lunes, 7 de agosto de 2017

El Núcleo Sentipensante de Metodologías Participativas (Chile)



El Núcleo Sentipensante de Metodologías Participativas invita a un diálogo con el sociólogo Tomás Rodríguez Villasante y  M. Dolores (Loli) Hernández, sobre las posibilidades, tensiones y desafíos de las Metodologías Participativas en la Academia.











sábado, 5 de agosto de 2017

Metodologías ¿Para qué? ¿Para quién? (1 de 2)

Tomás R. Villasante
Profesor Emérito de la Universidad Complutense y miembro del CIMAS

En la formación y en las propias investigaciones no se suelen considerar estas preguntas de forma explícita y auto-crítica. Y sin embargo nos parecen a algunos que son fundamentales para encuadrar cualquier investigación o cualquier proceso social. El que haya una pretensión de “objetividad” al margen de los actores involucrados en los procesos sociales considerados ¿es posible? El que haya una pretensión de descripción e interpretación al margen de las intencionalidades de las recomendaciones para la acción ¿es posible? En las universidades muchas veces se plantean las investigaciones como si no influyese el promotor (económico, administrativo, etc.) de la misma, como si no influyesen los prejuicios de los propios técnicos en los diseños y en las interpretaciones, y como si con cualquier población diese lo mismo aplicar la metodología, pues se da por supuesto (en la mayoría de los casos) que las poblaciones no tienen sus propias estrategias para dar o no información. Pero para un análisis fino de nuestras propias investigaciones conviene hacerse estas preguntas.
 Tanto en investigaciones de tipo cuantitativo, como en las de tipo cuaitativo, hay unos poderes de decisión que no se discuten. Suelen estar implícitos, y se da por hecho que las cosas deben ser así, sin apenas darnos cuenta de las influencias y sesgos que están causando, precisamente por no hacerlos explícitos. No hay ninguna posibilidad de una investigación neutral, desapasionada, e incluso esto nos parece anticientífico. En todo tipo de ciencias existe la pasión por el conocimiento, y las hipótesis más o menos arriesgadas, etc., son necesarias. Lo que hace científicas sus apuestas es la justificación metodológica para su comprobación, y las deducciones, inducciones, y transducciones que se producen y de las que hay que ser conscientes. Lo peor que nos puede pasar es no ser conscientes de los peligros que encierra no hacerse estas preguntas previas.


Quien se hace las preguntas epistemológicas básicas, ¿para quién?, ¿para qué es todo este proceso?, puede ser consciente de dónde se mete, y puede prever las formas de contrarrestar los efectos potencialmente perjudiciales. Para alcanzar un grado mayor de “objetivización” colocará controles y métodos que le acerquen a una realidad lo más operativa posible. Por eso valoramos mucho las metodologías participativas, porque parten de tener en cuenta a los diferentes actores sociales que tienen intereses en los procesos de investigación o de intervención.
Porque antes de plantearse técnicas de tipo cualitativo o cuantitativo, se planean los problemas previos: ¿quién manda aquí? ¿Cómo se pueden contrarrestar los efectos negativos de los intereses en juego? No es sólo una cuestión de ética o de ideología, es una cuestión metodológica básica la que planteamos.

A) Siempre hay un promotor, un cliente, un empresario, una universidad, una ONG, etc. que es quien marca unos tiempos y unos recursos en los que se encuadra un proceso. Y por ejemplo, una
tesis tiene también un para quién y un para qué, aún cuando parezca que es un producto que el/la director/a de tesis y persona que la realiza la pueden hacer con cierta autonomía. Es para obtener un grado en la academia, pero no solo. Hay unos tiempos que se pueden vincular a una plaza futura de profesor, hay un tema que puede interesar o no a la “comunidad” de profesores que la juzgarán, hay unos objetivos de prestigio de las personas que intervienen, hay una potencial utilidad del diagnóstico y de posibles propuestas que contenga, las personas estudiadas pueden sentirse usadas o no, pero sobre todo lo que se juega es el prestigio académico.

Por eso una tesis es muy distinta de un informe para un Ayuntamiento, o de un trabajo para impulsar una empresa (y depende de qué tipo de emprendimiento se trate), y muy distinto de una estrategia de un movimiento social, por ejemplo. No es tanto que “quién paga manda”, pues aunque hay algo de verdad en esto, siempre hay un margen de maniobra, y estos procesos no son tan mecánicos, como que el jefe, el profesor, o el dirigente político, vayan a decidir lo que se pone en el informe. Pero cuando menos sí que se ve afectado el tiempo de dedicación, que es una cuestión esencial. ¿De qué vive el investigador mientras dura la investigación?¿Cómo marca esto de forma más o menos consciente todo el proceso? Estos son condicionantes que se han de poner a debate y que se han de tener en cuenta, pues no es lo mismo hacer un informe rápido porque hay alguna urgencia que atender, que disponer de financiación para hacer una investigación de varios años.

En el tema de los promotores de una investigación siempre hay una contradicción que resolver entre quién “representa” y quién “sabe”. Un político electo para un cargo, por ejemplo, nos puede representar y manejar un presupuesto económico para dar becas o para encargar un proyecto, pero no tiene porqué saber del tema. Incluso un catedrático puede tener interés en un tema concreto, pero quien acaba por profundizar en él es quien puede dedicarle meses y años a conocerlo a fondo.

El saber es lo que hay que construir en los procesos, y el equilibrio entre quien manda por su jerarquía y quien sabe por el tiempo y dedicación, no es fácil de establecer. La llamada “comunidad científica” no es un todo objetivo, sino una suerte de tendencias en disputa, por lo que quien promueve una investigación puede estar apoyando unas u otras tendencias de “poder” y de “saber”.

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B) Tampoco los/las profesionales, técnicos o experta/os, somos neutrales en nuestros enfoques. Hay varias razones para entender que sin querer podemos estar manejando sesgos en nuestras investigaciones. Por un lado se trata de que nos han enseñado en las universidades a aparentar un conocimiento objetivo sacado de los libros de texto que han servido para nuestros exámenes. Y hemos aprendido que somos más que las otras personas que no pasaron esos exámenes.

Pero la mayoría de nuestro saber suele ser de los libros, que no está mal, pero es claramente insuficiente. Y para afirmar nuestra profesionalidad solemos usar esos términos “científicos” y buscar distinguirnos con afirmaciones rotundas, aunque no estén muy contrastadas con el caso concreto. No nos han enseñado que debemos aprender del saber local de la gente, y una cierta humildad científica, para poder construir conocimientos más verdaderos.

Además, en ciencias sociales la “materia prima” con la que trabajamos son las propias personas y sus relaciones. Es decir, que obligatoriamente debemos partir de lo que dicen y hacen las personas en sus redes cotidianas, y este es un campo muy difícil de objetivar. Porque nosotros también somos personas y establecemos unas relaciones para la comunicación, con lo que los procesos de investigación nunca se pueden separar del resto de las relaciones, es como mirarnos desde dentro (nunca podemos salirnos fuera de las redes sociales, de la sociedad). Esta implicación añade una dificultad a las pretensiones científicas de nuestro conocimiento. Nuestra ciencia tiene que partir de la relatividad de nuestro conocimiento, pero precisa del rigor para orientar el conocimiento de las comunidades y de los grupos implicados.
Por eso los profesionales podemos saber una serie de preguntas que hacernos, y ver que hay otras preguntas interesantes que surgen de los dolores de las personas. Pero las respuestas hemos de construirlas con las personas afectadas, implicadas, desde “sus verdades”, no desde las nuestras. Esto parece una contradicción, pero no lo es si vemos que se trata de un proceso de cierta duración. En el proceso de construcción de la acción y del conocimiento podemos intervenir todos, desde las diferentes posiciones, pero el papel del profesional debe ser sobre todo tener rigor en la metodología. Las preguntas no pueden ser sólo las que están en los libros, las respuestas (que deben ser concretas en cada caso) mucho menos, deben estar abiertas a lo que pida cada situación. Pero para poder llegar a las más acertadas lo que tiene que tener rigor son los pasos a dar, y en esto sí debemos ayudar, pidiendo a las personas que respeten la construcción colectiva y operativa para poder dar resultados satisfactorios a la comunidad.

C) La gente no tiene la razón sin más, y tampoco la gente es una ignorante sin más. Estas afirmaciones nos deslegitiman más a los profesionales que a la propia gente. Para empezar hay muchos tipos de personas, y no es lo mismo quien es un dirigente organizado, que un
grupo de amigos comentando en un bar, o que un grupo de señoras comentando en un parque. Los dirigentes a veces tratan de dar razones que copian de los políticos o de los técnicos, con lo cual se suelen quedar a medio camino de las aportaciones que de verdad podrían hacer a un proceso. Ni suelen ser tan “representativos” como los que recibieron miles de votos, ni pueden dedicarle tanto tiempo y conocimiento como los que están pagados para ello. Sin embargo su papel lo consideramos imprescindible, pues por su dedicación voluntaria saben mostrar los dolores y síntomas de los que partir.

Y esto es muy importante, pues un error de enfoque al principio condiciona toda la investigación. Para el médico es imprescindible que el paciente diga dónde cree que está el dolor que motiva la visita, y que muestre disposición a cambiar la situación. Para las ciencias sociales hay que detectar dónde están los conflictos y saber quiénes son los que están dispuestos a propiciar un cambio. Todos usamos “dobles lenguajes” cuando empezamos un proceso, damos una opinión pero aún no decimos todo lo que llevamos dentro. Incluso porque no sabemos formularlo, o porque lo nombramos de una forma que creemos que todos entienden como nosotros (pero que en realidad cada cual le da una interpretación bien distinta). Algunos dirigentes y algunos voluntarios pueden hacer de interlocutores iniciales, pueden abrir caminos al proceso.

Pero lo más importante es poder llegar a los lenguajes y posturas de los sectores de la población no organizados (que suelen ser cerca del 90%). La confusión de lo que acostumbran decir según las situaciones creadas, suele llevar a engaño de los profesionales y de los políticos, y aún de algunos dirigentes. No bastan técnicas simples de recoger los primeros datos u opiniones si queremos un conocimiento complejo que permita que la transformación de la situación sea real. Para llegar a las posturas y estrategias de estos sectores hace falta un proceso bien diseñado y una cierta experiencia en saber escuchar más allá de lo primero que se dice.

La gente enuncia verdades más triviales o más de peso en función de lo que interpreta de nuestras preguntas. También se preguntan ¿para qué y para quién? de lo que estamos haciendo.

¿PARA QUÉ ESTAS INVESTIGACIONES?

Por estas razones no hacemos cualquier tipo de investigación si queremos ir más allá de las verdades superficiales o triviales, si queremos llegar a diagnósticos capaces de servir para transformar las situaciones problemáticas. Si habitualmente se suele ir a un estudio cuantitativo primero, por la generalidad de los números; y luego se intenta profundizar con un estudio cualitativo, sólo se dejan los aspectos participativos para el final, si es que queda tiempo y ganas. Nosotros lo hacemos al revés: primero planteamos la parte participativa, porque nos da el contexto de las verdaderas preguntas ¿para qué? y ¿para quién?, desde ahí enfocamos todas las técnicas necesarias del proceso. Solemos continuar con profundizaciones cualitativas, para abrirnos a razones más profundas que la gente tiene aunque no se atreva o sepa decirlas. Y luego, si es necesario cuantificar esas posiciones, ya se puede aplicar una encuesta, saber porcentajes, etc.

No nos basta una descripción o interpretación sólo con algunos datos que siempre juzga el profesional. Hacemos “devoluciones creativas” dentro del proceso para que la propia gente implicada sea quien establezca las distinciones, sepa separar las opiniones dominantes (las de la mayoría), de otras emergentes (que pueden ser de minorías, pero capaces de abrir caminos a nuevas mayorías). Lo veremos más adelante, pero esto es muy distinto de que los profesionales se erijan en jueces de la interpretación de los datos o de los relatos. Tenemos experiencia de que la gente encuentra sus propias razones mucho más profundas que quienes les miran aparentemente desde fuera. Y siendo protagonistas de sus propios diagnósticos, aunque los profesionales hayan preparado la metodología, la gente entonces orienta de forma más operativamente el conocimiento.


Estas formas de construcción del conocimiento llevan también a la construcción de la acción.

. A la gente no le interesa tanto una tesis doctoral como resolver sus dolores, aunque no tiene porqué ser incompatibles ambas cosas. Cuando la gente participa en las preguntas iniciales, en dar las opiniones cruzadas y contrapuestas, en las devoluciones y análisis de conjunto, y en una perspectiva de acción, entonces la gente toma posiciones de muy distinta manera que en un censo o en una encuesta, o incluso en una entrevista abierta. Si lo que está en juego es sacar algo productivo, entonces lo operativo de la investigación construye verdades más eficientes. Aparecen posibles alianzas o conjuntos de acción, se encaminan hacia “buenas practicas”, y en suma redundan también en un mayor prestigio del profesional que está al servicio del proceso. No es sólo beneficio para la comunidad, es también beneficio para el conocimiento y para los profesionales.



miércoles, 12 de julio de 2017

APRENDEMOS DESBORDADOS POR LOS "R.O.C.E.": Cartagena (Colombia) 2017

El Congreso de Cartagena 2017 acabó desbordándose. En ese sentido, mejor que otros. Pero para empezar hay que reconocer, y hacer auto-crítica, que desde los países latinos no fuimos capaces de organizarlo bien y a tiempo. Por eso hay que agradecer a ARNA que se haya lanzado a plantearlo y llevarlo a cabo, con la U. Nacional de Bogotá y otras universidades. Hubiera sido un Congreso convencional, si no se hubiese desbordado tan creativamente.

En varios países latinos llevábamos años haciendo Encuentros nacionales sobre metodologías participativas e IAP (México, Chile, España-Portugal, Colombia, Ecuador, Brasil, Uruguay, etc.) E incluso CLACSO ha recogido buena parte de esta Red, con más de 100 profesionales de unos 10 países, que nos reencontramos el día 12 en el pre-congreso. De esa reunión salieron 4 "grupos motores" sobre institucionalización de la IAP, sobre autocrítica e innovaciones, sobre universidad sin universidades, territorio y medioambiente... También hubo reuniones pre-congreso de ARNA, y de la CEAAL (pedagogía de la liberación). Tres caminos que tratarían de converger.
Cuando ya arrancó el Congreso las formas de diálogo se polarizaron, en mesas redondas de un lado, y en talleres creativos de otro. Unas posiciones más centradas en los homenajes y otras más centradas en las auto-críticas e innovaciones. Fue agradable oír a Fals Borda, en una entrevista grabada, que había que renovar la IAP con los sistemas emergentes. Pero aún seguían muchas disposiciones de las sillas como en un aula para aprender de los maestros, aunque en otras sesiones se modificaron las sillas (dispuestas en redondo) para compartir y para construir colectivamente. No solo una cuestión formal, sino de metodología y finalidades.
El miércoles en la tarde colectivos colombianos se reunieron para criticar la distancia entre el Congreso y quienes no habían podido acceder a él (costos, formato universitario, etc.). Por eso cuando en la tarima central salió la música de los jóvenes locales se pedía "otra y otra" y la gente se echó a bailar. Por eso se formó la rueda en el espacio central con carteles y gritos de "¿quién nos fals-ta?", de autocrítica y de crítica, y el escenario se trasladó de la tarima organizadora a la gente y la música local, que acabó por bajar las escaleras y salir a la calle, donde continuó el acto "casi final" del Congreso. Digo "así" porque al día siguiente se desbordó aún más, y todas las personas pudimos aprender de nuevo.
De momento se confirmaba que no se trataba tan solo de un "diálogo" de "saberes", de una traducción entre saberes, sino de una “relación operativa” entre "trayectorias" que se venían gestando y que "emergían para reconocerse" y pasar a construir conjuntamente (Santandreu y Massoni en su mesa lo plantearon). Entiendo que primero están las "relaciones operativas" (pre-congreso y actos y formas de hacer en conjunto) y luego la "conceptualización eficiente" como este propio escrito. El R.O.C.E. es como el E.C.R.O. de Pichón-Rivière, pero empezando por el “roce” en los talleres de creatividad y en las acciones de reconocimiento de las preguntas comunes, y desde ahí vamos a construir la "transducción" y la "socio-praxis", o sea desde los movimientos a los teóricos y no al revés.
La última asamblea del ARNA no fue y si fue, ambas cosas, creativamente. Si Rajesh Tandon y Boaventura S. Santos iniciaron reclamando quienes faltaban. Y este último añadió que aquello no era una asamblea para tomar acuerdos sino un componente más de un proceso. Pero lo que luego pasó se puede considerar una vía superadora. Como no había mucha predisposición para sumarse a ARNA, en bastantes mesas se planteó "¿nos vamos o nos quedamos?" La mayoría optó por quedarse en un "rincón latino" (la mitad de los asistentes) para continuar con nuestro propio camino y nuestras propias metodologías y decisiones. Se trataba de aprovechar el momento y de mostrar cómo se puede construir colectivamente.
En las 2 horas de la mañana unos 10 grupos construyeron sus propuestas, se consensuaron las más repetidas, y se anotaron los nombres de las personas de los "grupos motores", que se encargan de que su relización. Estos grupos ya se pusieron a funcionar incluso antes de la sesión de la tarde, y hay tarea sobrada para un posible Encuentro en Rosario (Argentina) en septiembre 2018. La Red que aprovechó CLACSO (y que había avanzado el lunes con 4 "grupos motores") se ve así integrada en una Red mayor, con más personas, grupos y países.
Pero el acto emotivo fundamental fue cuando resonaron las palmas en todos los corazones de la sala. Tras la exposición de las compañeras sobre lo que la "red de las mesas del rincón latino" habíamos construido, el moderador californiano preguntó: ¿quién dice algo? ¿alguna pregunta?. Muchos empezamos a golpear con la palma de la mano en el corazón, y se formó una cadena humana paseándonos en círculo, rodeando toda la sala, invitando en una lengua universal a todas y todos a hacer y comprender por encima de culturas y fronteras. Resonaba el silencio de la palabra y sobresalía el gesto y el sonido hueco de los cuerpos, hasta que todo fue un círculo. Y en el círculo se nombró la Red, se aplaudió, y siguió la palabra.

Aprendemos por la acción, por las relaciones operativas concretas, “transformar para educar”, la acción socio-política de estas metodologías va por delante de los debates teóricos, desde abajo es desde donde emergen los movimientos y los conjuntos de acción concretos. Por eso hay que escucharlos en América Latina y en Norteamérica, en Asia y África, en Oceanía y en Europa. Tenemos que encontrar fórmulas para encontrar espacios públicos menos caros y más accesibles a la gente del común, para construir en talleres creativos, colaborativos y operativos. Del 77 al 97 y al 2017... no esperemos otros 20 años, y empecemos ya con los más jóvenes que nos siguen desbordado de forma incluyente y muy creativa. Es lo que puedo aportar al grupo y a la red.
Tomás R. Villasante
(2014) Redes de vida desbordantes. La Catarata, y (2017) Democracias transformadoras. El Viejo Topo.







miércoles, 5 de julio de 2017

DE LA DEMOCRACIA DELEGADA DISTRIBUTIVA A LAS DEMOCRACIAS PARTICIPATIVAS CONVERSACIONALES (3/3)

LA PARTICIPACIÓN CONVERSACIONAL

Al objeto de contribuir a la elaboración de métodos participativos conversacionales, a continuación se expondrá una propuesta1 con la que facilitar la participación de la población en la producción tanto de conocimiento como de propuestas con las que intervenir en los asuntos públicos.
Cuatro interdependientes e interrelacionadas fases contemplan el procedimiento que se propone: Conversación inicial, Conversaciones en las redes, Dialógica informativa y Conversación proyectiva.

Conversación inicial
Lo primero que ha de tenerse en cuenta es que hay que partir de lo dado y no de lo deseable. Nuestras propuestas han de encontrar acomodo en las legitimidades que hoy estructuran la participación en los asuntos públicos. Hemos de contar con los representantes institucionales que las urnas periódicamente los legitima. Hemos de contar con los técnicos pertenecientes a las administraciones pública, cuya relación contractual los legitima. Hemos de contar con el tejido asociativo cuya legitimidad viene amparada, en mayor o menor grado, por la capacidad para articular movimientos en favor o en contra de propuestas que inciden en la vida pública. Hemos de contar con los profesionales externos cuyos reconocimientos académicos los avala, y, por supuesto, hemos de contar con la población, con los diferentes niveles que articulan la conciencia ciudadana: con los grupos animadores, con los sectores activos y con la base social.

Asumido este primer requerimiento, seguidamente se han de fijar tanto el tiempo y los recursos humanos, materiales, económicos y organizativo con los que se cuenta para la puesta en marcha del proceso como la partida presupuestaria que se va a destinar a las decisiones que participadamente se adopten. Si no se hace así, algo que es más frecuente de lo que debería, la conversación puede darse entre iguales sin más pretensión que la que se deriva de la capacidad expresiva de toda interacción humana. Pero lo que no se puede, o, al menos, no se debería, hacer, es convocar a la población a la participación en una conversación de carácter instrumental a la que finalmente se la sustrae esta dimensión y ni siquiera queda convertida en una de carácter expresivo (al menos si hay fiesta la gente puede que repita). Esto es lo que explica, o al menos ayuda a explicar, la escasa participación de la población en algunos encuentros a la que es convocada. La población si no encuentra ningún aliciente asociado con la convocatoria -como puede ser el salir en televisión, hacer amistades, o adquirir conocimientos sobre el tema en cuestión- y por otra parte, lo hablado queda a título de inventario, dado que, en muchas ocasiones, se carece de presupuestos económicos, de medios y de recursos humanos con los que propiciar los cambios que se han abordado en los debates, es comprensible que se muestre reacia a participar en encuentros.
Para evaluar y reelaborar periódicamente el desarrollo del proceso, conviene que una Comisión se encargue del seguimiento del proceso. En sus inicios la Comisión de Seguimiento la constituirán los representantes de la administración (políticos y técnicos) y del tejido asociativo, así como el equipo mediador.
Para constituir la CS se ha de partir de una conversación inicial, pero, aunque parezca de perogrullo, para conversar se requiere estar predispuesto a conversar, por lo que, obviamente, iniciarán la conversación quienes ya previamente han conversado sobre cuestiones relacionadas con determinadas problemáticas sociales. Para propiciar el aumento del número de conversadores se han de tener las puertas abiertas para la incorporación de nuevos actores sociales. Es más, el proceso participativo se ha de proponer como uno de sus objetivos aumentar el número de conversadores. Para ello, se tiene que procurar dar a conocer el proceso iniciado mediante todo tipo de iniciativas: programas de radio, televisión, actos públicos, actividades lúdicas-festivas, etc., para que de este modo, tanto la población en general como el tejido asociativo que no tuviera conocimiento del proceso iniciado pueda incorporarse al mismo, en la CS o en otras comisiones de trabajo que el proceso proporcione, o, si desea tener una participación más intensa, como integrantes de los grupos de apoyo al equipo mediador. Se ha de diseñar un plan para dar a conocer al conjunto de la ciudadanía el proceso iniciado, con el objetivo de despertar el interés de la población por participar en el proceso2, al tiempo que se crea un clima favorable con el que consolidar los compromisos adquiridos3.
Estas reuniones han de servir para concretar el diseño del proceso. Para la realización del diseño es aconsejable solicitar la participación de expertos externos. Un procedimiento ideal sería una triangulación constante entre expertos convivenciales (los vecinos que forman parte de los grupos constituidos), expertos metodológicos (equipo mediador) y expertos temáticos (profesionales que tienen un amplio conocimientos sobre determinadas áreas).

Conversaciones en las redes
Todos presumimos de conocer la realidad, sin embargo, no sólo no conocemos otros mundos que comparten el mismo espacio en el que habitamos, sino que tampoco conocemos las ramificaciones de los mundos con el que nos relacionamos. Por ello, se ha de poner los medios para conocer las redes sociales y las posiciones discursivas que se estructuran en torno a una determinada problemática social.
El análisis de redes nos va a permitir, por una parte, recoger las necesidades y deseos grupales; por otra, dar cuenta de los nexos y vínculos que mantienen entre sí las instituciones, el tejido social formal y la población. Para conocer tanto las redes sociales de la localidad como para conocer las diferentes posiciones discursivas en torno a la problemática social, se ha de proceder a recoger los discursos que tienen lugar en la localidad objeto de estudio. Para facilitar esta tarea es conveniente confeccionar previamente un sociograma en el que se visualice las relaciones sociales que estructuran el tejido social de la localidad. Si bien, como advierte Pedro Martín, se deberá tener especial cuidado para no quedarse "enredado en una sola red" (MARTÍN, 1999: 138). Es decir, se ha de tener cuidado para que los pre-supuestos o contactos iniciales no polaricen o nublen otros espacios sociales presentes en la localidad.
Dialógica informativa
En esta fase, en los Encuentros de creatividad social, talleres, asambleas parciales, sectoriales y generales, que al efecto se habiliten, se ha de fomentar la dialogización necesaria para que el conocimiento florezca fruto de la pugna que mantengan las ideologías de unos por convertirse en la lógica de todos. Estos Encuentros, en donde se procederá a debatir y a reflexionar sobre el contenido de las diferentes posiciones que se estructuran en torno a la problemática objeto, servirán para que las nuevas redes que se han ido propiciando inicien su consolidación a tenor de las inquietudes y necesidades comunes que vayan emergiendo. Siendo en la concreción de las soluciones a los problemas enunciados cuando éstas (las redes) a su vez se concretarán.
En estos Encuentros se han de intercambiar continuamente los papeles. Lo observado por el equipo mediador ha de convertirse en materia prima para ser observado, y, a su vez, la observación de los procedimientos empleados en la observación de lo observado ha de utilizarse para formular nuevas propuestas. De esta manera se favorece el que todos pueden inferir sentido (construir realidades) a la energía (propuestas) que cada cual emite.
Asimismo, como se ha dicho antes, la dialógica informativa ha de propiciar la reflexión, pues, conviene tener presente que no es suficiente con la conversación sin más para que surjan propuestas diferentes a las que, sin que haya habido un proceso participativo, se presentan habitualmente. Los vecinos de un municipio no están exentos (más bien todo lo contrario) de la influencia de la doxa dominante. Sirva como ejemplo de esta advertencia la remodelación urbanística que en los años ochenta se llevó a cabo en la periferia del municipio de Madrid. Este proceso urbanístico puede ser considerado, en cuanto a la participación ciudadana en el diseño de los barrios, un hecho sin parangón en Europa (VILLASANTE et. al: 1990), sin embargo, el diseño resultante puede ser calificado, en algunos casos, de árido. Los vecinos que habitaban en chabolas, hartos del barro de sus calles, consideraban la pavimentación y todo lo que oliese a cemento como sinónimo de ciudad, y, por ende, de integración social. No es de extrañar que muchos vecinos, a los que se les ofreció la posibilidad de elegir entre una vivienda unifamiliar o una vivienda en altura, eligieran lo segundo. En aquellos años todavía no había comenzado el boom del chalé adosado, y la vivienda de una planta se asociaba con la vivienda rural, al contrario de la vivienda en altura que se identificaba con la ciudad en la que habitaban las clases medias.
Para favorecer la elaboración de propuestas alternativas se ha de procurar mostrar los anclajes ideológicos entre significantes (en donde unos ejercen de significados). Para acometer esta tarea es aconsejable recurrir a la mayéutica socrática consistente en preguntar sobre las respuestas, en responder con una pregunta, en responder con otra respuesta o en responder respondiendo a la respuesta.

Conversación proyectiva
En esta fase se ha de proceder a consensuar propuestas con las que elaborar el Plan de Acción Integral. Para acometer esta tarea no ha de aplicarse ni la deducción, ni la inducción sino la abducción. En la abducción no se va de lo general a lo particular, ni de lo particular a lo general, sino que se agregan discursos con los que proyectar nuevos escenarios posibles. El PAI (Plan de Acción Integral) deberá, al menos, encontrar respuestas a las siguientes preguntas: Cómo se denomina, en qué consiste, en qué áreas actuará, por qué ha de hacerse y ha de hacerse de la forma que se propone hacer, qué actividades y tareas se han de realizar, para qué se quiere realizar, esto es, a qué contribuirá el Plan, qué ha de conseguirse para lograr la finalidad propuesta, dónde se realizará, cuándo se va hacer, cómo se va a proceder, con qué y con cuántos recursos humanos, económicos y materiales se dispone para su realización, quién ha de responsabilizarse de su ejecución, qué estructura organizativa y de gestión se requiere, y cómo se va a evaluar.
En este sentido, se ha de decir que la gestión del ámbito público no se ha de dejar únicamente en manos de las administraciones públicas, sean centrales, autonómicas o locales. Para que se gestiones y evalúe de manera participada se debería constituir un órgano integrado por los representantes de las instituciones públicas, por los representantes del tejido asociativo y por los representantes de los equipos de trabajo que pongan en marcha los proyectos.

A MODO DE INACABAMIENTO
Cuando se ponen en marcha procesos de democracia participativa, la ciudadanía cobra su dimensión práxica. Esto es, los ciudadanos que participan en las decisiones que transforman a la ciudad quedan transformados al participar en las decisiones que transforman las ciudad. Dicho de otro modo, no solamente las decisiones que se adopten condicionarán, en mayor o menor medida, la vida de las personas, sino que el propio hecho de participar transforma a quienes participan en el proceso participativo. Siendo, por consiguiente, tan importante los procesos como las decisiones que se adopten. Lo que nos lleva a decir que la democracia es deficiente si no es participativa.
Por último, se ha de decir que este modo de proceder permite que todas las personas tenga poder sin que nadie sea dominado. Y no porque hayan aceptado la propuesta que Rousseau formula en el capítulo I de El Contrato social, según la cual, si todos aceptan que se ha de actuar de acuerdo con el interés general nadie obedece a nadie en particular (ROUSSEAU, 1970), sino porque se ejercen el poder de manera hologramática, esto es, todos y cada uno ejercen el poder sobre el todo que incluye a todos y a cada uno.


BIBLIOGRAFÍA CITADA
EQUIPO EL REPARTO (2002): "Más allá de los presupuestos participativos: El reparto en las cabezas de San Juan" en Metodologías y Presupuestos participativos. Construyendo ciudadanías/3 (VILLASANTE, Tomás R. y GARRIDO, Fco. Javier; Coords.). IEPALA, Madrid.
GARRIDO, Javier (2002): "Planificación participativa para el desarrollo local" en Metodologías y Presupuestos participativos. Construyendo ciudadanías/3 (VILLASANTE, Tomás R. y GARRIDO, Fco. Javier; Coords.). IEPALA, Madrid.
MARTÍN, Pedro (1999): "El sociograma como instrumento que desvela la complejidad" en Empiria. nº 2, 1999, págs 129-151.
RAMOS, Ramón (1996): "Jano y el ornitorrinco: aspectos de la complejidad social" en Complejidad y Teoría Social. CIS, Madrid.
ROUSSEAU, J.J. (1970): El contrato social, Aguilar, Madrid.
VILLASANTE, Tomás R. (1996): "¿Qué democracia?: La democracia participativa realmente existente" en El Viejo Topo (revista), págs.: 26-34, nº 100, octubre 1996.
VILLASANTE, Tomás R., et al. (1989): Retrato de chabolista con piso: Análisis de redes sociales en la remodelación de barrios de Madrid, SGV/IVIMA/Alfoz, Madrid.


Materialismo Histórico y Teoría Crítica | Título Propio de la UCM http://www.ucm.es/info/eurotheo/hismat/materiales
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1    . Esta propuesta no es otra que una particular y suscinta exposición de las metodologías de investigación/planificación social participada que desarrollamos en el Master en Investigación Participativa para el Desarrollo Local de la Universidad Complutense de Madrid.
2    . Ejemplo de buena campaña es la que se ha llevado a cabo en el municipio sevillano de Cabezas de San Juan, de la que se da cuenta en este libro, y la realizada por un equipo coordinado por Luz Piedad OSORIO, del que formaban parte Sabina Di MAURO, Prisila FUELTALA, Aranzazu LOZANO, Carlos MIRANDA, y Felipe VARA de REY, en el curso 2002-03 del Master en Investigación Participativa para el Desarrollo Local, dentro del marco de la Investigación Participada que sobre la infancia desarrollaron en el municipio madrileño de Villalba. Entre otras acciones, crearon un logotipo y un eslogan, emitieron cuñas radiofónicas, realizaron varios programas de radio, insertaron publicidad en la prensa local, escribieron artículos en diversos medios escritos, pusieron cárteles en todos los colegios de la localidad, repartieron dípticos en los espacios de consumo colectivo, entregaron cámaras de fotos a los chavales para que hicieran un reportaje del municipio, se inventaron un juego de rol para propiciar la participación de los menores, realizaron encuentros festivos y de trabajo con los niños y con sus progenitores, etc..

3    . No es la primera vez que los responsables públicos que contratan una investigación/planificación de carácter participada se desentiende de la misma en medio de, o nada más empezar, su realización. Para que esto no suceda, se han programar actividades en donde, al objeto de consolidar los compromisos adquiridos, participen tanto la población como los poderes públicos. Como dice Javier Garrido, no es suficiente "con que se dé a conocer a los medios de comunicación locales la firma de un Convenio o el comienzo de un trabajo. Se trata de crear un ambiente social que facilite y haga ineludible el compromiso de la Administración con el proyecto" (GARRIDO, 2002: 142).

jueves, 15 de junio de 2017

DE LA DEMOCRACIA DELEGADA DISTRIBUTIVA A LAS DEMOCRACIAS PARTICIPATIVAS CONVERSACIONALES (2/3)

LAS ELECCIONES PRODUCEN UN OBJETO QUE COBRA EXISTENCIA AL SER MEDIDO

La estrategia empleada por los "guerristas" tuvo un efecto perverso (un efecto no deseado), pero tampoco las demás estrategias aplicadas en el ámbito electoral garantizan que se consiga lo que se pretende. No son una garantía porque la participación en las elecciones produce un objeto complejo que escapa del control de la inmensa mayoría de los que lo producen. Sólo quien lo controla disfruta de los efectos de la estrategia empleada. Por ejemplo, en el primer caso, en la estrategia del compromiso, quien opta por el centro y controla el objeto electoral, miel sobre hojuelas, pues quien dice que está con unos y con otros no está ni con unos ni con otros, utiliza a unos y a otros para su provecho personal. No experimentarán, sin embargo, la misma satisfacción quienes no puedan controlar el producto del que forman parte.
Se dice que las consultas electorales sirven para medir las opciones que se presentan, pero lo que no se dice es que al medir es como se constituye lo que se pretendía medir, esto es, al medir es como se constituye, materialmente hablando, el objeto-opción electoral. Las opciones, electoralmente hablando, comienzan a existir en el momento en que son medidas. Las consultas electorales crean realidades al tiempo que las miden. Los partidos que concurren a las elecciones comienza a existir, electoralmente hablando, cuando tras el recuento electoral se da a conocer el tamaño respectivo de cada uno de ellos. Electoralmente hablando, se pude decir que un partido es lo que mide, sin que se pueda medir lo que ES, dado que antes de ser medido carece de existencia. Comienza ha existir en el mismo momento en que es medido. Pero, dado que cada cual infiere su propio significado al significante propuesto, el objeto-opción electoral no pertenece a quienes lo constituyen sino a quienes tienen potestad de administrar el objeto surgido de la medición de la opción electoral. De esta manera se crea un objeto que escapa del control de quienes han sido utilizados como materia para su construcción. Siendo, por tanto, los intereses de quienes administran el objeto-opción y no de quienes la constituyen lo que prevalece.

Quien se apodera del objeto construido lo utiliza al servicio de sus intereses como más estima conveniente, coincidan o no con los intereses de quienes producen y constituyen el objeto construido. Este modo de proceder se ve de manera más nítida cuando la mayoría absoluta se alcanza en virtud de acuerdos postelectorales. Para que, tras acuerdos postelectorales, se alcance la mayoría absoluta, es preciso convertir en un único conjunto dos o más conjuntos de diferente naturaleza. Para que ello pueda efectuarse, las características singulares de cada conjunto han de disolverse al servicio del nuevo conjunto construido. Si no fuese así sería imposible sumar dos conjuntos entre sí. Tal y como nos enseñaron en la escuela no es posible sumar peras con manzanas. No es posible porque el resultado de la operación serían manziperas o perimanzanas, elementos que no pertenecen a ninguno de los conjuntos. Sólo cuando convertimos las manzanas y las peras en piezas de frutas con las que hacer, por ejemplo, una macedonia podemos realizar la suma. Dependiendo del uso que pretendamos hacer tendremos uno u otro conjunto, esto es, dotaremos de una u otra naturaleza a los conjuntos constituyentes. Del mismo modo se procede cuando se suman los votos de distintos objetos electorales. Cada objeto electoral se convierte en tantas realidades como se estime conveniente para atender la finalidad que en cada momento pueda presentarse. En consecuencia, no es ya que el fin justifique los medios sino que la finalidad crea los propios medios.
De este modo, las unidades de medida, que en tanto sujetos hablantes, configurar estructuras -es como si los centímetros pudieran hablar entre sí y pudieran posicionarse como afines, contrarios, diferentes o ajenos entre sí- quedan medidas -quedan estructuradas entre sí- de acuerdo con el interés de quien tiene poder para ejercer de kantiano sujeto transcendente. Es decir, queda estructurado el cuerpo de electores como más convenga a sus intereses y no necesariamente como grupalmente tiene lugar. Quien administra los votos agrupados procedentes de distintas opciones, al no tener en cuenta (por desconocimiento o por intención deliberada) ni las motivaciones que han llevado a cada persona a decantarse por una u otra opción ni las estructuras grupales que se articulan o pudieran articularse en torno a las necesidades y demandas sociales, opera con las personas considerándolas en su dimensión de unidades de medida, esto es, sin preguntar si están a favor o en contra de quedar agrupados en la opción resultante de los acuerdos postelectorales. Algo que, en tanto que unidades de medida, resulta comprensible, pues nadie pregunta a los centímetros cada vez que se procede a agregar dos o más mediciones efectuadas con anterioridad, pero que sí resulta censurable en tanto que seres humanos que eligen entre varias opciones, ya que puede ocurrir (de hecho ocurre, véanse los acuerdos postelectorales en distintas consultas electorales) que se pervierta la voluntad de quienes votaron a una opción determinada.
Sirva para la reflexión las siguientes preguntas: ¿todos los que en las últimas elecciones autonómicas (mayo de 2003) han votado en la Comunidad de Madrid a Izquierda Unidad están de acuerdo en que sus votos se junten con los obtenidos por el PSOE? ¿También quienes hace unos años no estaban de acuerdo en establecer pacto alguno con este partido, ya que lo identificaban con la corrupción y los crímenes de Estado?



DE LA ELECCIÓN DE RESPUESTAS A LA FORMULACIÓN DE PREGUNTAS Y RESPUESTAS

¿Dado que las grupalidades no se corresponden con las agrupaciones, se debería, entonces, habilitar dispositivos para que fuesen los grupos y no los individuos quienes participasen en las consultas electorales?
Siendo coherente con lo expuesto hasta ahora, habría que contestar afirmativamente.
El problema surge en el momento de convocar a los grupos, pues previamente habría que identificarlos.
Cada vez que hay elecciones cada persona mayor de edad recibe una notificación en donde se le anuncia dónde puede votar, pero a qué dirección se ha de dirigir la notificación para que los grupos acudan a depositar su voto en su correspondiente urna electoral. Distintas organizaciones se sentirán legitimadas para que la notificación se dirija a su domicilio postal. Los sindicatos considerarán que en su domicilio postal es donde se ha recibir la notificación para que acuda a las urnas el grupos constituido por los trabajadores; las organizaciones feministas dirán que a su domicilio ha de llegar la notificación del grupo que integra a las mujeres; las organizaciones juveniles, ídem de ídem; las organizaciones de pensionistas, ídem de ídem; las de inmigrantes, ídem de ídem. Y aquí no acabaría, habría quien reclamaría que se le enviara la notificación correspondiente en tanto organización que aglutina al grupo de vecinos del barrio, o de consumidores o de defensa del medio ambiente de la localidad, o de ....
Obviamente, optar por esta vía presenta algunas objeciones. Entre otras, y sin exhaustivos, cabrían las siguientes:
a) No todas las personas pertenece a alguna organización.
b) No todas las personas pertenecen a una sola organización.
c) Hay miembros de grupos que rechazan ser representados por las organizaciones que dicen ser sus representantes (léase, sindicatos, organizaciones feministas, de vecinos, etc.).
d) Diferentes organizaciones se atribuyen la representación de un supuesto mismo grupo.
e) Una persona no es la misma en todo tiempo y lugar -recuérdese a Heráclito cuando decía que no nos bañaremos dos veces en el agua del mismo río-, por lo tanto, los grupos no son inmutables, dependiendo de lo que esté en juego se articularán unas u otras relaciones grupales.
En definitiva, no pertenecemos tanto a grupos como a distintas redes sociales. Es en las redes sociales en donde cada persona fragua sus necesidades y prioriza sus intereses. Redes en las que quedan incluidas las propias organizaciones y grupos sociales, estén o no formalmente constituidos.

Parece que la cosa se complica. Lo que ganamos en claridad conceptual parece que lo vamos a perder en operatividad, pues si difícil era convocar a los grupos, más difícil, en principio, resultará convocar a las redes.
Si consideramos la redes como entidades dotadas de naturaleza propia, resultará no difícil sino prácticamente imposible operar con ellas, pero si tenemos en cuenta que las redes no son canales fijos donde, cual góndola, circulan los seres humanos y sus mensajes, sino que las redes la conforman seres humanos que quedan conformados (identificados) en la redes que se modifican según lo que esté en juego, no resulta tan imposible contactar con ellas. Si bien, no se puede pasar por alto la complejidad del asunto: para dar cuenta de las redes tenemos que convocar a los seres humanos que la integran, pero para saber quienes integran unas u otras redes hemos de conocer la composición de las redes sociales. Afrontar una realidad compleja requiere una estrategia compleja. Abordar este bucle requiere aplicar otro de un nivel superior. Superar el bucle del conocer que nos remite al conocer requiere construir lo que queremos conocer. Planteamiento que nos exige no tanto conocer redes como propiciar la puesta en escena de todas las redes posibles [no todas las posibles redes1] con las que aprender a aprender las necesidades sociales. De este modo, la articulación de las redes concretas de la localidad concreta nos da cuenta tanto de las necesidades concretas como de las propuestas concretas con las que atenderlas, pues, el que se diga que se ha de propiciar la puesta en escena de las redes posibles, no significa que las redes estuviesen esperando en el camerino de la vida para representar su papel en el teatro del mundo, sino que adquieren su existencia en el devenir conversacional.
Este modo de proceder supone un salto cualitativo respecto a la democracia delegada. Este modo de proceder auna lo individual y lo grupal porque se participa como miembro de una red que construye redes, o dicho de otro modo, se participa individualmente para defender intereses grupales. Haciendo que prevalezca quienes se representan la realidad sobre los representantes, subordinando la elección a la distinción (a la capacidad de decidir), esto es, subordinando la posibilidad de contestar a la capacidad para generar preguntas y formular propuestas. La democracia, así entendida, no se limita en permitir, cada cierto tiempo, la elección de quienes se presentan a las elecciones de turno, sino que propicia la enunciación de problemas sociales y el modo de resolverlos. Como dice el Equipo del Reparto, en relación a los presupuesto participativos llevados a cabo en Cabezas de San Juan (Sevilla), el trabajo desarrollado "era una excusa para propiciar un proceso de transformación social [...] El Reparto, por si no había quedado claro todavía, va de eso: reparto no de dinero, sino de poder, de poder hacer" (EQUIPO el REPARTO, 2002: 197 y 230).
¿Por qué se dice que prevalece quienes se representan sobre los representantes?.
En otro momento se ha dicho que en la democracia delegada cada elector infiere su particular (e intransferible) sentido a un mismo supuesto significante, construyéndose un objeto-opción-electoral que escapa del control de quienes lo constituyen, siendo los representantes quienes se apoderan del mismo, dotándole del significado que en cada momento más le convenga. En la democracia participativa conversacional también cada persona se representa la realidad de manera particular e intransferible, pero en vez de adherirse a un significante cada uno tiene la oportunidad de conocer cómo cada cual se representa la realidad, siendo en la negociación-conversación como se construye un objeto-opción-propuesta perteneciente a todos y cada uno de los que conforman el todo grupal. Por tanto, los sujetos que se representan la realidad no son sólo quienes construyen el objeto-propuesta sino también quienes se apropian del mismo.
Al descansar el modo de proceder en la conversación, tiene lugar, como en toda conversación que se precie, no únicamente la formulación de repuestas sino también la elaboración de preguntas. Pues, como se sabe, quien construye las preguntas define el marco de las posibles respuestas. Al definir un problema no sólo se enuncian las preguntas sino también las posibles respuestas. Dependiendo, por ejemplo, de cómo se defina la inmigración se habilitarán sus correspondientes repuestas. Recuérdese la frase que Aznar pronunció cuando las autoridades españolas fueron acusadas de haber atado, amordazado y drogado a un grupo de inmigrantes que fueron expulsados de nuestro país: "Teníamos un problema y lo hemos solucionado". Quien define el problema define el marco de las posibles respuestas.
Teniendo en cuenta lo dicho, se ha de afirmar que el simple recurso de la telemática no cambia sustancialmente la participación distributiva propia de la democracia delegada. La telemática puede ser utilizada para desarrollar procesos participativos, pero ha de tenerse en cuenta, por una parte, que el número de usuarios de los recursos informáticos es, hoy por hoy, bastante reducido; y, por otra, que no es suficiente con disponer del soporte comunicacional si lo que se comunica no difiere sustancialmente de aquello que los medios de comunicación -controlados por el capital transnacional- determinan que ha de ser considerado como relevante. La incorporación y distribución de información no es equivalente a la comprensión crítica y a la comprensión activa en el entorno que nos rodea. O dicho de otro modo, no es suficiente con dar la palabra si este derecho no va acompañado de un proceso que favorezca la formulación de otras preguntas por parte de quienes siempre han sido utilizados para que respondan a las preguntas elaboradas por los de siempre. Ello no quiere decir que haya que estar en contra del uso de la informática, muy al contrario [véase el uso que de Intenet hace el subcomandante Marcos], siempre que no se olvide que el uso de la tecnología ha de encontrarse supeditado al modelo de participación por el que se apueste.
En línea con esta apreciación, se ha de decir que la democracia participativa tampoco puede reducirse a la creación de órganos administrativos más o menos puntuales de participación directa. Sin descartar estas medidas, las democracias participativas han de ir más allá, como dice Villasante, "el problema no es tener o no una concejalía de participación o reglamentos de participación, sino de concebir y poner en prácticas procesos de democracia participativa, que es algo muy distinto" (VILLASANTE: 1996: 30). O como dice El Equipo el Reparto: "la misión era que los políticos del municipio comprendieran y asumieran que el Reparto no era sólo la creación de un nuevo organigrama más eficaz para la gestión municipal, sino que hablamos de reparto de poder; o sea, tomar decisiones políticas" (EQUIPO el REPARTO, 2002: 204). En consecuencia, no es suficiente con habilitar dispositivos de elección directa, sean estos vía telemática o de manera presencial. Estos dispositivos han de enmarcarse en procesos participativos conversacionales.

En la democracia delegada unos deciden cómo se ha de proceder y otros son quienes disfrutan o padecen las actuaciones que se desprendan de los planes, programas y proyectos que se implementan, y, asimismo, unos conocen y otros son objeto de conocimiento. Unos extraen información (los técnicos) a otros (la población), y otros son quienes planifican, o dan las directrices que han de seguirse en la elaboración de los planes (los políticos).
Para acabar con el divorcio entre quienes son sujeto de y quienes son objeto de conocimiento, así como entre quienes planifican y actúan y quienes disfrutan o padecen las actuaciones emprendidas, para que, en definitiva, la comunidad en su conjunto tenga tanto capacidad para formular los problemas como pueda proponer las soluciones a los mismos, se ha de propiciar que la ciudadanía, de manera participada, produzca conocimiento, formule propuestas, adopte decisiones, planifique, ejecute acciones, gestione y evalúe lo realizado. Para ello, como se viene diciendo, se ha de propiciar la participación conversacional. Pues conversar es negociar, y viceversa: "Lo que yo digo que tú dices que yo digo es o no es lo que yo digo que tú dices que yo digo". Si bien, es difícil que mediante una simple convocatoria pública comience la conversación sin más. Para que la conversación se produzca se ha de iniciar un proceso de investigación/planificación social participada mediante el cual se llegue a formar un conjunto de acción lo más denso posible, esto es, lo más amplio y que con la mayor intensidad posible aune a los afines con los diferentes e incluso con los ajenos en la formulación de problemas y en la forma de planificar el modo de resolverlos.


1 . Las posibles redes son infinitas. Teóricamente se puede sugerir que las amas casas, pongamos por caso, puedan relacionarse con los altos ejecutivos de las empresas transnacionales, pero aunque puede que alguna ama de casa ejerza también de alta ejecutiva, no es lo habitual. Si bien, las mujeres consideradas amas de casa no son sólo amas de casa, de ahí que si establecemos las redes posibles, propiciaremos que emerjan los conjuntos de acción posibles en relación a una determinada problemática social.