las redes tenemos que convocar a los seres humanos que la integran, pero para saber quienes integran unas u otras redes hemos de conocer la composición de las redes sociales. Afrontar una realidad compleja requiere una estrategia compleja. Abordar este bucle requiere aplicar otro de un nivel superior. Superar el bucle del conocer que nos remite al conocer requiere construir lo que queremos conocer. Planteamiento que nos exige no tanto conocer redes como propiciar la puesta en escena de todas las redes posibles [no todas las posibles redes1] con las que aprender a aprender las necesidades sociales. De este modo, la articulación de las redes concretas de la localidad concreta nos da cuenta tanto de las necesidades concretas como de las propuestas concretas con las que atenderlas, pues, el que se diga que se ha de propiciar la puesta en escena de las redes posibles, no significa que las redes estuviesen esperando en el camerino de la vida para representar su papel en el teatro del mundo, sino que adquieren su existencia en el devenir conversacional.
Este modo de proceder supone un salto cualitativo respecto a la democracia delegada. Este modo de proceder auna lo individual y lo grupal porque se participa como miembro de una red que construye redes, o dicho de otro modo, se participa individualmente para defender intereses grupales. Haciendo que prevalezca quienes se representan la realidad sobre los representantes, subordinando la elección a la distinción (a la capacidad de decidir), esto es, subordinando la posibilidad de contestar a la capacidad para generar preguntas y formular propuestas. La democracia, así entendida, no se limita en permitir, cada cierto tiempo, la elección de quienes se presentan a las elecciones de turno, sino que propicia la enunciación de problemas sociales y el modo de resolverlos. Como dice el Equipo del Reparto, en relación a los presupuesto participativos llevados a cabo en Cabezas de San Juan (Sevilla), el trabajo desarrollado "era una excusa para propiciar un proceso de transformación social [...] El Reparto, por si no había quedado claro todavía, va de eso: reparto no de dinero, sino de poder, de poder hacer" (EQUIPO el REPARTO, 2002: 197 y 230).
¿Por qué se dice que prevalece quienes se representan sobre los representantes?.
En otro momento se ha dicho que en la democracia delegada cada elector infiere su particular (e intransferible) sentido a un mismo supuesto significante, construyéndose un objeto-opción-electoral que escapa del control de quienes lo constituyen, siendo los representantes quienes se apoderan del mismo, dotándole del significado que en cada momento más le convenga. En la democracia participativa conversacional también cada persona se representa la realidad de manera particular e intransferible, pero en vez de adherirse a un significante cada uno tiene la oportunidad de conocer cómo cada cual se representa la realidad, siendo en la negociación-conversación como se construye un objeto-opción-propuesta perteneciente a todos y cada uno de los que conforman el todo grupal. Por tanto, los sujetos que se representan la realidad no son sólo quienes construyen el objeto-propuesta sino también quienes se apropian del mismo.
Al descansar el modo de proceder en la conversación, tiene lugar, como en toda conversación que se precie, no únicamente la formulación de repuestas sino también la elaboración de preguntas. Pues, como se sabe, quien construye las preguntas define el marco de las posibles respuestas. Al definir un problema no sólo se enuncian las preguntas sino también las posibles respuestas. Dependiendo, por ejemplo, de cómo se defina la inmigración se habilitarán sus correspondientes repuestas. Recuérdese la frase que Aznar pronunció cuando las autoridades españolas fueron acusadas de haber atado, amordazado y drogado a un grupo de inmigrantes que fueron expulsados de nuestro país: "Teníamos un problema y lo hemos solucionado". Quien define el problema define el marco de las posibles respuestas.
Teniendo en cuenta lo dicho, se ha de afirmar que el simple recurso de la telemática no cambia sustancialmente la participación distributiva propia de la democracia delegada. La telemática puede ser utilizada para desarrollar procesos participativos, pero ha de tenerse en cuenta, por una parte, que el número de usuarios de los recursos informáticos es, hoy por hoy, bastante reducido; y, por otra, que no es suficiente con disponer del soporte comunicacional si lo que se comunica no difiere sustancialmente de aquello que los medios de comunicación -controlados por el capital transnacional- determinan que ha de ser considerado como relevante. La incorporación y distribución de información no es equivalente a la comprensión crítica y a la comprensión activa en el entorno que nos rodea. O dicho de otro modo, no es suficiente con dar la palabra si este derecho no va acompañado de un proceso que favorezca la formulación de otras preguntas por parte de quienes siempre han sido utilizados para que respondan a las preguntas elaboradas por los de siempre. Ello no quiere decir que haya que estar en contra del uso de la informática, muy al contrario [véase el uso que de Intenet hace el subcomandante Marcos], siempre que no se olvide que el uso de la tecnología ha de encontrarse supeditado al modelo de participación por el que se apueste.
En línea con esta apreciación, se ha de decir que la democracia participativa tampoco puede reducirse a la creación de órganos administrativos más o menos puntuales de participación directa. Sin descartar estas medidas, las democracias participativas han de ir más allá, como dice Villasante, "el problema no es tener o no una concejalía de participación o reglamentos de participación, sino de concebir y poner en prácticas procesos de democracia participativa, que es algo muy distinto" (VILLASANTE: 1996: 30). O como dice El Equipo el Reparto: "la misión era que los políticos del municipio comprendieran y asumieran que el Reparto no era sólo la creación de un nuevo organigrama más eficaz para la gestión municipal, sino que hablamos de reparto de poder; o sea, tomar decisiones políticas" (EQUIPO el REPARTO, 2002: 204). En consecuencia, no es suficiente con habilitar dispositivos de elección directa, sean estos vía telemática o de manera presencial. Estos dispositivos han de enmarcarse en procesos participativos conversacionales.

En la democracia delegada unos deciden cómo se ha de proceder y otros son quienes disfrutan o padecen las actuaciones que se desprendan de los planes, programas y proyectos que se implementan, y, asimismo, unos conocen y otros son objeto de conocimiento. Unos extraen información (los técnicos) a otros (la población), y otros son quienes planifican, o dan las directrices que han de seguirse en la elaboración de los planes (los políticos).
Para acabar con el divorcio entre quienes son sujeto de y quienes son objeto de conocimiento, así como entre quienes planifican y actúan y quienes disfrutan o padecen las actuaciones emprendidas, para que, en definitiva, la comunidad en su conjunto tenga tanto capacidad para formular los problemas como pueda proponer las soluciones a los mismos, se ha de propiciar que la ciudadanía, de manera participada, produzca conocimiento, formule propuestas, adopte decisiones, planifique, ejecute acciones, gestione y evalúe lo realizado. Para ello, como se viene diciendo, se ha de propiciar la participación conversacional. Pues conversar es negociar, y viceversa: "Lo que yo digo que tú dices que yo digo es o no es lo que yo digo que tú dices que yo digo". Si bien, es difícil que mediante una simple convocatoria pública comience la conversación sin más. Para que la conversación se produzca se ha de iniciar un proceso de investigación/planificación social participada mediante el cual se llegue a formar un conjunto de acción lo más denso posible, esto es, lo más amplio y que con la mayor intensidad posible aune a los afines con los diferentes e incluso con los ajenos en la formulación de problemas y en la forma de planificar el modo de resolverlos.


1 . Las posibles redes son infinitas. Teóricamente se puede sugerir que las amas casas, pongamos por caso, puedan relacionarse con los altos ejecutivos de las empresas transnacionales, pero aunque puede que alguna ama de casa ejerza también de alta ejecutiva, no es lo habitual. Si bien, las mujeres consideradas amas de casa no son sólo amas de casa, de ahí que si establecemos las redes posibles, propiciaremos que emerjan los conjuntos de acción posibles en relación a una determinada problemática social.

lunes, 5 de junio de 2017

Democracias Transformadoras. Experiencias emergentes y alternativas desde los comunes

Para qué sirven los movimientos sociales? ¿En qué punto están ahora movimientos como el 15M o las “mareas” de indignados? ¿Volverán las movilizaciones? ¿Qué puede hacer el municipalismo en campo propio y ajeno? ¿Quién tiene capacidad para hacer las trasformaciones sociales y políticas? ¿Qué características tienen y cómo funcionan los movimientos sociales? ¿Se consigue democratizar los sistemas donde operan? y ¿qué ventajas e inconvenientes muestran? ¿Cómo se pueden aprovechar para una mejor democracia y para unas formas mejores de vida cotidiana de las personas del común?Democracias Transformadoras. Experiencias emergentes y alternativas desde los comunesel último libro de Tomás R. Villasante, afronta esas y muchas otras preguntas y, para responderlas con rigor, aporta experiencias emergentes, metodologías participativas, y nuevos caminos para las democracias participativas.

Así, en Democracias transformadoras se parte de experiencias internacionales, las movilizaciones indignadas y la comparación de dichos movimientos. Se debate el papel de los movimientos sociales, sus contradicciones, sus potencialidades, las estrategias telemáticas, y las motivaciones de los liderazgos y los grupos motores. Y se pasa a una crítica de los juegos de poderes y a las estrategias transformadoras y desbordes socio-políticos, con poderes paralelos y transiciones hacia democracias de iniciativas.
El libro termina presentando modelos de gestión colaborativa, planificación y presupuestos participativos, e incluyendo errores frecuentes que se pueden superar en ámbitos como el estudiado.
El autor: Tomás R. Villasante es Doctor en Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales, cofundador de la Red Cimas (Observatorio Internacional de Ciudadanía y Medioambiente Sustentable) y, desde 2008, Profesor Emérito en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Además es escritor y colaborador habitual del Periódico Diagonal  ha sido activista de los movimientos vecinales y ecologistas, e impulsor de procesos por las democracias participativas en varios países. En sus trabajos de investigación-acción ha desarrollado aportaciones innovadoras a las metodologías sociales. Con El Viejo Topo ha publicado La investigación social participativa. Construyendo ciudadanía (Parte I y Parte II).
Vídeo de Tomás R. Villasante (sociólogo Red CIMAS) sobre el uso de herramientas digitales en procesos de participación ciudadana. Foro Social Mundial de Madrid (19/06/2015):




miércoles, 24 de mayo de 2017

DE LA DEMOCRACIA DELEGADA DISTRIBUTIVA A LAS DEMOCRACIAS PARTICIPATIVAS CONVERSACIONALES (1/3)

TOMÁS R. VILLASANTE | UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

[Artículo incluido en el libro titulado Reparto: Presupuestos Participativos y Autogestionados en Las Cabezas de San Juan. Atrapasueños, Sevilla, 2003]

INTROITO

La democracia delegada y su dispositivo de participación distributiva [léase las consultas electorales] no son los medios más acertados para conocer el modo que mayoritariamente la población considera más adecuado para solucionar, o al menos paliar, todos y cada uno de los problemas sociales que inquietan y preocupan a la ciudadanía. Como se mostrará seguidamente el que los resultados de las elecciones proporcionen a una opción electoral el mayor porcentaje de representantes no significa, necesariamente, que esa opción represente los intereses, deseos y necesidades sociales de la mayoría de la población. Para conocer tanto las necesidades sociales como el modo que mayoritariamente se considera más pertinente para atenderlas, se ha de propiciar procesos participativos conversacionales.
En este capítulo se dará cuenta de uno de los modos posibles de producir, participadamente, tanto conocimiento como propuestas de actuación con las que atender las necesidades que mayoritariamente la población así las considera. El propósito que se persigue con la exposición es el de contribuir al desarrollo de las democracia participativas. Dicho en plural, pues no se pretende fijar un modelo a imitar. Serán las especificidades de cada realidad concreta las que marcarán el concreto camino que ha de configurar los procesos participativos conversacionales.


¿POR QUÉ LLAMARLA DELEGADA Y NO REPRESENTATIVA?

El adjetivo de delegada no lo recibe porque se elijan delegados que tengan la función de ejercer de meros portavoces, y cuya revocación puede tener lugar en cualquier momento, sino porque se delega en otros la facultad para tomar decisiones que afectan a la vida pública y privada de la ciudadanía. Y, aunque se delegue en otros, no puede ser considerada representativa porque para que así fuese la parte [la muestra] debería, en la misma proporción, reproducir el todo [el universo al que pertenece la muestra].
¿Quién representa a los que se abstienen?, ¿y a los que votan a un partido que no alcanza el 5% ó el 3%, según sean unas u otras elecciones?. Otra pregunta: ¿cada representante representa al mismo número de representados? La respuesta es no. En virtud de la aplicación de la Ley de D´ Hont, no todos los representantes representan al mismo número de representados. Por ejemplo, según los resultados de las últimas elecciones municipales celebradas en Madrid (mayo de 2003), el Partido Popular obtuvo un concejal por cada 29.142 votos; el Partido Socialista Obrero Español lo obtuvo por cada 29.769, e Izquierda Unida por cada 30.755 votos.
Esta desproporcionalidad se acentúa aún más en las elecciones generales al Congreso de los Diputados. Como se sabe no hay una circunscripción electoral única, y, como no todo el mundo sabe, a cada circunscripción se le asigna un número de diputados que no se corresponde con el peso específico (el tamaño relativo) del cuerpo electoral de cada una de ellas. Así, por ejemplo, según los datos de las últimas elecciones generales (marzo, 2000), Soria, con un censo electoral de 79.509 personas, tenía asignados 3 diputados, mientras que a Madrid, con un censo electoral de 4.316.674 personas, le correspondían 34 diputados. Puede decirse, electoralmente hablando, que cada soriano, en las últimas elecciones, valió por 4,79 madrileños.
Además de la asignación desproporcional se ha de tener en cuenta que los efectos de la aplicación de la Ley de D´ Hont se hacen más notorios en ámbitos en los que el número de diputados a elegir no es muy grande, pudiéndose dar el caso, como refleja el cuadro adjunto, que a un partido que obtenga 35% más de votos que otro, sin embargo, agraciado, por la Ley D´Hont, se le asigne un 300% más de representantes; y un tercer partido que haya superado el 5% de los votos no obtenga acta de diputado alguna.





VOTOS

DISTRIBUCIÓN DE ESCAÑOS


Partido A



100.000

100.000

50.000

33.333

25.000

Partido B



65.000

65.000

32.500

21..666

16.250

Partido C



33.332

33.332

16.666

11.110

8.333

Cuatro son los diputados en juego. En negrita los cocientes más altos que dan cuenta del reparto de escaños.

La ausencia de una circunscripción única o, al menos, de una que recogiese todos los restos que se quedan sin representación, junto con la aplicación de la Ley de D´ Hont hacen que no exista una correcta correspondencia entre el número de votos que reciben los partidos que concurren a las elecciones y el número de actas de diputados que cada partido consigue tras el recuento de las papeletas electorales. Sin embargo, ésta circunstancia no impide que en el Congreso de los Diputados cada voto de cada diputado valga lo mismo, esto es, uno, por ejemplo, pongamos por caso, en el pleno donde se decide si España ha de apoyar o no la guerra contra Irak.



PROGRAMAS ELECTORALES Y NECESIDADES Y DEMANDAS SOCIALES

Como se puede apreciar, los criterios empleados para distribuir los escaños desajetivizan de representativa a nuestra presente democracia. Y aunque los escaños se distribuyeran proporcionalmente de acuerdo con el número de votos obtenidos quedaría pendiente la contestación a la siguiente pregunta: ¿la opción electoral que obtiene el respaldo mayoritario representa los intereses de la mayoría de la población?
Habría que contestar con un no si nos remitimos a la desintonía que respecto a la guerra ha existido entre el Parlamento Español y la población española: mientras el Parlamento, por mayoría absoluta, apoyaba la intervención militar de Estados Unidos en Irak, más del 90% de los españoles se oponían a ello.
Si la desintonía ha sido de tal magnitud, por qué, entonces, en las últimas elecciones autonómicas y locales (mayo, 2003) no ha sido barrido del mapa electoral el partido que se ha opuesto al deseo del 90% de los españoles. Múltiples son las respuestas que se pueden dar, pero todas ellas nos remiten a que distintas lógicas operan en una y otra circunstancia. Se opera de diversa y distintos son los sistemas de medida utilizados para medir distintas realidades sociales. Si estamos compitiendo en una carrera de atletismo lo que se persigue es llegar el primero a la meta; en cambio en un partido de fútbol, el objetivo es meter goles, pero, ¿qué pensaríamos si un partido de fútbol no lo ganase el equipo que más goles hubiese metido sino el que más kilómetros hubiese recorrido en el transcurso del encuentro?. No sería extraño sentirnos estafados. La perplejidad nos invadiría. Algo similar acontece cuando queremos encontrar respuestas a lo que acontece en el campo del juego electoral con la lógica de las demandas sociales: Las elecciones miden las opciones electorales y no, en la misma dimensión, las propuestas sociales con las que solucionar los problemas sociales. Puede decirse que la opción electoral mayoritariamente elegida representa los intereses electorales de la mayoría de la población, pero no, necesariamente, representa los intereses e inquietudes sociales de la mayoría de la población.

Utilicemos para ilustrar la afirmación realizada los resultados de las últimas elecciones municipales al ayuntamiento de Madrid. En esta elecciones, el Partido Popular obtuvo el 51,08% de los votos. Todos los medios de comunicación, sin distinción alguna, coincidieron en sus titulares: "Gallardón arrasó". Lo que venía a significa que Gallardón cuenta con el respaldo de la mayoría de los madrileños. O lo que es lo mismo, para la mayoría de los madrileños el programa del PP responde a sus intereses y necesidades sociales. Si embargo, si tenemos en cuenta que la abstención fue secundada por un 31,10%, que el 1,60% de los votos fueron en blanco y que los nulos representaron el 0,44%, tan sólo el 35% de los madrileños con derecho a voto eligió al PP. En consecuencia, se puede decir que de cada diez madrileños con derecho a voto 6,5 (o sea, el 65%) no se decantaron por la candidatura encabezada por Gallardón. De lo que se puede colegir que, tras conocerse los resultados definitivos de las elecciones municipales, el número de madrileños que vieron satisfechos sus deseos electorales fue muy inferior al de los que no los vieron satisfechos. Si bien, tal y como habitualmente se procede, se dirá que si gobierna la opción que ha obtenido el respaldo mayoritario se conseguirá que el tamaño del conjunto formado por los insatisfechos, ajenos e indiferentes sea el más pequeño posible. Concretamente, atendiendo a los resultados electorales, si el PP gobierna, ese conjunto lo constituiría el 69% de la población madrileña, mientras que si gobernase el PSOE, el conjunto lo constituiría el 74,84% de la población madrileña, y si gobernase IU lo constituiría el 95,5% de la población madrileña.
Se puede afirmar, por tanto, que de todos los programas electorales el Partido Popular no es el que la mayoría de los ciudadanos del municipio de Madrid considera más adecuado para atender sus necesidades y demandas sociales pero sí el que más ciudadanos del municipio de Madrid así lo consideran. 

Ahora bien, ¿se podría afirmar, igualmente, que el programa del PP es el programa que más ciudadanos del municipio de Madrid consideran que es el que mejor puede atender sus necesidades y demandas sociales?
Habría que contestar afirmativamente si la realidad sólo admitiese ser medida con una lógica que sólo considerarse la negación activa del tipo A y lo contrario de A, tal y como las consultas electorales fuerzan que así se proceda, en donde la elección es excluyente. Vale decir, como si decantarse por una opción electoral supusiera estar en contra al cien por cien de otra u otras opciones. Si embargo, la realidad no sólo admite mediciones nominales digitales sino también graduales analógicas del tipo A me gusta más o menos que B.
Obvio es que no todos los que se abstienen están en contra de todas y cada una de las propuestas recogidas en los, respectivos, programas electorales. Seguro que quienes se abstienen están de acuerdo con algo del programa de un partido que concurre a las elecciones. Y seguro, también, que a los que votan siempre hay algo que no les gusta de la opción que han elegido, y siempre hay algo que les agrada de las otras opciones no elegidas. De ahí que se diga que no necesariamente la opción electoral que obtiene el mayor porcentaje de representantes, aunque obtenga la mayoría absoluta, ha de representar los intereses, deseos y necesidades sociales de la mayoría de la población. No necesariamente es así, porque las consultas electorales permiten conocer el tamaño que alcanza cada opción, pero no nos permiten conocer las características internas de cada agrupación, ni las relaciones grupales que mantienen quienes se decantan por una u otra opción.

Las consultas electorales, en las que se elige individualmente entre distintas opciones, se convocan para medir cada una de las opciones que se presentan. Para ello se utilizan unas unidades de medida muy singulares. Éstas unidades de medida son los propios seres humanos. Unos seres humanos utilizan a otros seres humanos como unidades de medida. Si se obvia ésta circunstancia, se carece de argumentos para afirmar que la opción que obtenga la mayoría no necesariamente representa los intereses de la mayoría de la población, sin embargo, sí tendremos argumentos para mantener la afirmación pronunciada si no pasamos por alto que cada unidad de medida es asimismo un sistema de medida, esto es, si tenemos en cuenta que cada persona utiliza su particular e intransferible criterio -ya que nadie se puede meter en la cabeza de nadie- para decantarse por una u otra opción, o, lo que es lo mismo, si tenemos en cuenta que diferentes son los motivos por los que se coincide en elegir la misma opción electoral, e incluso similares a los que se decantan por opciones diferentes a la elegida.
Si conociéramos las motivaciones que llevan a cada persona a elegir una opción determinada y las valoraciones que de las otras opciones se hace, se podrían establecer grupos por afinidad. Si así se hiciera, con toda seguridad, ni las características ni el tamaño de los grupos se corresponderían con el de las agrupaciones resultantes de la suma de las adhesiones individuales. Entre otras cuestiones porque la opción preferente no necesariamente ha de coincidir con la opción preferida. Puede ocurrir, entre otras circunstancias, que personas que votan a una opción prefieran otra. Puede ocurrir que no se vote a la opción preferida porque se crea que la misma no alcanzará un resultado óptimo -recuérdese el voto útil-, y, de acuerdo con el cálculo de ganancias y pérdidas, se vote al que supone que menos pérdidas pueda ocasionar. Piénsese en el último Congreso de PSOE, Rodríguez Zapatero alcanzó la Secretaría General con algunos votos del sector "guerrista" que no veía con buenos ojos que José Bono se hiciese con el control del Partido Socialista, pues, este sector pensaba que si el presidente manchego accedía a la Secretaría General ejercería un control total de partido, con lo que el sector "guerrista" sería marginado de los órganos de gobierno, pero dado que finalmente los "guerristas" no consiguieron ningún puesto en la ejecutiva socialista, no puede afirmarse que este sector se sintiera muy feliz al ver que la opción que votaron obtuviera la mayoría. O, al menos, no tan felices como aquellos que coincidieron en votar la misma opción pero que pertenecían a la corriente liderada por el nuevo secretario general.
Que gane la opción por la que se ha optado y que no se alcancen los objetivos que con tal decisión se pretendía conseguir, es más habitual de lo que la lógica aristotélica pudiera determinar.
No lo es porque la realidad social no se deja encerrar por la lógica aristotélica.
Como se sabe, la lógica aristotélica se sustenta en tres principios. Principio de identidad: A es igual a A; de no contradicción: A no puede ser lo contrario de A; y tercero excluido: entre A y su contrario no puede haber ningún término intermedio.
Los seres humanos somos seres complejos (algunos también complicados), que en nuestros quehaceres aplicamos una lógica compleja que rompe con los principios aristotélicos. Para ello aplicamos distintas estrategias, que podemos resumir como la estrategia del compromiso, la compartimentación, y la oscilación (RAMOS: 1996: 174).
Mediante el compromiso, se hace a la vez una cosa y su contrario. De esta manera se hace añicos en tercero excluido. Se crea una figura que aglutina una realidad y su contraria. Por ejemplo, se vota a la izquierda y a la derecha mediante el recurso al centro.
Mediante la compartimentación, se hace una cosa y otra en distintos lugares y/o momentos, quedando anulado, de esta forma, el principio de identidad. No se es el mismo en todo tiempo y lugar. En las elecciones generales y locales se vota a un partido de izquierdas, y en las autonómicas a un partido nacionalista de derechas. Por ejemplo, se vota a Iniciativa per Cataluya en las locales y a CiU en las autonómicas.
Mediante la oscilación entramos en un círculo vicioso. Si se cumple lo que se enuncia se desborda el enunciado. O dicho de otro modo, hacer una cosa implica hacer su contrario. Esta estrategia rompe el principio de no contradicción que dice que A no puede ser lo contrario de A. El ejemplo antes mencionado, el de la elección de Zapatero como Secretario General del PSOE, es especialmente ilustrativo: los "guerristas" votan a Zapatero para que Bono no gane y así poder tener presencia en la ejecutiva, pero precisamente al votar a otra corriente no pueden escenificar el peso específico que esta corriente tiene, quedándose, en consecuencia, fuera de la ejecutiva.

1     . Quiero agradecer a Miguel Ángel GIL y a Luz Piedad OSORIO los datos que me han facilitado para la redacción de este texto. Siendo únicamente achacables a mí los errores de interpretación que haya podido cometer.
Articulo completo en: Materialismo Histórico y Teoría Crítica | Título Propio de la UCM http://www.ucm.es/info/eurotheo/hismat/materialesMaterialismo Histórico y Teoría Crítica | Título Propio de la UCM http://www.ucm.es/info/eurotheo/hismat/materiales

jueves, 27 de abril de 2017

El debate sobre el buen vivir y los problemas-caminos para medir los avances en la calidad de vida y la sustentabilidad (4 de 4)

El debate de un caso concreto

El PYDLOS es un centro de investigación en la Universidad de Cuenca (Ecuador) prestigioso por su implicación en temas sociales (migraciones, apoyo a procesos municipales, etc.). En los últimos años ha lanzado debates sobre el buen vivir y en la actualidad apuesta por lograr mediciones que concreten estos aspectos que venimos discutiendo. En principio, allí plantean cinco grandes ejes a los que reducir la interminable lista de posibles necesidades que se les ocurren a los investigadores de todo el mundo. Ejes que tienen que ver con las cinco preguntas básicas del buen vivir que rescatan de su propia práctica.
Entiendo que cuatro de ellas tienen que ver con las cuatro interacciones básicas que ya hemos visto en otros movimientos y autores. Y la quinta veremos que ya no tiene tanto sentido, desde mi punto de vista, pues está contenida en las anteriores cuestiones planteadas.

Incluso en un libro sobre “la (re) creación del pensamiento del PYDLOS”27 se citan los cuatro elementos de la concepción de ECUARUNARI como punto de partida para el sumak kawsay: poder (ushay) o sea organización, hacer (ruray) o sea economía, querer (munay) o sea, cuidado de la naturaleza, y saber (yachay) o sea, conocimientos. Lo que se corresponde con participación y democracia; con economía popular y solidaria; con conservación territorial y ambiental; y con satisfacción cultural respectivamente. El quinto, inclusión social y acceso a servicios, está incluido en los anteriores según argumentare más adelante.

El eje de participación y democracia puede recoger estudios muy variados en el mundo. ¿El que haya referendos quiere decir que hay democracia directa? Recordemos que tanto dictaduras como movimientos sociales han realizado referendo, con sentidos muy distintos.

¿Los sistemas de partidos son índice por sí mismos de democracia? Asistimos en todo el mundo a protestas contra las partidocracias por muchos movimientos de indignados. ¿Cómo y quién puede medir la confianza y la ética, la comunicación, la libertad y equidad, etc.? No podemos partir de un solo modelo de lo que sea la democracia y la participación.

Más bien cabe pensar en cada caso cómo mejorar lo que cada localidad o país tiene según
su propia tradición y cultura política. La propuesta en el caso de Ecuador, y del Cantón Cuenca, es que se parta de la Declaración de Bogotá sobre Presupuestos Participativos. Hay unas quince recomendaciones sobre lo que son las experiencias latinoamericanas, después de haberlas llevado a la práctica, desde hace 25 años en varias ciudades, y sabiendo ya los puntos débiles de estos intentos de democracias participativas. En temas de participación hay varias “escaleras de participación” según los autores que hacemos el seguimiento de estos procesos. En el CIMAS28 tenemos también una escalera que nos sirve de referencia. Pueden servir también para este eje, pero siempre son preferibles las experiencias de territorios semejantes que ya pasaron por estos procesos. Y sobre todo, el debate en el Foro de la propia ciudad o territorio para ajustar necesidades y criterios.

En el eje de Economía Popular y Solidaria tampoco es fácil la formulación de criterios para la medición y el seguimiento. ¿Cómo ponderar las condiciones de empleo por cuenta ajena, de lo que significa el autoempleo, del trabajo doméstico no retribuido, etc.? ¿Con qué criterios valorar el sistema financiero en relación con la economía internacional y con las necesidades locales? ¿Cómo valorar la planificación participativa o no de los diferentes factores económicos? ¿Cuál debe ser la relación entre el sector estatal, el privado, el social y los bienes comunales, por ejemplo? ¿Qué se ha de medir en cada caso? Se ha de partir de algún consenso para usar unos datos u otros, pues hay datos económicos y laborales para todos los gustos.

La propuesta es basarse en los diversos estudios latinoamericanos sobre economía popular y solidaria, que tienen también una amplia experiencia práctica de éxitos y fracasos. Desde el Foro Social Mundial de Porto Alegre venimos discutiendo seis aspectos centrales y complementarios para las economías populares, que parten de los estudios de Razeto, pero que tienen en cuenta también estudios de Coraggio, Singer, Arruda, etc. Evaluar en cada experiencia cuánto hay de finanzas solidarias y de las especulativas; cuánto de comercio justo y de comercializaciones discriminadoras; cuánto de trabajo cooperativo y de condiciones laborales de explotación; cuánto de consumo responsable y de distancia entre las rentas; cuánto de servicios básicos (salud, educación, transporte) que sean participativos y cuántos servicios ineficientes; cuánto de tecnologías adecuadas y apropiadas a las comunidades y al ecosistema local. En conjunto debe aclararse en qué medida se va articulando un sistema que apoya a una economía alternativa, o por el contrario si los índices llevan a la dependencia de la especulación económica internacional.

En el eje de la Conservación Territorial y Ambiental, no solo está la gestión de los recursos limitados de la naturaleza (fuentes de energía, agua, suelos y flora, etc.) sino que hay que tener en cuenta la extracción de todo tipo de minerales, y la construcción de viviendas e infraestructuras, que afectan a los ecosistemas de forma muy notable. Los procesos migratorios y su presión sobre los territorios son cuestiones también ambientales y de la salud en su conjunto, por lo que los planes han de tener en cuenta sus efectos sobre la sustentabilidad actual y futura. Los criterios en este campo suelen ser muy contrapuestos: lo que para unos son externalidades a corregir (efectos colaterales de la extracción de minerales), para otros son la fuente de la vida (el agua que riega la producción agraria, el atractivo turístico o de calidad para la vecindad, e incluso lo sagrado de la Pachamama).

La recomendación en este eje es usar un estudio de la huella ecológica en alguna de sus varias modalidades, de forma que se pueda evaluar las condiciones territoriales de sustentabilidad. Este tipo de estudios se centran en los consumos (tanto domésticos como industriales o públicos) y de sus repercusiones en metros cuadrados que son necesarios para mantener el modelo actual. El caso del Ecuador en su conjunto resulta equilibrado aún, por las grandes extensiones de la zona oriental. Pero en el caso de las ciudades o cabeceras cantonales cabe establecer también su huella sobre el resto del territorio y se podrá apreciar en qué aspectos hay déficits claros y en qué otros aspectos cabe reducir el impacto. Los Estudios de Impacto Ambiental, si es que están bien hechos, también pueden ayudar a precisar los impactos posibles sobre el territorio y la salud del lugar y de las personas.

En el Eje de la Satisfacción Cultural la dificultad es aún mayor si cabe. ¿Cómo valorar los mitos o las simbologías locales? ¿Se puede valorar el uso de los vestidos, los idiomas, los ritos? ¿El disponer de instalaciones e infraestructuras culturales supone que haya creatividad colectiva e iniciativas sociales? ¿Cómo recoger la importancia de la memoria y de los patrimonios materiales e inmateriales de cada lugar, las artesanías, etc.? La educación y los usos de nuevas tecnologías de la comunicación son aquí fundamentales para evaluar este eje. Pero no parece suficiente el índice de alfabetización o el fracaso escolar, sino otras variables menos formales que recojan la cultura y la creatividad social desde las propias tradiciones de cada comunidad en sí misma.

La diversidad étnica en un Cantón como Nabón, por ejemplo, a diferencia del Cantón Cuenca mucho más mestizo, hace que no sea fácil hacer propuestas de medición equiparables para ambas situaciones. Si en los demás ejes la recomendación principal es que el Foro Social de cada lugar pueda ser quien concrete los criterios de medición, en este caso es inevitable. Y además resulta casi imposible recomendar algún listado de elementos de medición del buen vivir cultural, pues las situaciones son tan dispares que solo desde trabajos cualitativos parece posible acercarse a las consideraciones locales tan propias ya no solo de cada cantón, sino incluso de cada parroquia o barrio. Todo lo que se puede avanzar es tratar de hacer una serie de grupos de discusión focales, a partir de los criterios del foro para recoger las posiciones discursivas predominantes y emergentes en cada uno. Y desde esas posiciones establecer algún tipo de comparación y valoración.

En cuanto al quinto eje sobre inclusión social y acceso a servicios, ya hemos indicado que en gran medida ya puede estar recogido en los ejes anteriores. La adecuación territorial, la vivienda y el transporte, la salud, etc., ya deben estar contemplados en conservación territorial y ambiental. Lo que se refiere a empoderamiento de la población, gestión pública, derechos, etc., ya debería estar en participación y democracia. Educación, nuevas tecnologías y servicios culturales está recogido en satisfacción cultural. Por lo que solo queda la consideración para grupos en situación de exclusión social, pero este tipo de procesos debe estar contemplado dentro de la economía popular y solidaria. Pues si no estuviera incluida en este eje, seguramente estaríamos hablando más de caridad que de soluciones de justicia social.

Presentar un eje exclusivo de pobreza o de exclusión, aparte de los otros ejes, puede ser entendido como una faceta de integracionismo en esta sociedad, como un valor de que nuestra sociedad ya ha alcanzado el nivel suficiente como para acoger a los que no han podido integrase a ella, y nosotros vamos a medir cómo los incluimos. Poner índices de pobreza al margen de considerar la riqueza como la causa de la anterior puede ser un ejercicio peligroso. En todo caso, debe de ser el Foro social quien decida qué es lo que hay que valorar y por qué. Pero no dejará de ser interesante el debate de si debemos medir la “inclusión social” aparte de los otros ejes que son para toda la sociedad, sean ricos o pobres.

Entiendo que si los otros cuatro ejes van mejorando (trabajo, participación, servicios y cultura) ya dejaría de tener sentido uno de inclusión.


martes, 4 de abril de 2017

El debate sobre el buen vivir y los problemas-caminos para medir los avances en la calidad de vida y la sustentabilidad (3 de 4)

Interacciones básicas y equivalentes de valor

Si pretendiéramos recoger todas las propuestas que se han ido generando en el mundo sobre los temas del desarrollo, la felicidad, etc., el documento sería extensísimo. Además,recurrir a ellas en su amplitud obligaría a dos operaciones realmente difíciles de establecer. Por un lado ponderar el peso de cada una de las propuestas, lo que lleva a considerar (en cada cultura) cómo llevar a cabo la operación de priorizar necesidades. Y por otro lado, realizar numerosas mediciones de muchísimos factores para no dejar fuera ninguno que deba ser tenido en cuenta. Estos son aspectos que hacen poco operativas estas formas de proceder. Cuando son muchos los índices a los que referirse (y medirlos con cierta solvencia) la operatividad se vuelve en contra, pues cuando acaba uno de tener los datos, ya es posible que hayan cambiado. Algunos están accesibles, pero otros han de ser construidos y se demoran bastante tiempo.

Cabe hacer algunas operaciones más sencillas para establecer estos seguimientos, y que sirvan a las comunidades respectivas para sus fines. Incluso la tabla que se suele citar de Max-Neerf, Elizalde y Hopenhayn,18 con 36 posiciones básicas (1993) se vuelve demasiado complicada para establecer las necesidades a medir. Ellos mismos proponen no tanto medir las necesidades, como los “satisfactores”, que al ser sintéticos muestran una mayor didáctica y operatividad para cada comunidad que quiera usarlos. De esta tabla lo más interesante son las cuatro necesidades axiológicas que definen con los verbos: estar, tener, hacer y ser. Y pueden ser interesantes porque vienen a coincidir con las cuatro interacciones básicas que hemos encontrado en otros autores, y en varios de los movimientos sociales que hemos estudiado.


Los listados muy amplios están bien y pueden ser utilizados como recordatorios, para que no se nos olvide ningún tema en un descuido. Pero se pueden resumir en las pautas que la humanidad siempre ha tenido. Levi-Strauss ya estableció desde la antropología el intercambio básico de bienes, de personas, de mensajes. Esto viene a coincidir con los verbos citados, si le sumamos el intercambio de espacios-tiempos. O, desde el enfoque de Jesús Ibáñez,19 las explotaciones de la naturaleza, del trabajo y de la producción, la dominación de unos sujetos sobre otros por raza, genero, etc., y la explotación “de uno mismo” por los dogmas en que ha sido educado y cree. En un libro reciente20 me refiero más en extenso a estos intercambios básicos, que también podemos encontrar en forma de «sociología de las ausencias» en Boaventura de Sousa Santos21 y en otros autores.

Por si quedara muy erudito citar tan solo a algunos autores de referencia, quisiera dejar patente que los principales movimientos sociales también nos muestran con sus prácticas las necesidades que les interesa descubrir y reclamar. Así, por ejemplo, los movimientos vecinales y ecologistas destacan la necesidad de hacer un seguimiento de los retrocesos o avances en los espacios y tiempos de los ecosistemas urbanos o rurales; si las tecnologías están mejorando o empeorando ambientes y si el mejor convivir se resiente o se recupera. Los movimientos obreros y campesinos llevan años luchando por sus derechos en el trabajo y la producción, contra las desigualdades y contra abusos en la economía de acumulación especulativa.

Los movimientos de mujeres o de diferentes etnias se han rebelado contra la dominación que por razones biológico-culturales han impuesto el patriarcado y los países colonizadores. Y contra el pensamiento único y dogmático de las ideologías heredadas se han venido rebelando movimientos, sobre todo de jóvenes, que no renuncian a la creatividad propia.

La cuestión no es saber medirlo todo, se trata de saber qué medir y con qué prioridades, qué es lo significativo en cada momento Podrán ser tres, cuatro o cinco las interacciones básicas que aglutinan la larga lista de necesidades que los humanos (y nuestra relación con los ecosistemas) hemos ido construyendo en nuestra historia milenaria. En cada interacción básica siempre se sitúa un Equivalente de Valor, que opera para cada cultura como elemento externo que sirve de referente y que no es cuestionado en principio. Entre los diferentes ejemplos se pueden citar: la propiedad y el dinero en los intercambios materiales de nuestra economía; también la revelación divina por algún mito fundador del ser e identidad de una comunidad entre las tradiciones más antiguas; o las formas tecnológicas como manera de superar las constricciones del espacio o del tiempo en cada cultura humana; o el orden mediante una autoridad para superar los conflictos de la familia o entre comunidades. Si se está de acuerdo en estos equivalentes de valor, de ahí se pueden deducir los parámetros principales a medir. Pero si hay discrepancias en que estos sean los valores incuestionables, entonces la forma de encarar las mediciones se torna más compleja.

Por eso, previo a establecer las mediciones, hay que abrir el debate de cuáles son los criterios de medición. Esto supone una deconstrucción de los sistemas de medidas en vigor y la justificación de nuevos criterios y equivalentes de valor aceptados por cada comunidad.

Por ejemplo, con Luis Tapia, quisiera recordar que siempre se lucha por un excedente y luego está la cuestión de qué hacer con ese excedente. En el pasado, algunas culturas, una vez obtenido, lo quemaban (mediante diversos ritos) para no crear más desigualdades, otras lo repartían como dones del poderoso, otras lo utilizaban para armarse y guerrear en conquistas de territorios, etc. Y no solo el excedente de bienes, también el tecnológico, la erudición, el simbólico, etc. Por lo tanto, la cuestión de a qué destinar los excedentes forma parte del fondo del problema, y desde ahí se justifican las comparaciones con otras comunidades y las comparaciones antes y después de la propia comunidad de referencia. En el contexto actual, la obtención del excedente lleva a algunos a armarse, a otros a especular inventando burbujas de dinero, y hay quien quiere distribuir los beneficios a través del Estado, otros hacen despilfarros ostentosos, mientras otros solo intercambian sus formas de reciprocidad en economías populares o solidarias.
La conclusión fácil es que cada cultura ha de construir sus propios equivalentes de valor y sus propios criterios de medición. La cuestión no es saber medirlo todo, como si quisiéramos ser eruditos y poseer todos los conocimientos y todos los términos sin que se nos escape nada. Más bien se trata de saber qué medir y con qué prioridades. Es decir, no es pasión por reducirlo todo a los números, sino por saber qué es lo significativo en cada momento. Incluso en cada comunidad los criterios tampoco son estables. Es decir, valores que eran incuestionables para una generación (energía nuclear) pueden dejar de serlo para otra, índices muy significativos en una situación (por ejemplo, la alfabetización) pueden dejar de ser tan interesantes cuando se alcanza su saturación. Por esto los criterios han de revisarse cada cierto tiempo de forma participativa por lo más amplio de la comunidad local, e irse mejorando según se vayan produciendo nuevos avances. En realidad se
trata de una construcción colectiva de forma permanente. Les podemos llamar equivalentes de valor, ideas-fuerza, escenarios de futuro, o lo que en general desee conseguir cada comunidad organizada.

Un proceso participativo posible

Técnicamente cabe ir deconstruyendo al tiempo que se van reconstruyendo los cambios en los criterios de medición. Al menos en cada una de las 4 interacciones básicas. Para ello se pueden usar técnicas como los “penta o multi-lemas”, que permiten pasar de los dilemas básicos y más superficiales de cada sociedad, a causalidades y mediaciones más profundas. En los trabajos de Johan Galtung23 y en los nuestros del CIMAS24 se pueden ver ejemplos prácticos de cómo operar para distintas situaciones. De forma participativa con las comunidades que se impliquen se puede avanzar en estas “de” y “re” construcciones consensuadas. Si hiciera falta priorizaciones participativas entre estos supuestos, también sepueden usar los “flujogramas” que Carlos Matus planteó en los Planes EstratégicosSituacionales,25 y que también se pueden seguir en los textos y los DVD de la red CIMAS.26 Son dispositivos técnicos que permiten a comunidades pequeñas y grandes formalizar acuerdos para establecer los criterios que les permitan avanzar y construir colectivamente.

Proponemos este tipo de dispositivos participativos para saltarnos otros sistemas de tipo más convencional, que puedan enfrentar a las mayorías con las minorías en juegos más perversos (como sería una votación “representativa”); o que puedan dejar en manos solo de los técnicos y unos pocos directivos algunas herramientas (DAFO, árbol de problemas, etc.) de la Planificación Estratégica convencional, con un manejo no participativo de decisiones muy importantes. Bajo la idea de Planificación Estratégica suelen quedar encubiertos dispositivos técnicos con una alta tendencia a imponer valores dominantes no cuestionados.

De ahí que las aportaciones críticas de los autores citados no solo superan los defectos de la planificación al uso, sino que proponen unos dispositivos técnicos que ofrecen muy buenos resultados desde nuestra práctica con muy diversas comunidades, urbanas y rurales, así como en sectores amplios estatales como la salud, la ecología, etc.

Una vez que la comunidad correspondiente ha llegado a un consenso básico de cuáles son sus criterios, sus satisfactores, sus ideas-fuerza o sus equivalentes de valor más generales (según como los queramos nombrar), es cuando se puede pasar a tratar de establecer los índices con que se van a medir. Sentados los criterios en las cuatro interacciones básicas, por lo menos, ahora toca ver cómo se puede medir cada una. Y si algunas de las mediciones ya están en marcha o hay otros documentos que lo acreditan, revisarlos desde el punto de vista de los criterios establecidos. No porque ya tengamos los datos elaborados por otras instancias van a valer sin más. Cada dato tiene un contexto (no explicitado habitualmente) de equivalentes de valor que se ha de revisar.

Por ejemplo, el debate sobre qué se entiende por “desarrollo sostenible” es puramente nominal y solo se puede resolver como se propuso con los foros de sustentabilidad de las agendas locales 21. Un concepto en sí mismo tan contradictorio, cuando lo bajamos a qué se quiere medir en concreto es cuando sabemos qué quieren de él quienes lo usan. Hay agendas 21 locales, como la de Seattle desde el año 1993, que han servido de referencia a otros muchos foros en ciudades de todo el mundo. Si se reúnen los sectores interesados de una ciudad o una región en los temas de hacer seguimiento con indicadores de su evolución de la calidad de vida, de la sustentabilidad o del buen vivir, entonces resulta creíble que sus consensos sobre criterios puedan ser un buen comienzo para el proceso.

Un foro de sustentabilidad o de buen vivir puede estar compuesto por las comunidades que estén interesadas, por los sectores sindicales, ecologistas, feministas, etc., de la zona, por las universidades, ONG, Iglesias y entidades culturales que quieran participar. Los gobiernos sensibles a hacer un seguimiento de la calidad de vida de su zona deberían apoyar y no oner trabas a la información o tratar de influir en ella sino respetar los consensos de la sociedad civil. No es que en estos foros se vaya a votar si está bien o mal la calidad de vida o el sumak kawsay, se trata más bien de ver qué se ha de medir, qué acuerdos se alcanzan para que los aspectos más importantes de la vida local se vean reflejados en un seguimiento, para ir dando cuenta de los resultados locales y en un cierto periodo de comparación. Por ejemplo, si queremos medir la situación económica, ¿es más importante cuánto dinero entra y sale de la ciudad o región, o tal vez la desigualdad de ingresos entre los que más ganan y los que menos? O, desde el punto de vista del género, ¿es más importante el número de puestos en guarderías infantiles o la variación en la distribución del tiempo y actividades en la vida cotidiana entre mujeres, varones, mayores y criaturas? Y con respecto a la toma de decisiones democráticas, ¿se le da más importancia al número de votantes o al número de propuestas e iniciativas desde colectivos de base?

La técnica de medir no ha de seguir siendo un asunto del foro, que solo se centra en proponer los criterios y seguir el proceso. Por otra parte, cada cierto tiempo se puede cambiar algún criterio que deje de ser relevante para la comunidad, y eso no tiene por qué alterar demasiado el conjunto de las referencias. De lo que se trata es de que en cada uno de los cuatro ámbitos de estas mediciones se pueda seguir una serie cronológica de resultados.

La comparación siempre es antes y después para un territorio, no tanto con otros territorios vecinos. La calidad de vida es más comparable sobre las expectativas de una comunidad concreta, y no tanto sobre las rivalidades entre comunidades diferentes. Parece más lógico medir la felicidad de un territorio en relación con la satisfacción de sus propios escenarios de futuro, como se quiere subrayar, que en relación con el vecino.


Las técnicas de medición pueden ser cualitativas y cuantitativas, una vez planteado desde el inicio el proceso participativo de lanzamiento y de seguimiento. Del que ya se pueden tener datos elaborados, solo cabe verificarlos y adecuarlos a los requisitos previamente planteados por el foro. En otros casos, cabe hacer una investigación específica con algunos índices sintéticos que se estimen oportunos. Por ejemplo, el número de peces que se hallan en un río puede significar tanto un índice de agua limpia, como el rescate de una memoria histórica perdida. Establecer una serie de grupos de discusión, con una buena muestra, sobre algún aspecto nuevo puede dar al foro informaciones de tipo cualitativo a considerar.